Béisbol

El efecto Trump desmorona un potencial acuerdo entre Cuba y Grandes Ligas

JOSE ABREU durante una clínica ofrecida a niños en La Habana el 16 de diciembre del 2015.
JOSE ABREU durante una clínica ofrecida a niños en La Habana el 16 de diciembre del 2015. AP

Ya nada es igual o todo va camino a igual que antes. Cuando el 17 de diciembre del 2014 Barack Obama y Raul Castro anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba tras décadas de escaramuzas y alejamientos, simplemente le daban rostro público a un hecho que durante meses se había cocinado en la sombra.

Era el momento del optimismo. Las embajada de los Estados Unidos comenzaba a funcionar el 14 de agosto del 2015, el presidente Obama visitaría La Habana el 22 de marzo del 2016 y dos días después los Rays de Tampa Bay vencían a la selección nacional cubana en el Estadio Latinoamericano delante de 55,000 espectadores.

Todo parecía posible. En diciembre del año anterior varias estrellas cubanas de las Mayores habían recibido un permiso especial para retornar a la isla, se verificaban conversaciones entre la Oficina del Comisionado y las autoridades deportivas del país…Hasta los Rolling Stones proclamaron que los tiempos estaban cambiando.

ETAPA DE ENFRIAMIENTO

Pero la euforia de los cambios se enfrió nada más Obama tomar el vuelo que lo alejaba de La Habana y apagarse los ecos de los abuelos del rock inglés. La retórica de las trincheras volvía a sus niveles habituales de estridencia y, de pronto, ser pronorteamericano no era tan bien visto como en los días de la esperanza, a pesar de la buena voluntad del gobierno estadounidense para acordar pactos en varios ámbitos de la vida. Regresaban los viejos miedos.

¿Estaba el béisbol en los planes de transformación? Lo estuvo, aunque a niveles de infancia. Se esbozaron algunas ideas para burlar restricciones de la Oficina del Tesoro, sin concretar avances sustanciales. Mientras el resto de la sociedad parecía avanzar, todo lo relacionado con la pelota iba a un ritmo más lento.

Sin duda, las todavía vigentes leyes del embargo económico dificultaron cualquier negocio deportivo donde se movían millones de dólares, pero el panorama político había abierto las puertas a temas que antes eran impensables, y se pensaba que la profundización del intercambio impactaría al béisbol de manera sustancial.

Nadie se dio cuenta que el tiempo pasó a un ritmo devastador y, de un golpe, el terremoto de la elección de Donald Trump el 9 de noviembre del 2016 se instaló de manera amenazadora contra todo aquello aventurado por Obama y su equipo de gobierno. Cuba había perdido dos preciosos años.

EN DIRECCION CONTRARIA

Por lo visto y hecho, Trump va en dirección contraria. Ciertos acuerdos de cooperación se han archivado, se acaban de anunciar nuevas restricciones en el plano económico, se exigen pasos en una dirección aperturista en lo político y social para volver a la mesa de negociaciones, los misteriosos ataques sónicos han dejado la embajada en La Habana en mínimos, y todo apunta a que un potencial acuerdo con Grandes Ligas no se encuentra en el aire, sino en un lugar peor y oscuro.

Las Grandes Ligas, siempre celosas de no infligir las reglas del juego burocrático, han ido a remolque de las directrices gubernamentales. Si marcaron paso adelantado con Obama, ahora lo recogen bajo Trump en espera de tiempos más favorables. De vuelta a la guerra de trincheras, a las posiciones inmóviles. Cuba no movió ficha y Estados Unidos no esperó por otro movimiento.

A no ser de que se produzca un colosal giro de timón, el panorama no cambiará al menos mientras el nuevo presidente siga en la Casa Blanca. La ventana de oportunidad se ha ido cerrando lentamente y la luz apenas pasa. Ciertos interlocutores de ambos lados que capitaneaban el acercamiento deportivo se han replegado hasta nuevo aviso. Y puede demorar.

Mientras, los peloteros siguen saliendo. No tanto por vía marítima y no tanto los de más edad, pero en las divisiones juveniles las partidas son de espanto. Se habla de decenas de jóvenes de 17, 18 y 19 años en la República Dominicana. Se han ido de manera legal, pasando por naciones que no exigen -si existen, créalo o no- pasaporte a los cubanos, bajo el reflujo de nuevas rutas.

El equipo Sub-16 que asistió al Panamericano de México en el 2015 se encuentra fuera del país casi en su totalidad. Otros del Sub-18 también emprendieron camino. Son los que decidieron no esperar. Los que prefieren ligarse ahora a un club de las Mayores, aunque sea por menos dinero, y dejar que otros resuelvan el diferendo político.

PANORAMA DEL FUTURO

Lo realmente irónico de todo esto es que el nuevo convenio laboral de Grandes Ligas le ha tirado una tabla de salvación a la pelota cubana al elevar los niveles de aceptación -más tiempo de servicio en Series Nacionales y mayor edad para ser agente libre con plenos derechos- de sus futuros clientes de la isla. Sin dejar de mencionar el impacto de la eliminación de la llamada Ley de Pies Secos, Pies Mojados.

Del equipo actual de primera categoría, salvo Alfredo Despaigne, firmado en Japón, y los prometedores Yoelkis Céspedes y Víctor Víctor Mesa, pocos nombres despiertan interés entre los scouts. Los demás, o son demasiados adultos o faltos del material de estrella. Los mejores ya se fueron y el recambio generacional viene con averías.

Sin duda, la tormenta perfecta parece haber llegado. Los viejos jefes siguen con el mando en la plaza en La Habana y el nuevo presidente en Washington ha retomado una idea que se creía superada por el anterior. Retrancas a ambos lados del estrecho de la Florida que mantienen en alerta los restos de la pelota cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2017, 0:09 p. m. with the headline "El efecto Trump desmorona un potencial acuerdo entre Cuba y Grandes Ligas."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA