Decían que no tenía nervios de acero, pero este ex jugador de los Marlins silencia al Yankee Stadium
Decían que no iba a aguantar. Aseguraban que el Yankee Stadium iba a devorar su mente, que no era el hombre indicado para lanzar el siempre importante tercer juego en una serie de cinco y carecía de nervios de acero. Pero Nathan Eovaldi demostró ser la elección correcta.
Eovaldi se apartó del estruendo del Bronx y lanzó una gran pelota el lunes en la noche para guiar a los Medias Rojas a un triunfo 16-1 sobre los irreconocibles Yankees, que se deshicieron en pedazos frente a los errores de su propio pitcheo.
Irónicamente, este no era su juego. El puesto le correspondía originalmente a Rick Porcello, pero el manager Alex Cora lo utilizó de relevo en el segundo encuentro y no le quedó mejor alternativa que Eovaldi, quien llegó a Boston procedente de los Rays en los trepidantes días de julio.
Muchos olvidaron que Eovaldi estuvo formidable contra su antiguo equipo –Nueva York- en cuatro aperturas al permitirles solo seis carreras, cinco limpias, en 23.1 entradas de actuación.
Tras regresar en la primavera de su segunda cirugía Tommy John, Eovaldi desarrolló un cutter que lo convirtió en un lanzador mucho más efectivo contra los bateadores derechos. Siempre se supo que su recta era formidable, pero el cutter ha sido su arma para morir y matar en el 2018.
Eovaldi estuvo tan dominante –en siete capítulos de cinco hits y una rayita- este lunes como en la contienda regular, al punto que la alineación de los Yankees le conecta de manera combinada para 143/.257/.340. El equipo que impuso récord de cuadrangulares en Grandes Ligas solo le sacó una bola del parque al serpentinero de Boston.
Nada mal para alguien que ha visto su carrera sumida en dudas y de quien un evaluador de talento comentó, delante de este reportero en sus tiempos de Miami, que le faltaban las medidas para brillar a largo plazo.
En contraste, Luis Severino se hundió cuando más falta le hacía a Nueva York, dejando entrever que aún le falta para ser ese Caballo de Hierro de los Grandes Momentos. Puede que llegue, pero todavía el dominicano no está en ese sitio.
Solo tres entradas les bastaron a los Medias Rojas para exponer a un Severino que admitió seis carreras con siete imparables, mientras la ofensiva visitante se encargaba de silenciar a un público hostil, que se fue temprano a casa con un mal sabor de boca y un pésimo recuerdo en la mente.
¿Cuán mal les fue a los Mulos? Tan mal que Austin Romine, el cátcher que muchos querían ver por encima de Gary Sánchez, tuvo que lanzar en la novena entrada. En un juego de temporada regular es una gracia. En uno de playoff una vergüenza.
¿Cuán bien les fue a los patirrojos? Tan bien que Brock Holt completó un ciclo e impulsó cinco carreras. En un juego de temporada regular esto es de aplauso. En uno de playoff una heroicidad.
A ver si este martes los Yankees son los Yankees, porque por esta vez Eovaldi superó a Eovaldi.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de octubre de 2018 a las 11:27 p. m..