Gurriel, la suspensión de la discordia y mi amigo el Chino
Casi nunca le llamo al Chino, Sergio Luis. De alguna manera ancestral, casi atávica y hasta folclórica, el Chino seguirá siendo el Chino y no ese Sergio Luis distante que ni él mismo responde cuando se le busca por su verdadero nombre. No hay ofensa, menos racismo, sino tradición y norma.
Pero si a Sergio Luis le hubiera llamado chino en un juego de Grandes Ligas, y más en una Serie Mundial, el comisionado Rob Manfred hubiera reaccionado de la misma manera que en el incidente entre Yuli Gurriel y el japonés Yu Darvish. La suspensión no me la quitaba nadie, ni aunque el Chino, mi amigo, levantara la mano para pedir clemencia por mi error de percepciones públicas.
Gurriel tiene tanto de racista como yo de pelotero: cero, nada. Posiblemente, en cualquier votación sea elegido el mejor de los compañeros posibles. ¿Sé equivocó? Sin duda, pero fue una traición más de la tradición que de la convicción. Chinos, jabaos, mulatos, gallegos, el gordo, la flaca, la pecosa, el pesao, el cabezón, este y aquel…en Cuba todos perdemos el nombre en una realidad coloquial que aceptamos como cierta y valedera, pero que aquí reviste otras connotaciones.
El gesto de Gurriel, inocente a todas luces y producto de la alegría ganadora, se produce en un momento en que Manfred contempla el fuego de la casa vecina, la NFL, y los intentos de incendio en la próxima, la NBA, como un bombero listo a apagar la primera llama que asome en su territorio. La cosa no está para juegos ni bromas.
Con un período tan volátil como este en las relaciones raciales del país, una presidencia tan convulsa y un entramado de emociones a punto de aflorar en cualquier momento, el comisionado intenta que el béisbol no sufra los embates del football americano, que ha visto el desplome de sus sacrosantos ratings y la pérdida de millones por esa protestas contra la injusticia racial en medio del himno y la bandera.
Ahora algunos apuntan que cinco juegos de suspensión en el inicio del 2018 son demasiados, indicadores del racismo de las Grandes Ligas y Manfred, cuando es todo lo contrario. Ven, el comisionado tenía las manos atadas por la situación. Quizá, en su conversación privada con Gurriel notó el buen corazón del cubano y hasta pensó en otro tipo de penalidad menos estricta.
Pero no puede aparecer flojo en este caso. No puede darse ese lujo, las circunstancias se lo impiden, y así lo han reconocido los Astros en su declaración de apoyo al comisionado. Al menos, Manfred ha sido justo al no suspenderlo de la Serie Mundial, de no penalizar al equipo, arrancándole a uno de sus mejores bates.
A pesar de su edad, Gurriel todavía es un novato. Probablemente al principio le chocaron algunas cosas y jamás calculó la polvareda mediática que su gesto y su "chinito'' provocaron en la sociedad que le rodea, una muy distinta a la que conoció hasta menos de dos años.
Lo sucedido es parte del aprendizaje, no le sucederá más, y sus palabras no pueden sonar más sinceras en el arrepentimiento. Así que a jugar pelota, para que eso vino y para eso quiero verlo yo mientras escribo esto junto a mi buen amigo el Chino Sergio Luis. O mejor dicho, el Chino a solas.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2017, 7:27 p. m. with the headline "Gurriel, la suspensión de la discordia y mi amigo el Chino."