Béisbol

Tras sufrir la tormenta perfecta, lanzador cubano vive su ahora o nunca por llegar a Grandes Ligas

JORGE HERNANDEZ entrena en un gimnasio de Boca Raton en espera de su oportunidad.
JORGE HERNANDEZ entrena en un gimnasio de Boca Raton en espera de su oportunidad.

Jorge Hernández se vio en medio de la tormenta perfecta. El pelotero cubano quedó bajo el fuego cruzado entre sus propios errores y los de otros para contemplar como su ilusión de jugar en Grandes Ligas se iba desdibujando con el paso del tiempo. Ahora se encuentra frente a frente con la que puede ser su última oportunidad.

Compañero de Pito Abreu, Yasiel Puig y Bárbaro Arruebarrena en Cienfuegos, Hernández escapó de Cuba en el 2013 y creyó que en la República Dominicana las puertas se le abrirían para firmar un jugoso contrato de las Mayores, sin pensar que comenzaría entonces su rosario de problemas.

“Cuando uno sale de Cuba piensa que se las sabe todas y está muy equivocado’‘, comentó Hernández, quien todas las mañanas va a un gimnasio en Boca Ratón. “Uno cuestiona los ejercicios, los entrenadores, a veces falta humildad. Pero muchos de los errores vienen también de las personas que te rodean’‘.

Poco a poco, Hernández se fue dando cuenta de algo no funcionaba, sobre todo cuando veía que otros compatriotas suyos, con igual o menor talento, con igual o menor tiempo en Dominicana, accedían a pactos con clubes de las Mayores.

Los entrenamientos se hicieron intermitentes, el compromiso de Hernández también. ¿Cómo era posible que un pitcher con una recta en la media de las 90 millas y varios lanzamientos secundarios no atrajera la atención de los clubes?

“Las personas que me tenían en República Dominicana, los llamados inversionistas, me hicieron crecer demasiado, yo me creí demasiado, me crearon comodidades’‘, comentó el lanzador de Cienfuegos. “Todo eso me hizo daño. Perdí el enfoque en lo que realmente era importante por culpa de gente que poco o nada sabía del negocio del béisbol’‘.

Afortunadamente, en marzo del 2017 llegó un contrato de Liga Menor con Boston, pero allí tampoco Hernández pudo demostrar su valía y una vez más se vio sin norte y perspectivas para jugar al béisbol y mucho menos llegar a la gran carpa.

Fue entonces que Hernández conoció a Luis Molina, un empresario colombiano radicado en el sur de la Florida que logró algo que todavía muchos no han valorado: hacerle una carrera casi de la nada al boxeador cubano Sullivan Barrera y llevarlo a discutir un título del mundo en el traicionero ambiente del boxeo.

“A Hernández le dije lo mismo que cuando conocí a Sullivan’‘, reveló el manager. “Usted me da el ciento por ciento de esfuerzo, y yo le daré algo similar en los míos para ayudarlo. Hasta ahora, Jorge está cumpliendo su palabra. Tiene tres meses para ponerse en forma’‘.

El plan es situar a Hernández en condiciones óptimas y llevarlo a jugar en la pelota invernal para que demuestre lo que es capaz de hacer y así ganarse, al menos, una invitación a un campo de primavera en el 2019.

A sus 27 años, Hernández ya no es un prospecto y sabe que debe trabajar mucho más fuerte que en el pasado para reconquistar el aprecio de los scouts y respaldar la confianza de Molina, quien quisiera repetir con el lanzador de Cienfuegos lo que alcanzó con el guerrero de Guantánamo.

Al menos le está poniendo a sus entrenamientos un extra que nunca antes había conocido, un deseo que ni el mismo imaginaba que existía. Se trata de un ahora o nunca.

“Sé que esta es mi última oportunidad y la voy a aprovechar al máximo’‘, recalcó Hernández. “Estoy entrenando como nunca antes, con atención al detalle, con una excelente alimentación, con métodos que jamás había conocido. Para mí se trata de ahora o nunca’‘.

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