Béisbol

A pesar de los pesares, Derek Jeter siempre tuvo razón en un aspecto sobre Miami

DEREK JETER durante un momento con los Marlins.
DEREK JETER durante un momento con los Marlins.

El pronóstico general no sufrirá cambios, pero el específico puede volar en pedazos. Los Marlins terminarán el 2018 con una temporada perdedora, aunque quizá evadan las 100 derrotas que tantos diagramas de proyección -además de expertos y fanáticos- les endilgaron en el invierno feroz de los cambios.

Con una primera mitad de 41-57, los peces van camino de terminar con unas 64 victorias. Tal vez puedan saltar hasta las 70, a juzgar por lo visto en las últimas semanas antes de la pausa estelar, cuando el equipo mostró una notable capacidad de resistencia ante dos clubes líderes de sus respectivas divisiones como Milwaukee y Filadelfia.

Tras un inicio de 5-17 que presagiaba el desastre total, Miami mejoró su balance a 36-40, y en los últimos 29 juegos estuvo de 21-18, a la vez que conquistaba ocho de sus 12 series antes del descanso de mediados de temporada.

Y en medio de estos números se aprecia un crecimiento apenas visible, un deseo de seguir luchando hasta el out final, como bien lo demostró el juego del domingo pasado ante los Filis, cuando el club se vio en un agujero de cinco carreras en contra y poco a poco renació para ganar el encuentro.

Una cosa es ganar a base de talento puro, otra exigir hasta la última gota de esfuerzo para rebasar a un oponente mejor plantado. Muy pocas veces estos chicos han bajado los brazos, concedido una derrota desde bien temprano. Es así como se construye una mentalidad ganadora, guerrera.

Quizá no esté mal encaminado Derek Jeter. Al menos el nuevo director ejecutivo del club prometió que este equipo iba a competir en cada uno de los juegos y los muchachos le han respaldado sus palabras. Competir, claro está, en entrega y en deseos. Competir para llegar a la postemporada es otra cosa, eso vendrá después.

Más allá de las dotes estratégicas mejores o peores del manager Don Mattingly, es innegable que el cuerpo de coaches de Miami ha empezado a tocar los botones correctos sin bajar los niveles de exigencia y, sobre todo, sin permitir que estos chicos sientan lástima por este aprendizaje a la brava.

Entre lesiones de veteranos y los inicios de novatos, los Marlins han vivido una cuota de sinsabores que todavía durarán un tiempo más. Por cada historia inspiradora como la de Brian Anderson hay otra dudosa como la de Lewis Brinson; por cada mirada al futuro en figuras como Pablo López y Sandy Alcántara, quedan anclas al ayer como la disputa legal entre la ciudad y el condado contra Jeffrey Loria y los nuevos dueños.

Pero este equipo ni es aburrido ni cobarde. En las últimas semanas ha valido la pena verlos, aunque el público no los recompense con su presencia en el parque. Estos peloteros merecen algo más de cariño. Disfrútelos ahora que son perfectos desconocidos para que luego pueda hablar de ellos con propiedad.

Todavía ni siquiera se ve la luz al final del túnel. Queda por ver qué decisión tomarían J.T. Realmuto y el equipo, qué sucederá con algunas de esas piezas jóvenes del bullpen actualmente codiciadas por los contendores. El alto mando debe tener mucho cuidado con sus movimientos para no enviar una señal equivocada ahora que los destellos de esperanza -destellos nada más- comienzan a ser visibles rumbo a una segunda mitad que promete ser de todo menos conformista.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de julio de 2018, 0:41 p. m..

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