José Fernández, dondequiera que te encuentres, los Marlins…
José Fernández que estás en los cielos. O dondequiera que estés, todavía te seguimos extrañando con una fuerza que asusta. Todavía tu memoria planea por encima de Miami como un recuerdo triste de lo que pudo haber sido y no fue, desde aquel terrible 25 de septiembre en que nos dejaste.
Imagino que desde ese espacio impalpable estás viendo lo que ha pasado con tus Marlins. Desde tu partida las cosas han ido de mal en peor, aunque ahora nos convidan al renacimiento y la paciencia. No nos queda otra cosa, pues, que esperar a ver si este nuevo plan va a alguna parte.
Tu adiós truncó los planes de aquel “núcleo joven’’ y se supo entonces que aquel experimento posible tenía fecha de caducidad, con o sin Jeffrey Loria. Que los Stantons y los Yelichs, que los Gordons y los Ozunas iban a irse sin boleto de regreso. Para no volver.
Loria, ya lo sabes, vendió en parte mayor porque el negocio era demasiado atractivo como para dejarlo pasar y en parte menor porque tu tragedia le quitó el apetito por la propiedad de un equipo de Grandes Ligas. Loria podía negociar duro y gastar poco, pero a ti te tenía un afecto especial. La tormenta perfecta encima del estadio, aunque los cínicos dirán que fue la transacción perfecta.
Sin ti el proyecto no tenía sentido. Tú eras el que lo aglutinaba todo, el motor del mecanismo, sin quitarle su mérito a los otros. La gente iba a verte, a disfrutarte en tu cubanía criolla, pasada por el filtro de este país, puente humano de culturas. Un abridor de tus características se encuentra una vez por década. Eso precisamente es lo que ha retrocedido Miami como franquicia: unos 10 años.
Por tus idos compañeros llegaron varios prospectos. Todavía no sabemos qué esperar de ellos, pero sí te puedo asegurar que ninguno es como tú, ninguno se acerca a tu talento y tu carisma. Desde que firmaste al final de preuniversitario, los periodistas en Miami escuchábamos de un joven llamado José Fernández allá abajo en Clase A con un arsenal de miedo, y sabíamos de Yelich, y de alguien con un poder de terror que por entonces se llamaba Mike Stanton, luego Giancarlo.
Y te estoy hablando de que sus nombres sonaban dos años antes de que debutaran en Grandes Ligas. Los periodistas, como los scouts supieron primero, estábamos seguros que los íbamos a ver en las Mayores más temprano que tarde. Estaba escrito en las estrellas.
Ahora, silencio y resignación. Nada de lo que vemos en la granja nos deslumbra. No te digo que no haya talento. De haberlo, lo hay. Pero no de ese que encandila e ilusiona, como tuvieron los Bravos a un Ronald Acuña Jr. o los Yankees un Miguel Andújar, o los Nacionales un Juan Soto. Si lo hay de ese calibre, es el secreto mejor guardado del béisbol.
Ojalá me equivoque. Vamos a esperar por este nuevo plan. En algo sí tienen razón Derek Jeter y los nuevos propietarios: Loria hacia todo dando bandazos, sin un objetivo certero que tuviera punto de partida y algún tipo de destino. Ganó una Serie Mundial, mayormente, con el talento que trajeron y formaron otros. Al menos él te trajo a ti. O le tocaste en suerte.
¿Te hubieras ido de Miami al convertirte en agente libre? Quizá sí, y nadie te lo habría reprochado. Stanton afirma que le hablaste de jugar juntos en los Yankees. Déjame decirte que en cualquier destino el cariño y la admiración serían los mismos. Inalterables.
No quiero hablar de temas ajenos al deporte. Ya bastante se ha debatido de tu muerte y las circunstancias, de dolores propios y ajenos, de las tristezas durables que no dejan ganando a nadie, pero sí te contaré que el parque de La Pequeña Habana llora en las noches al inicio de cada juego, que la alegría es esporádica y la gente poca.
Espero que esto cambie. Espero que a las memorias de tus excelentes faenas se una una pasión nueva y que el equipo de prospectos enamore a Miami como tú te robaste su corazón. Espero, finalmente, que desde tus alturas o desde el sitio intocable en que te encuentres cuides a estos Marlins de la misma forma en que mantenías a raya sus rivales. A dos años de tu adiós, créeme, lo necesitan.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2018, 0:02 a. m..