El peligroso señor Mas
La consulta popular de Cataluña el pasado domingo, justificada con subterfugios para burlar la prohibición del Tribunal Constitucional español de celebrar un plebiscito sobre la independencia regional, ha logrado, objetivamente, destacar la tozudez de Artur Mas y sus socios de la Generalitat y, al mismo tiempo, hacer obvio el carácter ilícito de esta movida. Podría decirse que peligrosamente ilícito.
Los portavoces del Partido Popular, adelantándose a los pronunciamientos de la fiscalía, anunciaron que habrá querella, y que Mas y otros funcionarios de su gobierno podrían ser imputados por prevaricación y desacato. Algunos hasta llegaron a decir que la denuncia formal se interpondría este mismo miércoles; anuncio que parece anticipado y que los fiscales se encargaron de desmentir, dando a conocer, al mismo tiempo, que la posible comisión de delitos, de parte de los funcionarios públicos mencionados, es materia de estudio.
Fuentes cercanas al gobierno español han denunciado el desvío de fondos para promover la consulta, así como el uso indebido de instalaciones del Estado (colegios e instituciones) habilitados como centros de votación. Estos cargos, si llegaran a presentarse formalmente, tendrían, sumados al desacato, la suficiente importancia como para poner en peligro la carrera política, y hasta la libertad, de Mas y sus amanuenses, quienes, por su parte, han apelado al populismo en busca de la impunidad.
En cualquier caso, lo que acaba de ocurrir el domingo en Cataluña es una radicalización de la crisis de autoridad que enfrenta ahora mismo a la autonomía regional con el gobierno central y que sólo ha conseguido exacerbar las contradicciones. Para Mas constituía un desafío imprescindible si quería seguir teniendo alguna importancia política entre sus electores. Para el gobierno español, pese a no haber movilizado a la fuerza pública al objeto de cerrar los colegios electorales y arrestar a los infractores, también ha sido un paso hacia el enfrentamiento. La naturaleza y alcance de ese enfrentamiento dependerá de si la agenda promovida por los secesionistas no escala aún más. El gobierno está en la obligación constitucional de responder a ese reto con energía.
¿Respetará este demagogo catalán el marco de la ley o buscará, como ha hecho el pasado domingo, atajos para violarlo? De haber querella, y es casi seguro que la haya, ¿se atendrán todas las partes a la decisión de los tribunales o buscarán los agitadores obtener en la plaza lo que la justicia les niegue? ¿Se limitará esta crisis a las instancias legales a las que se acuda sin que se produzca un estallido de violencia social e incluso un conflicto armado, como ocurre ahora mismo en Ucrania?
El trauma que dejara la Guerra Civil ha sido tan grande y tan aleccionador que la mayoría de los españoles —casi ochenta años después y a cuatro décadas de instaurada la democracia— juzga una contienda de esa clase como un acontecimiento irrepetible. Aunque aquejada de corrupción, la sociedad española cree firmemente en el diálogo civilizado y en el imperio de la ley para dirimir sus diferencias y considera definitivamente desterrada de su realidad el bárbaro expediente de la violencia armada.
En mi opinión, esta confianza es excesiva y darla por sentada es, de suyo, muy peligroso, sobre todo en medio de una crisis económica de tan vastas proporciones y tan continua como la que padece España desde hace varios años, a lo que se agrega la falta de fe ciudadana en la clase política. Ambos ingredientes son combustibles muy volátiles que cualquier regionalismo irresponsable podría hacer estallar.
En el fondo está la cuestión folclórica de la “independencia” de Cataluña, una categoría política que el Condado de Barcelona no disfruta desde que fuera absorbido por el reino de Aragón en la Edad Media. A diferencia de Eslovenia o de las repúblicas balcánicas, que responden a realidades históricas recientes, Cataluña entró a formar parte de España en el nacimiento mismo de la nación. Su “independencia” sólo podría entenderse como una grave ruptura de la misma, o como una irresponsable frivolidad de parte de sus promotores.
©Echerri 2014
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "El peligroso señor Mas."