Béisbol

Yankees vs. Marlins, cómo hacer del equipo de casa el equipo del alma. La gran tarea de Derek Jeter

DEREK JETER comparte un momento con los ex Marlins Kurt Abbott (centro), Alex Fernández y Mike Lowell antes del inicio de un juego contra San Diego el 9 de junio del 2018.
DEREK JETER comparte un momento con los ex Marlins Kurt Abbott (centro), Alex Fernández y Mike Lowell antes del inicio de un juego contra San Diego el 9 de junio del 2018. snavarro@miamiherald.com

Los Marlins son el equipo afincado en Miami, pero los Yankees viven aferrados al alma. Basta un repaso por redes sociales para comprobar la cantidad de grupos de fanáticos de Miami afiliados a los bombarderos. Habrá alguno que otro de Boston o Chicago, pero Nueva York arrasa por amplia mayoría.

Eran, en muchos casos, el equipo de nuestros padres y abuelos que nos hablaban de Babe Ruth y Mickey Mantle cuando les estaba prohibido conversar sobre Tany Pérez o Luis Tiant. Eran el equipo de equipo de filmes legendarios como el de la vida de Lou Gehrig, “El Orgullo de los Yankees”.

Gary Cooper, metido de lleno en el personaje, nos recordaba por qué ser un Yankee bastaba para considerarse “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra’‘. Momentos así vuelven mítica a una organización, pero sobre todo los títulos, el revestimiento de triunfos y trofeos.

Más allá de que sean miles los seguidores de Nueva York en Miami a través de las épocas y las geografías, los hechos más recientes echan una suerte de conexión sin sutilezas. Si hablamos de grandeza hay que mencionar a Don Mattingly, el actual manager de los peces, quien fue uno de los mejores de su generación.

Hay que hablar, sobre todo, de Derek Jeter. Que no se olvide en medio de una transición que no ha sido fácil ni cómoda que dentro de un par de temporadas el director ejecutivo de los Marlins colgará su placa en Cooperstown. Grande entre grandes, ejemplo de ser Yankee como pocos, en la misma línea de Ruth, Gehrig, Mantle…

Si Jeter prefirió no viajar a Nueva York para el encuentro de principios de temporada, ahora no habrá manera en que escape al asedio de la prensa, a las preguntas históricas y a las comparaciones entre franquicias. La leyenda viva quiere convertir a Miami en una organización de primera clase y sabe bien en cuál espejo mirarse.

Nueva York no ha sido siempre el imperio de la perfección -en Boston le llaman del Mal- y durante épocas ha contado con su puñado de personajes pintorescos, incluso aborrecibles, pero por encima de todo ha guardado celosamente esa condición de lo que significa ser un Yankee, de comportarse y asumirse como tal.

George Steinbrenner, “The Boss”, tuvo momentos bajísimos como hombre complejo que fue, pero lo salva su deseo genuino de ganar siempre, de ganar a toda costa, de no escatimar centavos ni millones para darles campeonatos a sus aficionados. Jeter afirma querer lo mismo, aunque haya tomado otro camino menos estridente y de mínimos recursos financieros.

Vienen los Yankees y tampoco debemos olvidar que con ellos regresa Giancarlo Stanton, el todavía reinante Jugador Más Valioso de la Liga Nacional. Viene con 299 cuadrangulares en su carrera. ¿Pegará aquí el 300? Este slugger merece respeto, aplausos. El no quería irse hasta que no le quedó otra opción. Un pelotero así no lo tendremos en…quién sabe cuándo.


Vienen los Yankees poderosos, potentes, con su carga de historia y mitos. Muy posiblemente las asistencias mejoren por un par de días en La Pequeña Habana, como si se tratase un concierto de los Beatles, de los Rolling Stones. Los Marlins, por su parte, no parecen un rival de consideración.

Sí, esos mismos Marlins que esperamos algún día puedan parecerse a ellos. Esos Marlins que son el equipo de casa y ojalá también algún no muy lejano el del alma. Esa es la gran tarea para Derek Jeter: que Miami ame tanto a sus peces al punto de que no quede espacio para Nueva York.

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