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Familia de trabajadores agrícolas inmigrantes espera hacer realidad sus sueños de Navidad

Rodeado de sus hijos Leonardo, Bani Luz y Margarita, el guatemalteco Lucas Ajtum recuerda los mejores momentos que vivió junto a su esposa, quien murió en julio cuando perdió el control del auto que manejaba.
Rodeado de sus hijos Leonardo, Bani Luz y Margarita, el guatemalteco Lucas Ajtum recuerda los mejores momentos que vivió junto a su esposa, quien murió en julio cuando perdió el control del auto que manejaba. Miami Herald

Mientras llena su rostro con una sonrisa traviesa, Francisca Ajtum, de 6 años de edad, da un efecto especial a su voz para las festividades en su casa en Florida City.

I want to wish you a Merry Christmas!” canta, mientras interpreta el clásico bilingüe Feliz Navidad en un inglés y un español igualmente fluidos. Sus dotes histriónicas provocan risitas y griticos de sus tres hermanos: su hermana Margarita, de 8 años; su hermano Leonardo, de 7; y su intranquila pequeña hermana Bani Luz, de 4.

Ellos son hijos de trabajadores agrícolas migrantes y, como todos los niños, se entusiasman con las Navidades. Pero la alegría en sus rostros se ve moderada este año. Algo grande falta, y ninguna cantidad de villancicos, decoraciones o regalos puede sustituirlo.

En julio, su madre Verónica murió no lejos de su casa cuando perdió el control del auto que manejaba y se volteó. Ella tenía 30 años – y era un faro para sus cuatro hijos.

“Era tan especial para nosotros”, dijo Margarita, una alumna de tercer grado cuya madurez es un tributo a la guía de su madre. “Nos llevaba a lugares como la feria, lugares lejos”.

“Ella también jugaba fútbol”, dice Leonardo, quien agrega que era una portera muy buena.

“La considero una persona increíble, la mejor que mis hijos pudieron haber tenido jamás”, dice el padre de los niños, Lucas Ajtum, de 29 años, quien es guatemalteco. Sus frases en español se van apagando emocionalmente cuando habla de su desaparecida esposa, de origen mexicano, a quien conoció hace una década cuando recogían vegetales en los campos del sur del Condado Miami-Dade.

Lucas dice que lo que él y los niños extrañan más es la vista de los elegantes pómulos de Verónica, su cocina mexicana y especialmente su cariño – sus abrazos y su afecto. “La recordamos como una mujer luchadora”, agrega, “y eso nos ayuda para que sigamos adelante”.

Pero seguir adelante sin Verónica no ha sido fácil para la familia Ajtum.

La labor de los trabajadores agrícolas migrantes es agotadora, de bajo salario e irregular en el mejor de los casos. Desde que se casaron en el 2006, Lucas y Verónica trabajaron largas horas, desde antes del amanecer hasta después del oscurecer en algunas temporadas, para tener una casa en Everglades Village, una comunidad para trabajadores agrícolas de bajos ingresos donde rentaron un pequeño apartamento de tres dormitorios.

Ahora, sin la presencia de Verónica y de un segundo salario, Lucas lucha para ser madre y padre, pero también para suministrar a sus niños necesidades como ropas, zapatos y útiles escolares.

Para agravar el problema, Lucas quedó lesionado en el accidente que le costó la vida a Verónica. (Ninguno de los niños iba en el vehículo). Apenas se recupera ahora lo suficiente como para trabajar en sus horarios usuales otoño-invierno sembrando y cosechando tomates.

“Muchas de estas familias trabajan de cheque en cheque”, dijo Beatriz Coronado, una coordinadora del área de Florida City para la Asociación Cristiana de Migrantes de Redlands (RCMA, por sus siglas en inglés). RCMA suministra servicios de cuidado y educación a los niños de trabajadores migrantes como los Ajtum en más de los 70 centros a lo largo de la Florida. Fue la primera agencia que llegó a los Ajtum durante el verano pasado.

“Ellos necesitaban enviar el cuerpo de Verónica de regreso a su país”, dice Coronado. “Fue también durante la época en que iba a empezar la escuela y ellos necesitaban ayuda con los uniformes. Es muy difícil”.

Sion embargo, Verónica dejó clara una cosa antes de su muerte: ella quería que Margarita, Leonardo, Francisca y Bani Luz tuvieran nuevas literas y colchones dobles para sustituir a los hechos a mano sin marco en que duermen ahora.

Lucas espera que la comunidad pueda ayudarlo a cumplir esta Navidad el deseo de Verónica – si sólo fuera, dice, por el efecto tranquilizador que tendría en cuatro niños traumatizados, esa sensación inexplicable de que su madre de alguna forma está aún con ellos.

“Es una sorpresa que creo levantaría sus corazones, les daría ánimo” cuando sepan que fue idea de Verónica, dijo Lucas.

Coronado está de acuerdo: “Ellos realmente podrían decir: ‘Está bien, eso es lo que quería mi mamá para nosotros’”.

Verónica deseaba mucho más para sus niños que cuando ella crecía pobre y sucia en Tapachula, México, cerca de Guatemala. Es por eso que, cuando era adolescente, viajó hacia el norte a través de la mortal frontera desértica hacia Estados Unidos. Lucas hizo lo mismo cuando adolescente, dejando atrás su ciudad de Quetzaltenango en la zona maya en Guatemala. (Ajtum es un apellido maya).

Margarita dice que uno de los mejores recuerdos que tienen ella y sus hermanos de Verónica son las canciones que cantaba a menudo de su estado natal mexicano, Chiapas.

Aunque Verónica y Lucas no han sido capaces de legalizar su estatus migratorio antes que ella muriera. Lucas espera presentar su solicitud de legalización como trabajador bajo la orden ejecutiva de Barack Obama de detener las deportaciones de los inmigrantes indocumentados que cumplen las leyes. Sus hijos nacidos en Estados Unidos son ciudadanos de este país.

Y ya ellos tienen ambiciones. Margarita, quien Lucas dice que ha sido la más golpeada por la muerte de su madre, desea ser maestra; Leonardo, policía; y Francisca, pintora.

Por ahora, la mayor aspiración de la pequeña Bani Luz es una casa de muñecas para Navidad. Margarita pidió una computadora; Leonardo un auto de juguete de control remoto; Francisca una muñeca Rapunzel.

“Las cosas son ciertamente más difíciles ahora”, dice Lucas. “Así que acudimos a todos los que Dios pueda traer a nuestro camino con ayuda, ya sea económica, espiritual o verbal”. Afortunadamente, no necesitan ayuda musical. Francisca tiene eso cubierto.

Tim Padgett es editor para las Américas de WLRN.

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