Angélica Delgado: mucha voluntad y un propósito bien claro
Angélica Delgado buscaba otra cosa, pero descubrió la pasión de su vida cuando un día encontró en lo profundo de un closet el uniforme que había usado su padre en los tiempos que solía ser uno de los mejores judokas de Cuba. Aquella vestimenta atrajo poderosamente la atención de la chica y transformó su manera de ver y entender el mundo. Desde ese momento supo lo que quería ser.
Su padre, Miguel Angel, tenía en mente educar al hermano de Angélica en los secretos del judo, pero nunca imaginó que sería la muchacha la heredera de su arte marcial y mucho menos que llegaría a ser una de las mayores esperanzas olímpicas de Estados Unidos.
“Mi papá vino a este país por problemas políticos, pero nunca dejó de amar el judo y su primer interés era enseñar a mi hermanito”, explica Angélica, que se prepara para tomar parte en los Panamericanos de Toronto este mes de julio. “Yo siempre estaba encima de él para que me enseñara y al final no le quedó más remedio que hacerlo. Lo convertí en mi primer maestro. Será porque soy muy persistente en todo lo que me propongo”.
Al menos, Angélica ya logró una de sus primeras metas: convertirse en una de las mejores judocas del mundo y ahora espera subir a lo más alto del podio en Toronto como vía para asegurar su puesto en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
La batalla en Canadá no será fácil, pues en el camino hacia el oro le aguarda la mejor exponente de su división de 115 libras, la brasileña Erica Miranda, pero Angélica estima que esta vez todo será diferente.
“He analizado mis batallas contra ella y sé que puedo ganarle”, argumenta la chica de 24 años. “En el Panamericano pasado perdí en el último minuto del combate por una desconcentración. Esta vez la historia será distinta. Siento que estoy en mi mejor momento, que llego al pico de rendimiento a la hora precisa”.
En la actualidad, Angélica es la segunda mejor del hemisferio y la número 17 del planeta, pero espera llegar a la cita de Brasil entre las 1o mejores gracias a un sistema de competencias y entrenamientos que no conoce descanso.
Se dice fácil, pero en el camino han quedado muchos años de intenso trabajo y dedicación, pues como ella misma recuerda no era una de esas niñas que son vistas como atletas naturales, y siempre sostenía una larga batalla interna para bajar de peso y formar los músculos de su cuerpo.
Como si fuera poco, Angélica vive de avión en avión, de torneo en torneo, compitiendo en una ciudad y despertando en otra. Su pasaporte es un muestrario de cuños de las aduanas del mundo y en lo que va del 2015 ha recorrido buena parte de Sudamérica y Europa, para no mencionar Marruecos.
Cuando está en Miami, maneja 52 millas diarias al centro de alto rendimiento de la Federación Nacional de Judo en Coral Springs o se prepara físicamente en el Laboratorio Deportivo Elite Athletes Performance.
“La gente piensa que la vida de un deportista olímpico en un país desarrollado es suave y no es así”, explica Angélica. “Hay que estar en lo alto para recibir patrocinios, premios en metálico. Hay historias de atletas de este país que para llegar a una olimpiada se han endeudado, pero es que ese sueño de ganar una medalla es muy fuerte”.
Y en el caso de ella esa ilusión late con más fuerza, pues ya estuvo cerca alguna vez de participar en una cita estival, pero la oportunidad no era la mejor. No era su tiempo.
“Estuve en Londres 2012, pero sólo como pareja de entrenamiento y no como parte del equipo olímpico porque no pude clasificar al perder el puesto en los Juegos Panamericanos, que era donde se aseguraba la plaza”, dice con un dejo de tristeza. “Pero eso ya lo superé. Aquella experiencia, y el hecho de haber olfateado el aroma de esos Juegos me hizo más fuerte en el deseo de representar a mi país y darle una medalla”.
En medio de los intensos entrenamientos, Angélica encuentra espacio para llevar una vida llena de responsabilidades y cuando puede adelanta sus estudios de Administración de Hospitales y Psicología en FIU.
Por encima de todo eso, cada día Angélica encuentra la motivación para perfeccionar su arte marcial e impulsar su sueño de grandeza deportiva, en el cual se ve a sí misma subiendo a lo más alto del podio en Río, envuelta en su bandera americana y agradecida de sus raíces cubanas.
“Si logro ganar una medalla olímpica significaría...mira, de pensar en eso nada más se me aguan los ojos, porque es la meta de mi vida”, dice Angélica. “Si llega ese momento trataré de ver los rostros de tantas personas que se ha sacrificado para ayudarme a alcanzar esa gloria, desde aquel momento a los nueve años en que me topé con el viejo uniforme de mi papá y supe que el judo sería el centro de mi existencia”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de julio de 2015, 8:37 p. m. with the headline "Angélica Delgado: mucha voluntad y un propósito bien claro."