Raúl Valdés, el fuego de Cuba que no se apaga en la pelota dominicana
No hay momento que le quede grande a Raúl Valdés. El cubano suele superarlos todos, como bien lo demostró el martes por la noche al lanzar una joya de pitcheo que depositó a los Toros del Este en la final de la liga invernal de la República Dominicana.
Una vez más, Valdés vivió a la altura de lo que se esperaba de él para que los Toros derrotaran en un choque decisivo 4-3 a los Leones del Escogido delante de un público hostil en el Estadio Juan Marichal.
Con una soberbia faena de ocho entradas de una carrera limpia y cinco imparables, Valdés mareó con sus lanzamientos inteligentes a un conjunto agresivo como los Leones, que aprovecharon la salida del cubano para fabricar tres en el noveno.
A duras penas –se llenaron las bases-, los Toros pudieron sostener su mínima ventaja para alcanzar una final donde les esperan, en San Pedro de Macorís, unas Estrellas donde sobresalen un cuarteto de compatriotas de Valdés.
El conjunto de las Estrellas se ha beneficiado de la presencia de Yasmany Tomás, Yunesky Maya, Odrisarmer Despaigne y Nestor Cortés, quien debe ser el abridor del próximo jueves en el inicio de la fase decisiva.
Pero lo de Valdés es para celebrar y aplaudir. Llegó algo tarde a todo, pero le ha sacado el mejor partido a lo que la vida le ha brindado, como alcanzar las Mayores a los 32 años y lanzar en una Serie del Caribe a los 40.
La vida le ha tirado varias curvas al lanzador cubano, que abandonó su país en el 2003 y debutó en la gran carpa el 2010 con los Mets de Nueva York. Valdés ha sido un incansable. No se derrumbó ninguna de las cinco veces que fue capturado tratando de escapar de Cuba. Ni cuando le dijeron que no iba a llegar a Grandes Ligas.
Tampoco flaqueó durante las semanas que pasó en prisión por sus intentos de fuga, ni cuando perdió la cuenta de los días en alta mar buscando alcanzar -algo que logró en el sexto intento- la República Dominicana, un lugar que ha llegado a querer como su segunda patria y donde fundó una nueva familia.
De la misma forma, se mente se mantuvo firme cuando vagó de una liga a otra -algunas perdidas en la inmensidad del mapa-, de República Dominicana a Venezuela, de Doble A a Triple A, de Japón a México y donde hubiera un montículo dispuesto a darle trabajo. Su pasaporte no deja espacios para más cuños de aduana.
Desde que comenzara a lanzar con el equipo de la provincia Habana en las Series Nacionales, Váldes ha sido una especie de caballo de batalla. Va donde le pidan y hace lo que haga falta. Detallar su recorrido por las ligas del mundo es como hacer un recuento interminable.
Y ahora, a los 41 años, Valdés sigue prendido en el béisbol, listo para una nueva final en la LIDOM, como una llama que no se apaga.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de enero de 2019, 11:01 p. m..