Béisbol

Omar Linares y Ty Griffin recuerdan en Tampa los tiempos en que eran los amos de la pelota amateur

OMAR LINARES y Ty Griffin (der.) durante un momento del encuentro de veteranos en Tampa, el 24 de noviembre de 2018.
OMAR LINARES y Ty Griffin (der.) durante un momento del encuentro de veteranos en Tampa, el 24 de noviembre de 2018.

Alguien se levanta de las gradas y grita: “Niño, arriba, pega un jonrón’’, pero el Niño se contenta con un roletazo al campocorto y llegar sin problemas a la inicial. Omar Linares, a sus 51 años, ya no está para sacar pelotas del parque como le dijo a su amigo Ty Griffin, “ya no somos los de antes’’.

Linares y Griffin volvieron a encontrarse en un largo abrazo en el parque del Preuniversitario Católico de Tampa, donde el estadounidense es el coach del equipo de béisbol y padrino no declarado de la comunidad de peloteros cubanos que reside en esa ciudad.

“Para mí es un tremendo honor encontrarme nuevamente con Omar, una verdadera leyenda’’, apuntó Griffin, también de 51 años. “Sostuvimos tremendas batallas en el campo de béisbol, pero siempre nos admiramos de manera mutua. Éramos de los mejores amateurs’’.

Ninguno de los dos, por distintas razones, llegó a Grandes Ligas, pero aquella época de fines de los 80 quedó registrada en la memoria histórica de millones de aficionados cubanos.

Por eso cuando le dijeron a Griffin que Linares estaría de visita en Tampa, le dio calor a la idea de un juego de pelota para recordar aquellos tiempos de topes bilaterales, Panamericanos y Mundiales.

Enseguida se apuntaron los dos cubanos que más han hecho por el reencuentro de generaciones en Tampa: Yobal Dueñas y Ángel López, miembros de una camada tremenda de jugadores en la isla.

En el partido resultó vencedor el equipo integrado por las Estrellas Cubanas que superó 4-3 a una novena local de Tampa.

“Volver a jugar al lado de Omar es algo que representa mucho para mí’’, apuntó Dueñas. “Fuimos compañeros y amigos en Pinar del Río y la selección nacional. Si viene a mi ciudad, lo menos que puedo hacer es recibirlo como se debe’’.

Viendo a Linares y Griffin lado a lado da que pensar sobre lo que pudo haber sido y no fue.

Griffin había sido sensación en un tope bilateral en La Habana al pegar jonrones a ambos lados del plato, se le recordaba por el cuadrangular en los Panamericanos de Indianápolis 1987 en la novena entrada para romper una cadena de éxitos antillanos en esos juegos regionales que se extendía desde 1967.

Cuba ganaría la medalla dorada en esos Panamericanos al vencer a Estados Unidos en la final, apoyada en un Linares que finalizó líder de bateo con .529, además de pegar cinco cuadrangulares y anotar 14 carreras.

Más tarde volverían a verse las caras en el Mundial de Parma 1988 ganado por Cuba gracias al jonrón heroico de Lourdes Gurriel.


En la cita italiana Linares ratificaría su talento con una línea ofensiva de .345/.357/.709,con 15 remolcadas y seis cuadrangulares, mientras Griffin también haría lo suyo con .348/.500/.652, además de 19 anotadas, 13 impulsadas y cuatro vuelacercas.

Linares continuaría su carrera con la selección nacional para seguir ganando Mundiales, Juegos Olímpicos y Copas Intercontinentales, desoyendo las peticiones para que pasara a formar parte del mejor béisbol del mundo, a pesar de que el talento le sobraba.


Griffin finalizaría su trayectoria amateur en la cita estival de Seul 1988 como campeón –la medalla no contaba por ser exhibición- de una escuadra espectacular que integraron, entre otros, Jim Abbott, Tino Martínez, Robin Ventura, Tom Goodwin, Ed Sprague…

El estadounidense nunca pudo llegar a las Mayores tras varias temporadas en la granja de Chicago, el cubano –actualmente coach de bateo de los Dragones de Chunichi- por no aceptar las múltiples ofertas que le tendieron.

“Para mí es algo realmente importante venir aquí y reunirme con tantos amigos que quiero’’, apuntó Linares. “El juego es lo de menos. Lo que vale es las muestras de afecto que me llevo de regreso’’.



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