¿Qué nombre le pondría usted al Marlins Park bajo el nuevo mando de Jeter?
Resulta improbable que los Yankees cedan los derechos para nombrar su parque. Lo mismo puede decirse de los Dodgers, que integran el selecto grupo -cinco nada más- de equipos que no ven la necesidad de cambiar una identificación cercana por la de una empresa poderosa o un conglomerado bancario.
Miami no puede darse ese lujo. Aunque suene bonito ese "Marlins Park'' para denominar el moderno edificio de La Pequeña Habana, ha llegado la hora de colgar otro cartel delante de la casa, uno que al menos deje alguna ganancia para esta atribulada organización.
Derek Jeter, director ejecutivo de los peces, dejó entrever que la cuestión se estaba analizando, pero no puede hacerlo al ritmo de sus predecesores, a quienes la parsimonia en las negociaciones les tomó tanto tiempo que no llegaron a realizarlo nunca, a pesar de que era un objetivo "prioritario''.
Y no es que Jeffrey Loria y David Samson, los jerarcas previos, no hicieran intentos, pero ninguno de ellos dio frutos y el gigante blanco se quedó con su nombre genérico y sus bajísimas asistencias, dos variables que no van de la mano cuando de ingresos se trata.
¿Cuánto vale el nombramiento de un estadio? Varía en dependencia del estadio y el mercado. Citigroup paga $400 millones para nombrar el de los Mets en Nueva York. Los Medias Blancas de Chicago reciben $25.1 millones hasta el 2029 para que su parque se llame Guaranteed Rate Field.
Los Dodgers, por poner un ejemplo, no están apurados por quitar su nombre en la instalación de Chavez Ravine. Un contrato de televisión de $6,000 millones durante 25 años les permite gastar como nadie en nómina salarial y competir temporada tras temporada, para no hablar ya de los más de tres millones anuales de aficionados que pagan entradas.
Miami, con la peor asistencia de la Liga Nacional y el peor contrato de televisión de todas las Mayores, cerca de $20 millones por contienda hasta el 2020, requiere entonces que su Marlins Park cambie a Bustelo Park, Goya Park, Cortadito Park o lo que sea Park para contar con una entrada adicional y potencial de entre $5 o $10 millones anuales que ahora no entran en caja.
Por supuesto que la venta de los derechos para nombrar el parque están entre las directrices del Proyecto Wolverine y muy probablemente ya Jeter esté moviendo sus hilos para encontrar un emporio comercial dispuesto a identificar la plaza de Miami que, digan lo que digan y pase lo que pase, posee sus atractivos.
Desde que se inaugurara en el 2012, el Marlins Park ha permanecido invariable en su nombre, no así en las dimensiones y alturas de sus cercas, pero ha llegado el momento del cambio, al menos uno que sea beneficioso para el club.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de enero de 2018, 0:33 p. m. with the headline "¿Qué nombre le pondría usted al Marlins Park bajo el nuevo mando de Jeter?."