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Joven de Hialeah Kenny Argüello podría ejercitarse con un andador especial

La familia Argüello en su casa de Hialeah. De izq. a der.: Kevin, Christian, Cristina, Humberto y Kenny (centro), con la pequeña Chaylie sentada en sus piernas.
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La familia Argüello en su casa de Hialeah. De izq. a der.: Kevin, Christian, Cristina, Humberto y Kenny (centro), con la pequeña Chaylie sentada en sus piernas. . el Nuevo Herald

Hace dos meses, Cristina Argüello se comunicó con Spinal Cord Living-Assistance Development, Inc, un centro de recursos para personas con impedimentos físicos ubicado en Hialeah, para pedir un andador especial para Kenny, su hijo mayor.

El joven de 20 años, nacido en Nicaragua, y ex alumno del duodécimo grado del Hialeah Senior High School, sufre una parálisis cerebral desde hace dos años.

El costo del aparato oscila entre $5,000 y $7,000, y Cristina no puede pagarlo con su sueldo de empleada de un concesionario de autos. Si se conseguiera, el muchacho podría ejercitar los pies y abandonar la silla de ruedas por unas horas al día.

“Desde la primera cita que tuvimos con los Argüello, tratamos de acumular la mayor cantidad de información posible sobre sus necesidades”, dijo Yenet Pelegrín, trabajadora social que atiende el caso en Spinal Cord Living-Assistance Development. “Cuando supimos lo importante que era para ellos conseguir un andador especial y modificar la entrada de su casa nos dimos a la tarea de ayudarlos. Wish Book es una esperanza para esta familia”.

El salario de Cristina apenas alcanza para mantener a sus cuatro hijos y cubrir los gastos del hogar. Humberto, su esposo, tuvo que abandonar el almacén y el restaurante donde trabajaba para dedicarse por completo a Kenny y a los tres hijos menores, Christian (12), Kevin (10) y Chaylie (siete meses).

“Kenny pesa más de 160 libras. Hay que hacérselo todo y su madre no puede con él. Por eso decidimos que yo me quedara en la casa”, dijo el padre.

La petición de Cristina se produjo cuando el hijo ya podía flexionar las rodillas y apoyar los pies en el piso. Otros avances que se suman a la capacidad de escuchar, responder con movimientos de cabeza y reconocer a los familiares más cercanos.

Kennny recibe terapia física y del habla en el Palmetto Hospital.

“Nunca lo hemos tratado como un enfermo. Lo mantenemos pendiente de todo lo que está pasando. Para distraerlo, le ponemos películas de acción”, señaló la madre. “Y cuando lo llevamos a misa le decimos que pida a Dios por su salud porque él es el único que lo salvará”.

La pareja nicaragüense jamás ha perdido la fe. Pero hace dos años no imaginaban que un suceso inesperado la pondría a prueba.

La noche del 16 de marzo del 2012, cerca de las 9 p.m., Kenny salió de su casa para reunirse con sus amigos. Horas después, el auto en que viajaba el grupo se volcó en un canal del noroeste de Miami.

“Uno de los muchachos nos contó que discutieron con un hombre en el parqueo del Dolphin Mall. Y al darse cuenta de que andaba armado salieron huyendo en el vehículo”, recordó el padre, que aún duda de la versión, ya que su hijo no le comunicó que los estaban persiguiendo cuando lo llamó al celular, 15 minutos antes del accidente.

Kenny fue el primero en ser rescatado del canal por la policía de Sweetwater.

“Cuando llegamos al Kendall Hospital el neurólogo nos dijo que el cerebro de Kenny no funcionaba, y que si sobrevivía, sería una especie de vegetal”, agregó Argüello, que al igual que su esposa, sacó fuerzas de donde no tenía al escuchar el mismo pronóstico en el Miami Children’s Hospital, dos meses después.

“Al principio quise morirme. Pero me dije que mi hijo no se quedará así y que no descansaría hasta verlo valerse por sí mismo para que dependiera lo menos posible de la gente”, evocó Cristina, tras asegurar que el accidente unió mucho más a la familia.

A sugerencia de los especialistas los Argüello trasladaron al hijo a la casa. Y aunque de momento no sabían por dónde empezar, lo primero que hicieron fue entrenarse en primeros auxilios para lidiar con la traqueotomía del joven. Luego adaptaron el baño y las puertas con dinero propio. Sin embargo, no les alcanzó para repararlo todo.

Cristina explicó que el estacionamiento se inunda cuando llueve, y que su esposo tiene que cargar a Kenny para llegar hasta la casa. Después de varias gestiones en la Ciudad, les dijeron que a ellos les corresponde hacer las reparaciones con sus propios recursos.

Por fortuna, los progresos del muchacho impiden que los Argüello pierdan el optimismo.

“Lo de Kenny ha sido un milagro. Ya puede leer. Y cuando lo ponemos a sumar y restar, señala las respuestas correctas con la mirada”, destacó la madre. “El psicólogo dice que como el trauma fue tan grande nuestro hijo bloqueó lo que pasó”.

Cómo ayudar

Este año Wish Book está tratando de ayudar a cientos de familias necesitadas.

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