Agricultores del sur de la Florida temen perder otra cosecha, pero siguen plantando ‘poco a poco’
por Brittany Peterson
Juventino Custodio nunca pensó en ver echarse a perder en los campos su cosecha de espinacas esta primavera. Nadie quería comprarle.
Custodio recogió tanta espinaca como pudo, donó parte a un banco de alimentos y vio el resto echarse a perder en los campos. Y como si eso fuera poco, cuando una empacadora lo llamó en mayo, no tenía nada que vender.
“Duele, es triste”, dijo Custodio.
María Custodio, de 53 años, limpia un campo de espinaca echada a perder en su granja de Homestead, Florida, en una imagen del miércoles 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Pero en el sur de la Florida, algunas variedades de espinaca se siembran durante todo el año, así que Custodio tenía otra oportunidad. Pero, ¿valdría la pena, especialmente si la cadena de suministro se complicaba otra vez?
Custodio y su familia, que lo ayuda a trabajar los cinco acres de terreno arrendado en Homestead, cambiaron y táctica.
“Tenemos que empezar a plantar poco a poco porque todavía no hay nada seguro”, dijo su hija, Verónica. “No sabemos si habrá transporte o si la situación permanecerá igual, tenemos que ir poco a poco”.
Ciro Hernández, de 37 años, limpia de espinaca echada a perder los campos de sus suegros en Homestead, Florida. el miércoles 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Aunque todavía siguen limpiando a mano los campos de la cosecha perdida , casi todos los días plantan. De esta manera pueden vender poco a poco durante la temporada. Este cambio de táctica es plantar y recoger casi constantemente es trabajo duro para el equipo, pero es posible que pueda convertirse en la nueva estrategia en la granja, que tiene que protegerse de los riegos.
Mientras esperaba por la nueva cosecha, Custodio tenía una pequeña parcela de espinaca que había plantado a principio de la temporada, y que ahora está lista para vender, aunque no es nada en comparación con lo que perdieron.
El viernes Custodio finalmente vendió 49 cajas de espinaca a un distribuidor. Antes de la pandemia, el precio por caja era $18. Esta vez le pagaron $12.
Un campo de espinaca en una granja de Homestead, Florida, el miércoles 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se echara a perder en los campos durante la pandemia porque no tenía a quién venderle su producto. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
De izquierda a derecha: María Custodio, de 53 años; Ciro Hernández, de 37; Juventino Custodio, de 53, y Verónica Custodio, de 37, trabajan en su granja de espinaca en Homestead, Florida, el miércoles 27 de mayo de 2020. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Montones de espinaca echada a perder en una granja de Homestead, Florida, el 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Juventino Custodio, de 53 años, se arregla la mascarilla mientras limpia su granja de espinaca en Homestead, Florida, el miércoles 27 de mayo de 2020. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Vista aérea de agricultores trabajando en una granja de espinaca en Homestead, Florida, el 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Verónica Custodio,de 37 años, en la granja de espinaca de su padre en Homestead, Florida, el 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Veronica Custodio, de 37 años, planta semillas de espinaca en la granja de su padre en Homestead, Florida, el 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Un sembrado de espinaca en una granja de Homestead, Florida, el miércoles 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Una plantación de espinaca en una granja de Homestead, Florida, el 27 de mayo de 2020. La granja es de Juventino Custodio, de 53 años, quien se vio obligado a dejar que la cosecha se pudriera en los campos tras las pandemia del coronavirus, que trastocó completamente la cadena de suministro. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com
Juventino Custodio, de 53 años, y su hija Verónica Custodio, de 37, trabajan en su granja de espinaca en Homestead, Florida, el miércoles 27 de mayo de 2020. Los Custodio se vioeron obligados a abandonar una cosecha de espinaca en el campo al comienzo de la pandemia porque nadie estaba interesado en comprarlos su producto. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com