Béisbol

Jonrones y talento: estrellas latinas brillan con más fuerza en la Serie Mundial

El venezolano José Altuve de los Astros de Houston conecta un jonrón en la décima entrada contra los Dodgers de los Ángeles, el miércoles en Los Ángeles.
El venezolano José Altuve de los Astros de Houston conecta un jonrón en la décima entrada contra los Dodgers de los Ángeles, el miércoles en Los Ángeles. Getty Images

Ningún pelotero acapara más la atención mediática que Yasiel Puig, ninguno levanta más admiración que José Altuve. Carlos Correa y Yuli Gurriel imponen respeto nada más de pararse en el terreno. Marwin González es la revelación deslumbrante. Los latinos llevan la voz cantante, o al menos la más potente en esta Serie Mundial.

El Clásico de Octubre del 2017 parece una sucursal de las Naciones Unidas, con Kenley Jansen representando a Curazao y el Reino de Holanda, mientras Kenta Maeda y Yu Darvish hacen lo mismo para Japón.

Hasta George Springer exhibe con orgullo sus raíces panameñas y puertorriqueñas, y Yasmani Grandal hace otro tanto para Cuba junto a ese Puig que gracias a su lengua besadora de bates cautiva la imaginación popular, provocando múltiples reacciones.

Si Puig representa la avanzada de los Dodgers y su cuadrangular del martes fue como una reafirmación de la grandeza de su equipo, Altuve –que pegó un enorme vuelacercas antes de que Correa lo imitara en el segundo juego– se ha convertido en la cara de los Astros, de los latinos y posiblemente de las Grandes Ligas.

El venezolano fue clave para que Houston ganara 101 juegos en la temporada regular y su candidatura al premio de Jugador Más Valioso crece con el paso de los días, reforzada por la conquista del galardón Hank Aaron, otorgado al mejor pelotero ofensivo en la Liga Americana.

Altuve lideró las Mayores en promedio de bateo con .346 y el joven circuito –por cuarto año consecutivo– con 204 imparables, además de concluir segundo en anotadas (112), tercero en bases robadas (32), OPS (.957) y porcentaje de embasado (.410).

La dinámica de los Astros funciona o no en base a la actuación de Altuve y Correa, quienes han formado una unión más allá de la cercanía a la segunda base en el infield de Houston, una relación que se extiende a pasar vacaciones juntos y conformar una amistad a prueba de balas.

“Este equipo se lleva muy bien y posee una buena química”, afirmó Altuve antes del inicio de la Serie Mundial. “Pero Carlos y yo tenemos algo extra. No sé si es porque el juega campocorto y yo segunda, o porque somos latinos, pero es una relación muy buena”.

La amistad entre Correa, quien finalizó con el mejor OPS entre todos los torpederos, y Altuve elevó de la nada a un conjunto que en el 2013 perdió 111 encuentros y ahora asiste a su segunda Serie Mundial desde que naciera la organización texana en 1962.

Pero el éxito de Houston tampoco puede explicarse sin la emergencia de González y la llegada de Gurriel, quienes se han convertido en figuras habituales dentro de una alineación que contó con ocho de los mejores bateadores de las Mayores.

Gurriel nació pelotero y en familia de peloteros. Su padre era un ancla de la escuadra nacional cuando el chico contemplaba sus primeros juegos. No siempre el hijo de gato caza ratón, pero en este caso se trata de un jugador capaz de acabar con el safari entero, con armas largas.

Puig vive de los manierismos, de los gestos, son su complemento, su carta de presentación. La última evidencia es esa lengua tan larga y excéntrica como la de los Rolling Stones. Ninguna de estas gracias, sin embargo, funciona si no hay una producción que la respalde. Solo el espaldarazo de los buenos números –batea para más de .400 en la postemporada– hace posible esos lengüetazos.

Por el contrario, Gurriel va por los terrenos de Grande Ligas sin hacer olas mediáticas. Pasea su calma y experiencia con la confianza de siempre. El mismo en Cuba que aquí, igual talento en el Clásico Mundial que en los playoffs. La estabilidad es la base del éxito que siempre le ha acompañado.

Esta Serie Mundial que se traslada a Houston para sus próximos tres desafíos puede pasar como una de las mejores de todos los tiempos. Desde 1970 no se enfrentaban dos clubes ganadores de más de 100 juegos en temporada regular, pero si algo demostró el último encuentro es que la perfección no existe cuando el corazón rebasa los números.

Pero será recordada, además, por las estrellas latinas de primera línea que están escribiendo una historia tremenda y rotunda, que llegaron para quedarse por mucho tiempo en la cima del béisbol.

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