Béisbol

Luchar contra la adversidad me ayudó a ser mejor maestro y lanzar 100 millas para los niños

Conoció las dos caras de la moneda deportiva, pero ahora posee una divisa poderosa. Maels Rodríguez sonríe cada vez que escucha la palabra “maestro’‘, ahora que ha abierto su academia 100 MPH Club y se corre la voz sobre su capacidad para enseñar a los más chicos.

Después de una carrera fulgurante en Cuba y el dolor de quedar fuera de las Mayores por culpa de lesiones, Rodríguez -el primero de los súper sónicos de la isla- parece haber encontrado una calma justa, un balance sereno y una guía que le cuadra de manera perfecta a sus 39 años de edad.

En el terreno, junto a los niños, el autor del único Juego Perfecto en la pelota de su tierra se cura las nostalgias y procura que ninguno de ellos pase por su vía crucis personal por falta de conocimiento. Y si debe pasarlo, que lo haga con la misma fuerza de ánimo y la convicción de que no es el fin del mundo.

¿Cómo te va de maestro por estos días?

“Estoy dedicado por completo a la enseñanza de las nuevas generaciones. Estamos creando un club donde mostramos lo que aprendimos un poquito en el terreno para que los niños se formen y tengan amor al deporte’‘.

¿Cuál es tu método para educar y enseñar?

“Lo primero es que los niños cuando vayan al terreno se diviertan. Es muy importante que estén motivados, que no vean al deporte con presión, si no que es y seguirá siendo un juego. Así todo les será mucho más fácil en el futuro’‘.

¿No es esta una manera para quitarte la nostalgia por el béisbol?

“Creo que sí. Estuve mucho tiempo separado del terreno y mucha gente hablaba conmigo y me decía que si yo logré cosas importantes, por qué no transmitía lo que sabía. Gracias al apoyo de muchas amistades y la familia, pues di el paso adelante. Hasta ahora todo va bien. Estoy contento’‘.

¿Qué sientes al repasar tu carrera?

“Tuve una etapa muy bonita, donde lo pude dar todo en el terreno, entregarme al máximo. Y otra que no fue la mas emocionante, que fue la de las lesiones. Veía a otros atletas venir y triunfar en el mejor béisbol del mundo y yo no tuve esa oportunidad. Fue algo difícil, pero estamos aquí, con salud y ofreciendo mis conocimientos’‘.

Quisiste volver, tuviste tres cirugías, ¿qué aprendiste de ti mismo?

“Conocí mejor al luchador que tiene uno dentro. Toda esa lucha, esos períodos de operaciones me han servido para construir mejor lo que estoy formando ahora. Tengo la experiencia del atleta, de lo que estudié y de lo que pasé en momentos difíciles’‘.

Digamos que la adversidad te ha hecho mejor maestro.

“Sin duda, eso me permite inculcar a los niños que se cuiden más, hacerles entender a los padres que todo no es un momento, que la carrera es paso a paso. Que hay etapas que deben ser más suaves y otras con más intensidad. Así la carrera será mucho más larga’‘.

Hablas como si esa experiencia todavía te doliera.

“Ya no tanto. Es cierto que en Cuba me hicieron trabajar mucho, pero yo también tengo parte de culpa por ese deseo de juventud de competir siempre, al máximo nivel, sin pensar en el mañana. Siempre estaba dispuesto a trabajar, me lo pidieran o no, a pedir la pelota. Uno también debe pensar en el día después’‘.

Cuando te recuerdan tu records de ponches, el Juego Perfecto, ¿qué sientes?

“Que estuve presente, que viví un momento bonito y aporté un granito de arena en el béisbol cubano, que sigo considerando uno de los mejores del mundo, y como prueban ahí están los nuestros en las Mayores.Estar en los libros, en la historia, dice algo de mi esfuerzo en ese momento’’.

UN NOMBRE IMBORRABLE EN CUBA

Posiblemente ningún jugador haya llegado a Estados Unidos con tantas expectativas como Maels Rodríguez, quien escapó de la isla junto al pinareño Yobal Dueñas en octubre del 2003 con la etiqueta de ser, en su momento, el mejor lanzador del país.

Sin embargo, mientras otros continuaban camino hacia los millones y la gloria de las Mayores, el hombre que todos reconocían como “El Supersónico’’ pasaba varias veces bajo el quirófano para reparar un hombro derecho muy debilitado, quizá por el extremo trabajo en sus años de Series Nacionales con Sancti Spíritus y la selección principal cubana.

La primera cirugía fue en el 2003, pero no dejó muy buenos resultados; la segunda se produjo en el 2008, y la tercera hace en el 2014 a manos de médicos de los Marlins, quienes le estabilizaron los músculos del hombro.

El dolor de lo que pudo ser también aguijoneaba a Rodríguez y la gente que le recordaba sus tiempos de gloria, como cuando en 1999 su nombre iluminó el universo beisbolero al propinar el primer juego perfecto en toda la historia de la pelota amateur cubana.

Poseedor de una velocidad aterradora que superaba en ocasiones las 100 millas, Rodríguez acaparó en Cuba marcas muy difíciles de superar para las futuras generaciones de lanzadores.

Fue el pitcher más joven en arribar a los 1,000 ponches y estableció en el 2001 el récord absoluto de estrucados con 263, para dejar atrás la primacía de 208 del legendario zurdo Santiago “Changa” Mederos, impuesta en 1969.

En 938 entradas de actuación en seis Series Nacionales, retiró por la vía de los strikes a 1,148 bateadores con un extraordinario promedio de 11 por juego. Rodríguez era el Aroldis Chapman de su tiempo, y de hecho era propietario del lanzamiento más rápido en Cuba con 100.5 millas por hora hasta que el zurdo de Cincinnati tiró una recta de 101.2 con el conjunto de Holguín.

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