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Octavio de La Grana: El cubano del Heat

Ya es un lugar común decir que: “en todas partes hay un cubano” y el Heat de Miami no es la excepción.

Uno de los entrenadores de este equipo, que lucha por el título de la NBA, es el habanero Octavio de La Grana.

Y es que el quinteto de la Capital del Sol se encuentra muy cerca de coronarse y De La Grana podría convertirse en el primer antillano que forma parte del nuevo campeón de liga.

“Sería un justo premio al trabajo de todos dentro de la organización”, expresó el entrenador. “Yo quiero de todo corazón que el Heat quede campeón. No he hecho ninguna promesa, pero si al cortarme el pelo le diera el título, con gusto lo haría”.

De La Grana nació en Centro Habana en 1961 y seis años después sus padres lo trajeron a Estados Unidos, donde se formó como entrenador.

“Estoy muy orgulloso de ser cubano. Las personas que hemos venido a este país, como mi familia, y hemos tenido la oportunidad de llegar hasta donde hemos llegado, nos sentimos bendecidos”, comentó De La Grana. “Aunque he crecido aquí, estoy muy orgulloso de mis raíces”.

El entrenador forma parte de una generación de cubanos que creció en Miami y que luego con su trabajo le ha devuelto el favor a esta ciudad.

“Mi papá era de Santa Isabel de las Lajas y mi mamá de Artemisa, y yo de La Habana, de la que no me acuerdo mucho porque vine muy chiquito”, dijo De La Grana. “Estudié en Florida Christian, donde primero fui atleta, siendo elegido en 1979 al All-Dade, y luego dirigente durante ocho años, ganando un torneo estatal de básquetbol en 1996”.

El amor por el deporte, y principalmente el básquetbol, ha sido la fuerza que lo ha guiado toda su vida.

“Desde niño practicaba todos los deportes y me destacaba mucho en pelota, pero en séptimo grado descubrí que mi verdadera pasión era el básquetbol y desde entonces no la he dejado”, comentó. “Siempre me gustó que para practicarlo no necesitas de otra persona como en el béisbol, iba solo al parque. Tirar balones al aro era como una terapia”.

Antes de unirse al Heat, De La Grana tuvo 18 años de experiencia como entrenador en jefe en una secundaria.

“Yo estudié Educación Física y lo que sé de básquetbol lo he aprendido a lo largo de la vida, y sigo aprendiendo, más ahora que el juego no es tan esquemático con un centro dominante, ahora la cancha está más abierta”, expresó. “Sin duda, la liga es más espectacular, cualquiera la clava, con jugadores altos tirando desde fuera y eso gusta más al público”.

Dirigiendo en secundaria, De La Grana dio el salto adelante para llegar al Heat de Miami hace seis años.

“Yo llego al equipo gracias a Pat Riley, quien me dio la oportunidad de venir a trabajar aquí”, comentó. “El conocía mi trabajo y me dijo: ‘ven para acá y haz lo que te digamos’, y acepté de inmediato. El Heat consideró que mi aporte podría ser válido, así que soy muy afortunado”.

De La Grana comienza su aventura con el equipo como entrenador encargado del desarrollo de jugadores, además de realizar trabajo como scout avanzado, una especie de evaluador de talento de quienes pudieran integrar el equipo y de los equipos rivales.

“El nombre de mi puesto es el de entrenador de los jóvenes en desarrollo, pero en verdad yo hago lo que me digan, lo mismo con los jóvenes, que con el resto de jugadores”, argumentó. “Además, aconsejo a los otros scouts para que sepan lo que buscamos”.

Antes de cada partido De La Grana es el primero que salta a la cancha para preparar la ronda de tiros de cada jugador.

“Hago de todo, incluso ayudo a [el coach asistente Keith] Askins con los jugadores altos”, dijo. “Trato de especializarme con cada jugador, realizando con ellos distintas rutinas de entrenamiento, porque cada jugador tiene la suya”.

Durante los últimos años ha forjado una relación sólida con Erik Spoelstra, y conoce como nadie de su ética de trabajo, lo estudioso que es y el respeto que todos, desde los estelares hasta los novatos, le tienen al coach principal.

“Nada de lo que se dice sobre él es cierto. Primero por la clase de persona que es, él hace las cosas correctamente, su preparación no la hace nadie y conduce muy bien las prácticas”, comentó. “Aquí todo el mundo lo respeta, todos los jugadores, la organización, los rivales, todos lo respetan”.

El cubanoamericano piensa que la serie, a pesar de estar a punto de mate a favor de Miami, ha sido más pareja de lo que la gente imagina, lo cual es un reflejo del excelente momento que vive la NBA en este país y a nivel mundial.

“Los atletas de hoy son superiores, yo hablo con [el coach asistente Bob] Mc Adoo, quien jugó en la época dorada y coincide, pero los grandes jugadores de antes podían jugar ahora y viceversa”, comentó. “Lo que los grandes jugadores de antes dejaron un legado, que ha sido aumentado por las actuales generaciones’’.

De La Grana, quien confiesa ser un hombre muy familiar, reside en Palmetto Bay con su esposa Angie y sus seis hijos: Derrick, Daniel, Chelsea, Jenny, Annie y Leah.

“Estoy casado hace ya 26 años y tengo seis muchachos, dos varones grandes y cuatro hembras que están bien encaminados”, indicó. “Hace tres años nos llegó una sorpresita llamada Leah que nos llena de alegría por lo que soy muy afortunado”.

Le cuesta trabajo definirse como persona. Su modestia se lo impide.

“Aunque tengo mi carácter, creo que soy una persona muy divertida, que vive todos los días con la pasión y a la que le gustaría ir algún día a Cuba para verla sin Fidel Castro”, dijo.

“Nunca uno debe de olvidarse de los que se sacrificaron por abrirnos el camino, los que te ayudaron a desarrollarte”, expresó. “Hay que agradecer a tus padres, a tu familia, a tus maestros y, como no, a los Estados Unidos por todo lo que nos han dado y por las oportunidades que nos han brindado”.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de junio de 2012, 0:00 a. m. with the headline "Octavio de La Grana: El cubano del Heat."

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