Miami llora a su voz del béisbol, arriba se escucha: ‘Silencio, narra Felo’
Como en miles de casas de Miami, en la mía se veían los Marlins en inglés y se escuchaban en español. Mi padre no iba a permitir que ese idioma extraño le pintara los juegos de béisbol en otra voz que no fuera la de Felo Ramírez. Eso era ley, innegociable. La imagen como si la transmitieran en chino, la voz era otra cosa…
Resulta que mi padre se multiplicaba en otros hogares, en otros radios. Felo había sido el telón de fondo acústico en Cuba y lo continuaba siendo en Miami, de cierta manera ha sido el sonido de la vida de varias generaciones de fanáticos. “Sí me quitas a Felo, me levanto y me voy”, amenazaba. Tranquilo.
Mi viejo no se levantó y se fue cuando Felo sufrió un accidente que sería el principio del fin de su vida, siguió fiel a Yiki Quintana y al recién llegado Raul Striker Jr., pero de cuando en cuando preguntaba, “¿crees que vuelva?”.
Ya sabemos que Felo no va a volver jamás a la cabina de transmisión, pero estamos convencidos de que no se irá nunca. Resulta imposible despedir de la memoria a un inmortal, literalmente un inmortal de Cooperstown y el “están ganando los Marlins” quedará grabado como la música que acompaña a la leyenda, como la narración del hit 3,000 de Roberto Clemente.
“Usted podía reunir en un cuarto a los mejores narradores del planeta y podía identificar a Felo”, expresó su amigo y ex pelotero Octavio “Cookie’’ Rojas. “Su estilo era inconfundible, su humanidad y su carácter afable inigualables. Ya el cielo tiene a su narrador de pelota”.
A sus 94 años ya no era el mismo. Su espíritu arrastraba al cuerpo, el amor por el béisbol le hacía levantarse cada día y cuando uno le decía lo bien que se veía para su edad respondía que “disimulo hasta que se descubra”, que ya su voz no tenía la potencia de antaño, ni la vista esa precisión de águila.
Y qué importaba. La gente le seguía amando con la misma pasión, los radios permanecían en sintonía. Los dolores desaparecían cuando se sentaba frente al micrófono y volvía a ser aquel joven que emocionaba a las multitudes desde el Estadio del Cerro o que las enmudecía con su genio verbal. Silencio, narra Felo…
Quintana, otro grande, generoso y bueno del micrófono, le servía de apoyo en todos los órdenes, le hacía más llevadera la penosa travesía de los viajes y el frío que le calaba los huesos. “Cada vez que me hablan de ir a Minnesota”, solía decir, “ya me estoy congelando sin haber tomado el avión”. La dupla parecía eterna, incombustible.
“No he conocido a nadie que haya amado tanto el béisbol como Felo”, recuerda Quintana. “Podemos hablar mucho de su legado, pero lo cierto es que Felo es insustituible. Así de grande se muestra su leyenda”.
No recuerdo a nadie que me haya dicho algo negativo de Felo, en su estructura humana no existían grietas y nunca pasaba un día en el palco de prensa sin que se acercara con sus ojos pícaros para contar el último chiste que le hicieron a la hora de tomar el café. “Óyeme, tú sabías ese del hombre que entra al cuarto y…”
Siempre hablaba de Bayamo, de cuando comenzó a narrar juegos con un megáfono y de sus primeros días de guajiro en La Habana deslumbrante de los años 40. El resto sería historia: su participación en la Cabalgata Deportiva, sus voz en inolvidables peleas de boxeo, en la lucha libre, en Cuba, en el Caribe, en el mundo. Hablaba de todo menos de él mismo.
Siempre recordaré el primer Clásico Mundial de Béisbol. Cuando Felo narró para Venezuela. Nunca aquilaté hasta ese momento lo que significaba para el resto de los colegas dominicanos, puertorriqueños, venezolanos, nicaragüenses. Nada más apareció y todos querían un pedazo de él, una bola firmada, un autógrafo, una palabra, una sonrisa. Al nivel del enorme Juan Marichal, que estaba a su lado. Entonces comprendí mejor.
Felo quiso narrar en una Cuba diferente a la de hoy, pero no le fue posible. Quizá su leyenda pueda hacerlo. Su partida se lleva la voz, aunque deja el eco sonoro como un cristal de lo bueno que puede haber en el mundo. De modo que será mejor levantarse y aplaudir, y encender la tele sin audio...
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de agosto de 2017, 1:53 p. m. with the headline "Miami llora a su voz del béisbol, arriba se escucha: ‘Silencio, narra Felo’."