El Astroball, la mejor manera de fomentar una dinastía en las Grandes Ligas
Bienvenidos al Astroball. Pasen y contemplen de primera mano lo que puede hacer la combinación de la más rancia sabermetría con las agallas y los impulsos de corazón. Puede, entre otras cosas, conquistar una Serie Mundial. Los Astros son la mejor prueba de eso en este 2017 y quién sabe cuándo más.
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Todavía olorosos a champán y tabaco de capa exquisita, estos jugadores de Houston asombran por lo que han logrado en el Clásico de Octubre e intrigan por la promesa de futuro que proyectan en los próximos años. No sería descabellada la mención de la palabra dinastía.
Basta repasar las hojas vitales de algunas de sus principales figuras para observar que el tiempo está del lado de la franquicia: George Springer tiene 28 años de edad, José Altuve 27, Alex Bregman y Carlos Correa 23 los dos. Altuve no será agente libre hasta el 2020, Correa hasta el 2022 y Bregman el 2023.
De manera que, si no ocurre un cataclismo de lesiones, los Astros estarán en la conversación del Clásico de Octubre por un buen tiempo, sin hablar de otros peloteros como Yuli Gurriel y Justin Verlander que rebasan los 33 años y todavía les queda cuerda para un buen rato.
Tan favorable es la situación contractual de Houston que solo dos de sus notables jugadores de esta contienda, Cameron Maybien y el veteranísimo Carlos Beltrán, habrían de probar las turbulentas aguas del mercado. Los Astros se vienen preparando para este momento y los próximos desde hace mucho tiempo.
En esta época de comodines y calendarios incrementados con juegos interligas no resulta fácil repetir títulos consecutivos. Lo lograron los Yankees de 1998 al 2000 y los Azulejos de 1992 y 1993. Si alguien puede continuar por ese camino empedrado de trampas son los Astros que aquí apenas han mostrado parte de su arsenal.
Allá abajo en la granja, empujando la puerta con fuerza para llegar a las Mayores se encuentran los jardineros Kyle Tucker y Derek Fisher, dos peloteros de cinco herramientas y tan buenos reportes -sobre todo el primero- como los de Springer cuando se le veía en los abandonados terrenos de Kissimmee.
En la rotación, que se mantendrá intacta para el 2018, pudiera producirse algún cambio si le dan la posibilidad al joven Forrest Whitley y el bullpen se beneficiaría de la llegada de Francis Martes, uno de los mejores prospectos de Baseball America.
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Por encima de todo, el departamento analítico -nueve expertos en estadísticas y proyecciones matemáticas- habrá de proveer al gerente general Jeff Luhnow con los mejores esquemas para vencer a los otros ejecutivos de las Grandes Ligas, ir un paso por delante de ellos. Las elecciones en el Draft, por ejemplo, han sido fundamentales.
Ningún número, sin embargo, hubiera servido de algo sin el corazón y el empuje de Altuve y Correo, sin la pimienta y la entrega de Springer, el flamante MVP de la Serie Mundial, sin la presencia de un Gurriel y el crecimiento acelerado de Bregman. Esto no es el Moneyball sin emociones ni rasgos de humanidad. Va mucho más lejos.
Así que, equipos de las Mayores, están advertidos. El Astroball llegó para quedarse.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2017, 8:53 a. m. with the headline "El Astroball, la mejor manera de fomentar una dinastía en las Grandes Ligas."