Béisbol

A este pitcher de Miami llámale tonto o desfasado, pero nunca le digas cobarde

EL LANZADOR  José Ureña es expulsado tras golpear a Ronald Acuña en la primera entrada del choque del miércoles.
EL LANZADOR José Ureña es expulsado tras golpear a Ronald Acuña en la primera entrada del choque del miércoles. Getty Images

El mundo le ha caído encima a José Ureña como una jauría humana. Leyendo las columnas matinales tal parece que se ha convertido en el enemigo público número uno, un mal que debe ser exterminado o en el mejor de los casos alejado del béisbol por un buen tiempo.

Miami Marlins pitcher Jose Ureña talks about getting ejected from Wednesday’s game after hitting Ronald Acuña, Jr. with the game’s first pitch.

Cobarde, así le llaman escritores y peloteros por igual, como si fuera un criminal que cometió su acto con una alevosía despreciable. La reacción de condena ha sido brutal, tan dura como debe haber sentido el pelotazo Ronald Acuña Jr. en ese primer envío del miércoles en la noche.

No voy aquí a negar el hecho, ni siquiera intentaré demostrar la inocencia de Ureña. Lo hecho, hecho está, y aunque no fuera su intención -como él afirma-, lo cierto es que se produjo el impacto en el brazo del súper prospecto y la expulsión del dominicano quien ha vivido una temporada con más oscuros que claros.

Afirma Ureña que su intención era separar del plato al pelotero más caliente desde el 1 de agosto a la fecha. Al número uno en cuadrangulares, extra bases y OPS desde que comenzara este caluroso mes. El lanzador de los Marlins suele lanzar adentro y antes de Acuña Jr. ya había golpeado a 10 hombres.

Nunca hubo orden de pelotazo. Don Mattingly no opera de esta manera. El manager de los peces puede tener otros errores de estrategia, pero nunca formará parte de esos que ordenan la venganza dolorosa desde la seguridad del banco. Si realmente todo partió de una idea maligna, solo salió de la cabeza del lanzador o de otra mente desconocida que plantó ese pensamiento de reacción.

Pero me cuesta creer, incluso, que Ureña lo tenía planeado desde el martes, digamos, o desde que realizó su sesión de bullpen previa al inicio del encuentro. Para nada ayuda que Acuña Jr. había destrozado a Miami con sus cuadrangulares, tres de ellos en el primer turno de manera consecutiva.

Las pruebas son muchas contra Ureña y su reclamo de inocencia encontrará ecos vacíos en las oficinas de las Grandes Ligas. Siguiendo un patrón de los últimos tiempos fue suspendido seis juegos y multado con una cifra no revelada.



Fuese por iniciativa propia o un simple error de cálculo en su deseo de separar al bateador, Ureña debe ser castigado, pero esos comentarios vitriólicos se pasan de la raya. El dominicano puede ser tonto. Se hizo daño a sí mismo y a su equipo. Se ha buscado enemigos en Atlanta y en el resto del béisbol.

Puede ser pasado de moda -por aquello del béisbol de ojo por ojo y diente por diente-, exponente de una vieja y absurda filosofía de que si me pegó un jonrón, para la próxima le daré un pelotazo. En este béisbol sabermétrico e impoluto esa escuela de pensamiento no tiene cabida.

Mas no le llames nunca cobarde ni taimado. Si crees que él es un cobarde, entonces no le conoces y hablas o escribes por hablar y escribir. Esperemos que Acuña Jr. pueda pronto volver a pegar jonrones y que Ureña vuelva al montículo. Si Grandes Ligas quiere ser más fuerte en la penalidad que lleve su batalla contra el Sindicato de Jugadores. Allí es donde está el problema de verdad.

Marlins manager Don Mattingly reacts to Jose Ureña’s ejection in the first inning after hitting Atlanta Braves left fielder Ronald Acuña Jr.

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