Padres-Marlins: los canjes que derribaron las ilusiones de postemporada de Miami
Justo cuando Colin Rea hacía señales al dugout de los Marlins para que lo sacaran del montículo, comenzaba a quedar claro que el canje con los Padres se encaminaba a un fracaso que habría de tener repercusiones en el resto de la temporada.
Después de todo, Rea era la pieza principal de todo el movimiento que involucraba a varios jugadores, porque era el único con opciones para ser enviado a las Menores y el tiempo para ser controlado por Miami sin un incremento sustancial de salario.
Rea duró 3.1 entradas en uniforme de los peces, que no perdieron tiempo en enviarlo de vuelta a San Diego, reestructurando un pacto que ahora mantenía a Andrew Cashner como fuerza principal.
Semanas antes, los Marlins se habían hecho de los servicios de Fernando Rodney en una movida que por ese entonces fue aplaudida como clave para fortalecer la parte final del bullpen y dotar a A.J. Ramos de un acompañante solvente en el cierre de los juegos.
A Miami, sin embargo, no le queda otro remedio hoy que aceptar el fracaso de esos esfuerzos, porque ni Rodney cumplió su papel -primero como setup y luego como taponero-, ni Cashner trajo la solución a los problemas de la rotación.
Todo parece indicar que la "flecha'' de República Dominicana habría lanzado su último dardo en el parque de los Marlins, quienes no piensan recoger una opción para la venidera temporada.
No se explica como Rodney, brillante en los meses con San Diego y con momentos grandes en su ilustre carrera, retrocedió tanto desde que llegara al parque de La Pequeña Habana, al punto que su efectividad creció a 3.95 en los primeros dos meses con su nuevo uniforme, para no hablar ya de un septiembre donde su promedio de carreras limpias fue de 11.57.
Para complicarlo todo, la opción del dominicano fue estructurada bajo incentivos que se arrastran del 2016, de modo que en la nueva contienda Rodney estaría en línea para recibir un pago de $4.5 millones.
Lo más probable es que Miami dispare una cláusula de cierre de contrato valorada en $400,000 y se lance a buscar nuevas opciones internas o en el mercado, aunque la situación del bullpen luce algo mejor que la de los abridores.
Cashner, por su parte, nunca estuvo a gusto por estos lares, especialmente tras saber que debía afeitarse la barba, algo que para él parece tener un sentido más allá de lo estético, y así lo dejó saber en varias oportunidades.
No es que sus primeros meses en San Diego hubieran sido una maravilla, pero el alto mando de los Marlins pensó que un cambio de ambiente le sentaría bien y ayudaría al club en su impulso final rumbo a los playoffs.
Baste decir que en septiembre su efectividad resultó superior a 7.00, lo cual sumado a que Cashner era visto como una renta de mitad de temporada, dejaba a los peces en una situación huérfana respecto al derecho.
No cabe duda de que los acuerdos con los Padres se hicieron bajo la mejor fe posible, pero sus resultados terminaron hundiendo las ilusiones del equipo, como un ejemplo triste de que no todo movimiento termina bien.
Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de octubre de 2016, 1:04 p. m. with the headline "Padres-Marlins: los canjes que derribaron las ilusiones de postemporada de Miami."