Un santo vestido y otro a medio vestir. Este es uno de los puntos débiles de los Marlins
Qué difícil es lograr que el motor de Miami funcione con todos sus pistones. Si no es una cosa es otra, pero a lo largo de su historia –con raras excepciones- la ofensiva no ha acompañado al ataque o viceversa. Este ha sido parte del drama de los Marlins.
A pesar de esas 20 derrotas innegables, la rotación de los peces ha dejado un buen sabor de boca y se advierte el talento con un poco o mucho de futuro. Hay una promesa en el aire que se va cumpliendo. No es un fuego falso, sino una realidad palpable.
La rotación del 2019 exhibe un promedio de carreras limpias de 4.28 para ocupar la 17ma plaza entre los 30 equipos de las Grandes Ligas, además de ser la octava en entradas trabajadas con 155.2.
Pablo López, Sandy Alcántara, Trevor Richards, José Ureña y, especialmente, Caleb Smith han mostrado más crecimiento que retroceso. Poseen la arcilla para moldear ganadores, hombres capaces de hacer el trabajo. Hasta aquí va bien el plan de Derek Jeter.
Pero esta promesa va con falso piso. Basta revisar las categorías ofensivas para notar que los Marlins viven en el fondo o merodeando la oscuridad. Son últimos en anotadas (78) y slugging (.335), penúltimos en OPS (.619), 26tos en promedio (.244), 28vos en porcentaje de embasados (.284), y así de mal en peor…
Los abridores de Miami, por muy buenos que sean, lanzan al borde del precipicio. Un envío equivocado y la posibilidad de derrota está tocando la puerta. Con un margen de error mínimo. Dos carreras rivales y ya no habría nada qué hacer para rescatar una potencial victoria.
Vayamos al 2017, por ejemplo, cuando los peces contaban con una alineación –diríamos hoy de lujo- importante y temible: Giancarlo Stanton, Dee Gordon, Christian Yelich, Marcell Ozuna, JT Realmuto. ¿Qué no hubieran logrado esos bates con un pitcheo aceptable?
En cambio, la rotación de esa temporada era la número 26 en las Mayores con una efectividad de 5.12 y terminó en el penúltimo puesto en capítulos laborados con 830.2. En otras palabras, aquellos serpentineros de primera línea no aguantaban mucho.
Salvo las temporadas en que se ganaron los dos títulos mundiales, y alguna que otra, a los Marlins les ha resultado muy difícil llevar todos los departamentos de juego con cierta paridad, y esto no parece que vaya a cambiar, a menos que se hagan cambios de personal.
La profundidad del pitcheo en la granja es evidente. Salvo Ureña, el resto de los abridores actuales son controlables por cinco o seis temporadas más, pero en las Menores vienen ascendiendo figuras como Zac Gallen, Nick Neider o Yordan Yamamoto.
No se puede decir lo mismo de los hombres de posición. Los recién ascendido Isaac Galloway o Jon Berti son parches temporales, no soluciones a largo plazo. Salvo Monte Harrison, Miami no posee un verdadero slugger –al estilo Stanton- entre sus oleadas de futuros peloteros.
¿Quién impulsará las carreras para potenciar a estos jóvenes brazos?
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de abril de 2019, 3:59 p. m..