Béisbol

¿Alarido breve o grito profundo? Al menos esta vez llega a los Marlins el mensaje del nuevo coach de bateo

Don Mattingly explica el por qué de los cambios de coaches (INGLÉS)

La decisión estaba tomada antes de la victoria. La noticia, incluso, opacó el ansiado triunfo. Los Marlins despidieron al coach de bateo Mike Pagliarulo y situaron en su lugar a Jeff Livesey, mientras que Eric Duncan es coach de bateo asistente.
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La decisión estaba tomada antes de la victoria. La noticia, incluso, opacó el ansiado triunfo. Los Marlins despidieron al coach de bateo Mike Pagliarulo y situaron en su lugar a Jeff Livesey, mientras que Eric Duncan es coach de bateo asistente.

Y la voz fue escuchada. Cualquiera que haya sido el mensaje del nuevo coach de bateo Jeff Livesey, evidentemente encontró oídos receptores en los jugadores de los Marlins que atacaron con una convicción distinta, sin el equipaje mental que los había plagado.

El despertar ofensivo de Miami se produjo nada más y nada menos que ante el estelar Max Scherzer para conquistar el sábado en la noche una victoria 9-3 y ganar su primera subserie de la temporada contra Washington delante de 9,910 aficionados en La Pequeña Habana.

Los peces utilizaron todas las herramientas a su disposición, desde un cuadrangular de Curtis Granderson hasta un machucón de Rosell Herrera para apoyar al peor de los respaldados, José Ureña, quien se apuntó su primer triunfo del 2019.

Tal vez tenía razón el manager Don Mattingly cuando habló de la necesidad de una voz diferente y un mensaje fresco para sacar del abismo a una de las peores ofensivas de las Mayores.

Poco antes del juego, Livesey comento que no se requería de cambios monumentales, sino de pelear cada turno, cada pitcheo, hacer los ajustes necesarios y romper en pedazos esa nube oscura que pesaba encima de cada uno de los miembros del club.

Miami no va a ganar mucho con vuelacercas como el de Granderson en la quinta, pero sí con jugadas como la de Herrera en la sexta, cuando aprovechó un largo batazo al jardín central que se le complicó a Víctor Robles para anotar desde segunda en la sexta.

Scherzer, ganador de tres premios Cy Young, distó mucho de su mejor versión y, cuando salió del encuentro después de 5.1 entradas de actuación, estrelló su guante contra la pared del dugout en señal de molestia consigo mismo.

Eso fue lo que provocaron 11 imparables y siete carreras que elevaron su efectividad a 4.45 en un hombre que antes de este choque había vencido a los Marlins 12 veces en 19 aperturas y que en sus últimas cinco actuaciones contra los locales exhibía foja de 5-0 y promedio de carreras limpias de 2.38.

Pero Scherzer no ha sido el mismo de los días de gloria y los Nacionales han perdido cuatro de sus cinco salidas en lo que va de temporada, lo que explica por qué Washington juega por debajo de .500. Si su as no se eleva, la van a pasar muy mal en el complejo clima del Este en la Nacional.

Los Marlins, por el contrario, agradecen cualquier victoria por estos días y de la manera que sea. Lucharon a brazo partido contra los capitalinos, que en par de ocasiones lograron empatar marcadores, hasta que el choque se abrió en la sexta entrada, cuando pisaron la goma en tres ocasiones.

Miami conectó 12 indiscutibles, incluidos cuatro extra bases, pero aprovechó dos errores de Washington para hacer daño, mientras sumaba una defensa perfecta para asegurar el triunfo.

Ciertamente, se apreció un cambio de actitud, impulsado quizá por la nueva dirección en el departamento de bateo. Queda por ver, entonces, si se trata de un alarido momentáneo o de un grito con efecto duradero.

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