Béisbol

El bochinche venezolano hace presa de la escuadra nacional

Luis Sojo.
Luis Sojo.

Laureano Márquez, el humorista más inteligente que tiene Venezuela, recordó en la antesala de su delicioso libro El Código Bochinche, una frase profética que se supone pronunció hace casi 200 años Francisco de Miranda.

"Bochinche, bochinche. Esta gente no saber hacer sino bochinche'', dijo Miranda, en su último intento por tratar de independizar a Venezuela.

Y esta es precisamente la palabra que se viene a la mente ante todo el batiburrillo mediático en el que está inmerso el equipo venezolano para el Clásico Mundial de Béisbol del 2009.

Dimes y diretes. Acusaciones de robo. Posiciones talibanas. En fin, una danza de encuentros y desencuentros que mantienen al conjunto vinotinto más cerca de una pesadilla que del sueño de lograr una destacada actuación e incluso del título en la segunda edición de este evento.

Hoy día la novena nacional de Venezuela está en estado catatónico. El comité organizador se disolvió y nadie parece capaz de domesticar lo que se ha convertido en una bestia de mil cabezas.

Primero fue la negativa de jugar bajo la tutela de Luis Sojo. Luego "El Grupo de los 14'', un conjunto de 14 jugadores entre los que se sobresalen los nombres de Magglio Ordóñez, Miguel Cabrera, Johan Santana, Carlos Zambrano y Carlos Guillén, pidió más profesionalismo y que rodaran algunas cabezas en el comité organizador.

Esta inmensa avalancha empezó como una pequeña bola de nieve dos años atrás cuando los peloteros se quejaron de la logística y el poco apoyo que recibieron de parte del entonces comité organizador.

Para completar los jugadores han acusado a este grupo organizador de enriquecerse a costa de los peloteros.

De hecho algunos de los grandeligas nos dijeron en el transcurso de esta pasada temporada que se les había negó entradas a sus familiares --o en todo caso no recibieron buenos tickets-- para el Clásico pasado mientras que los miembros del comité hicieron negocios con las mejores entradas que estaban dirigidas a los jugadores.

El principal ingrediente de este desaguisado han sido las posiciones extremas en las que se encuentran algunos actores de esta tragicomedia.

Algunos peloteros no han tenido la posición más moderada, verbigracia Ordóñez.

Los dirigentes tampoco han vivido sus mejores horas y le han dado la razón a hombres como Santana, quien en medio de este maremágnum, criticó con acierto --tal como se ha demostrado con los hechos-- la capacidad organizativa del comité.

Y como los niños no supieron entenderse se debió apelar a los padres maduros, es decir, las Grandes Ligas y la Asociación de Peloteros, que por la evidente incapacidad de consenso que existe en Venezuela, fueron llamados a través del 911 de emergencia para solucionar el incómodo impasse.

¡Y después nos disgusta que nos digan que somos del tercer mundo!

Cuando faltan cinco meses para que empiece esta justa, en Venezuela en lugar de bosquejar las posibles alineaciones y pensar en el real chance que tendría el conjunto vinotinto de lograr el triunfo en el torneo -que vale recordar tendrá una parada acá en Miami-, son las luchas internas y el escándalo los protagonistas que día a día salpican las páginas de los periódicos en Venezuela.

No hay duda. El bochinche del que hablaba Miranda todavía continúa.



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