Jugar agresivo está bien, ¿pero quién va a impulsar carreras en Miami?
Tras dejar partir al Jugador Más Valioso del 2017 y muy seguramente al del 2018, uno de los puntos más importantes a evaluar por Derek Jeter y su equipo de dirección tiene que ver inexorablemente con la ofensiva o, para decirlo más claro, alrededor de una pregunta: ¿quién va a impulsar las carreras en este equipo?
Suenan muy bonitas las frases del uso del juego agresivo, de la velocidad en las bases y de todos esos elementos intangibles que, sin duda, ayudan a ganar partidos. Pero ya dando por sentado que este equipo mejorará su porcentaje de embasado, ¿quién o quienes remolcarán a esos hombres?
Miami carece de un slugger puro, de un pelotero capaz de infundir pavor en los lanzadores rivales, dispuestos a lanzarle mal para tratar de dominar a otros, creando ese sentido de protección que se proyecta al resto de la alineación.
Hoy por hoy, los pitchers rivales pueden darse el lujo de ser agresivos con cualquiera –quizá con la excepción atenuada de JT Realmuto- en el line up de Miami, de jugar con las esquinas o eslabonar secuencias complicadas de envíos. Nadie protege a nadie.
En diferentes grados, los cuatro peloteros que se marcharon en el invierno del 2017 –Giancarlo Stanton, Christian Yelich, Marcell Ozuna y Dee Gordon- hacían una diferencia tremenda en el orden ofensivo que nunca se vio respaldada, en serio, con una rotación solvente y un bullpen efectivo.
Entre esos cuatro jugadores remolcaron 333 carreras y sacaron 101 pelotas del parque en la temporada recién concluida, mientras que los Marlins de conjunto impulsaban 554 y sumaban 128 cuadrangulares.
Ni hay que decir que los peces finalizaron últimos en esos departamentos de jonrones y remolcadas. Ultimos, además, en OPS y slugging, 26tos en promedio ofensivo y 25tos en porcentaje de embasado.
Sería espectacular si Lewis Brinson se convirtiera en un jugador de 25 palos de vuelta entera y al menos 85 remolcadas, que Brian Anderson proyectara algo más de poder a su probada habilidad de pegar imparables, que Peter O’Brien lograra en las Mayores lo que alcanzó con sus batazos en la granja. Que alguien que ahora desconocemos se eleve no ya como un Stanton, al menos sea cercano a un Ozuna.
Si en el fútbol hay que hacer goles y en el boxeo tirar golpes para ganar, en el béisbol hay que batear. Embasasrse es una cosa, robar una base algo loable, ¿pero cómo van a llegar a la goma esos jugadores rápidos y agresivos que nos prometen?
Muy bien lo demostró la serie final contra los Mets, cuando Miami apenas pudo hacer una carrera por encuentro. Así no se puede. Jeter y el grupo que le rodea debe encontrar encontrar en lo posible dos o tres bateadores capaces y potentes para alinear junto a Realmuto en el 2019. Claro, si es que nuestro estelar receptor todavía en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2018 a las 7:11 a. m..