Béisbol

Un Guerrero Mayor que nunca se olvida de Bocachica, la increíble historia de un jugador de los Marlins

TAYRON GUERRERO se ha convertido en un puntal del bullpen de Miami.
TAYRON GUERRERO se ha convertido en un puntal del bullpen de Miami.

Nadie está disfrutando más el llamado Fin de Semana de los Jugadores que Tayron Guerrero. Mientras otros peloteros seleccionan nombres de cierta comicidad o que recuerdan algo de su pasado, el colombiano decidió hacerle un homenaje a su tierra y a su gente.

Les presento a “El De Bocachica’‘. Con este simple tributo, Guerrero les ha recordado a todos de dónde viene y qué le impulsa a seguir adelante, tras vencer increíbles obstáculos para llegar a las Grandes Ligas y eventualmente a los Marlins.

“Siempre tengo en la mente a la gente de mi pueblo, a todos los que me ayudaron a convertirme en pelotero’‘, expresó Guerrero, quien se ha convertido en uno de los pilares del bullpen de Miami. “He recibido muchas muestras de afecto y reconocimiento, esta es una pequeña muestra de cariño de mi parte’‘.

El segundo Fin de Semana de los Jugadores termina este domingo, pero la iniciativa parece haber llegado para quedarse y los peloteros la han abrazado como una manera de mostrarse de una manera más cercana y personal a los fanáticos.

Cuando le preguntaron qué nombre llevaría en su uniforme durante estos días, Guerrero no lo pensó dos veces, porque Bocachica será un poblado diminuto en la isla de Tierra Bomba, en el Caribe Colombiano, pero ocupará un lugar muy grande en el corazón del relevista.

Guerrero nació allí y no ha olvidado los recorridos a pie por terrenos infestados de serpientes hasta el embarcadero donde tomaba el bote -siendo un adolescente- que lo llevaría a Cartagena para aprovechar las horas del día aprendiendo los rudimentos del béisbol.

“Cuando me llamaron y me dieron que había integrado el equipo de Grandes Ligas, no pude aguantar la emoción’‘, explicó Guerrero, que firmó con San Diego. “Nadie puede amar el béisbol más que yo. Fueron muchas semanas de largas caminatas, de atravesar el mar, de ir y venir sin saber qué podía suceder. Yo solo quería jugar’‘.

Muchas veces, cuando regresaba de noche a Bocachica, Guerrero se ponía a rezar, a conversar con Dios para alejar los miedos de su mente, mientras veía a lo lejos las luces mortecinas de su casa familiar.

Uno y otro día se repetía la historia: cruzar la jungla, navegar, entrenar en Cartagena, tirar pelotas lo más duro posible, como si en ellas lanzara su esperanza. La gente de Bocachica no tenía idea que este chico alto como la rama de un árbol estaba muy cerca de dar una voltereta en vida.

Encantados con su velocidad, los Padres. Guerrero, actualmente de 26 años, ha llegado a marcar 102 millas por hora en el radar, aunque en sus inicios era un lanzador algo descontrolado, sin tener idea de lo que significaba ser un lanzador inteligente.

“Ahora tengo más habilidades para controlar la zona de strike, de trabajar dentro y fuera de la zona, arriba y abajo’‘, explicó Guerrero, quien estuvo excelente contra los Yankees y Giancarlo Stanton. “Son las pequeñas cosas, como mover la pelota. Eso es lo que me está dando resultado’‘.

De modo que aquel joven de Bocachica ya es un pelotero de Grandes Ligas hecho y derecho.

“Nunca olvidaré quién soy y cómo llegué hasta aquí’‘, recalcó Guerrero. “El De Bocachico siempre estará agradecido de su travesía hacia las Mayores’‘.

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