En un momento crítico para los Marlins, al menos nadie se queja de la ausencia de Realmuto, ¿por qué?
Jorge Alfaro nunca será JT Realmuto y eso puede que sea hasta algo bueno. Con su actuación en esta recta inicial de la primavera el colombiano ha logrado algo que no es menor: hacer de que la escasa afición de Miami apenas se queje de la partida de quien puede considerarse como el mejor receptor del béisbol en estos momentos.
Realmuto ya está haciendo de las suyas en Filadelfia, pero Alfaro se ha ido ganando el respeto de su nuevo club por su ética de trabajo y una actitud que se mueve entre lo refrescante y lo adusto, una especie de “amor duro’’ adaptado al béisbol.
Si de algo sirvió la atroz novena entrada de Chad Wallach el domingo en Atlanta –francamente prefiero a Bryan Holaday- fue para recordarnos la enorme distancia entre el suplente y en el titular. Alfaro, justo con Sandy Alcántara, puede ser el mejor retorno del barraje de canjes que remodeló el rostro de la organización.
Alfaro ha sido todo lo que decían y más. Sus tres cuadrangulares apuntan a que su poder, del cual se tenía una idea en Filadelfia, puede asentarse de manera definitiva a pesar de las dimensiones del Marlins Park. Su línea ofensiva de .280/.333/.640, habla de la capacidad del colombiano con el madero en general.
Pero con Alfaro hay que tomar en cuenta los intangibles, su capaciadad para conducir el pitcheo joven –hablan maravillas de su dirección-, para comandar la atención de otros jugadores y de exigirse a sí mismo mejor que nadie.
Cuando se lesionó en la primavera al tratar de capturar una bola en la zona foul, pareció entonces que su debut en el primer juego de la temporada era algo casi imposible, pero el chico trabajó fuerte y recuperó el tiempo perdido. Le ayuda su físico fuerte, rudo.
Realmuto también era una especie de líder. A su manera. Callado y esquivo, alejado de los reflectores y las entrevistas, siempre escudado en respuestas casi en monosílabos, alejado de la polémica y de alguna forma envuelto en ella con sus pedidos de cambios. Dos veces.
Alfaro se deja querer sin entregarse por completo. Su estilo es natural, su personalidad fluye larga como su melena y su barba. Miami debiera explorar la manera de explotar –en un buen sentido de la palabra- la figura del colombiano, de acercarlo a la comunidad.
¿Imaginan si en vez de Alfaro estuvieran Wallach y Holaday detrás del plato de los Marlins, mientras Realmuto sigue tejiendo su leyenda con los Filis? El varapalo no se lo hubiera quitado nadie a la organización, que ya empieza a ver como la temporada va entrando en el plano cruel de las realidades.
No es casualidad que el pitcheo abridor joven y Alfaro han sido los puntos luminosos de los peces en estos primeros días del 2019. Quizá no alcancen para cambiar el momento del club esta temporada, pero habrán de ser la clave del futuro.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de abril de 2019, 0:08 p. m..