La fracturada relación entre Jeter y Stanton tendría repercusiones futuras en Miami
Nunca tuvo lugar la conversación. Recuerdan cuando Derek Jeter dijo que no había nada que hablar con Giancarlo Stanton, porque no había nada que informar. La noticia podía ser más tremenda ahora, aunque ya fuera esperada. El slugger pronto vestirá el uniforme de los Yankees porque así lo ha querido él, porque todo se hizo en sus términos.
Gracias a esa cláusula de no traspaso, la única que regaló Jeffrery Loria en su era al frente de los peces, Stanton se encargó de recordarles a los Marlins quién estaba al timón en las negociaciones. ¿Gigantes? No. ¿Cardenales? No. Son los equipos que yo quiera, los que me convengan, pareció decir el slugger.
San Luis ofrecía el pacto que más interesaba a Miami, San Francisco se acercaba bastante al ideal para el cambio, pero Stanton no iba a arrodillarse tan fácilmente por las necesidades de la organización que ahora le mostraba al mundo cuán desesperada estaba por cortar todos los lazos.
Este con Nueva York no es un mal acuerdo tampoco. Los peces reciben al segunda base Starlin Castro , al prospecto de pitcheo Jorge Guzmán y el jugador de cuadro José Devers. Y claro está, el equipo se quita de los libros $265 millones del salario de Stanton, una suma que es la pieza de toque de este movimiento.
Se trata de dinero, únicamente dinero. No solo Miami sale de esos $265 millones, sino que espera en los próximos días enviar a un nuevo destino a Castro, quien ganará $10 millones en el 2018 y $11 millones en el 2019. ¿Qué sentido tendría sustituir a Dee Gordon por alguien con un salario similar?
Podemos hablar ahora de lo bueno o malo que puedan ser estos prospectos, como de los que llegaron por el traspaso de Gordon a los Marineros. No tiene sentido. Llevo demasiado tiempo en esto para saber que más de la mitad de las promesas no pasan de eso, promesas. Lo único real, lo único verdadero es que los Marlins de la próxima temporada no estarán en capacidad de competir, de llevar aficionados a los asientos del parque.
No existe una sola razón de peso para ir a La Pequeña Habana. Lo digo con el dolor del que ama al béisbol y a los peces. El dolor del que escribe en la soledad de un bello parque las más de las veces vacío. Denme una sola razón. ¿Los prospectos? Son ilusiones en el viento. Veremos quién llega y quién no. Pero aquí no se advierte una estrella.
¿Qué vendrá ahora? ¿Quiénes más se van? ¿Cuál es el plan de Jeter y compañía? Las reuniones invernales inician el lunes y esto va siendo más una botadura de salario que un apiñamiento de talento joven. Quizá en dos años veamos la luz esta estrategia acelerada de echar personal. Quizá no. Es un panorama triste y preocupante.
Nueva York, por el contrario, debe estar de fiesta. Stanton al lado de Aaron Judge recuerdan mucho a los Yankees del 1927 cuando Babe Ruth y Lou Gehrig atemorizaban a los lanzadores de las Grandes Ligas. Espectáculo bello este de cuadrangulares a borbotones en el Bronx. A diferencia de Miami, un verdadero paisaje lunar. Desolado.
Si solo Jeter y Stanton hubieran hablado…
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2017, 2:13 p. m. with the headline "La fracturada relación entre Jeter y Stanton tendría repercusiones futuras en Miami."