Impasible e inmisericorde, Mattingly asiste al fusilamiento de su lanzador en San Luis
Como si fuera el jefe de un pelotón de fusilamiento, Don Mattingly dejó que los Cardenales de San Luis castigaran a mansalva a un Jeff Locke que pedía a gritos con la mirada que lo sacaran del montículo. El manager de los Marlins no tuvo piedad con su lanzador. San Luis tampoco.
Luego de 2.2 entradas, Locke había soportado 11 carreras y 11 imparables, las mismas que le sirvieron de colchón a los Cardenales para conquistar el triunfo 14-6 el lunes en la noche en el inicio de una serie particular.
Se equivocó Mattingly desde todo punto de vista al dejar tanto tiempo a su abridor encima de la lomita. Quizá evitaba utilizar su bullpen, tal vez soñaba con alguna recuperación de Locke, pero su decisión terminó mordiendo, como si fuera una serpiente, la cola de su equipo.
Imaginemos por un momento que Mattingly sustituye a Locke, cuando este había permitido tres, cuatro, cinco carreras. En una jornada donde hasta el inconstante Junichi Tazawa hizo su trabajo, los Marlins lucharon cuanto pudieron por rebajar distancia forjada por los locales.
Hacerle seis anotaciones a Adam Wainwright no es cosa de todos los días, pero al menos en este los peces se las marcaron, reforzando el criterio de que los mejores días del astro de San Luis son cosas del pasado.
Ciertamente el "que hubiera pasado sí'' no vale de nada. La dinámica de los juegos de béisbol suele ser impredecible, pero me gustaría imaginar que Locke hubiera dejado atrás una diferencia manejable y no esa hoy profunda de 11 carreras, casi insalvable.
Locke no ha justificado su presencia en Miami. Su efectividad de 8.16 habla a las claras de las enormes fallas en sus apariciones. Salvo uno dos momentos puntuales -quizá su primera apertura-, va mereciendo la cercanía de un viaje a las Menores, si es que en la granja hubiera algo para traer a cambio.
Mattingly ha sido lento para sacar abridores y más para mover a sus relevistas. El no es culpable del desastre de Brad Ziegler y Tazawa, ni de tros puntos oscuros del bullpen en general, pero le ha faltado anticipación con sus relevistas en muchos casos, ese estar una movida delante de que tanta gala hiciera un legendario manager de San Luis: Tony LaRussa.
Al final quedará de este choque la imagen asustadiza y cansada de Locke, en espera de una grúa demorada, sumamente lenta, mientras Mattingly contemplaba el descuartizamiento de su pitcher. Espectáculo poco digno de ver.
El buque de Miami se hunde de manera rápida. Los signos de mejoría no se advierten por ninguna parte y muy seguramente la Oficina Central se apresta a dar pasos para desarbolar este velero sin rumbo. Si no es ahora, dejen que pase el Juego de las Estrellas.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de julio de 2017, 10:37 p. m. with the headline "Impasible e inmisericorde, Mattingly asiste al fusilamiento de su lanzador en San Luis."