Béisbol

Viejo maestro cubano ayudó al desarrollo del mejor prospecto internacional de los Marlins

Cuando Robinson Canó supo que Leo Posada estaba en el parque comentó que quería verlo. A la distancia y sin conocerse, el viejo maestro había jugado cierto papel en el desarrollo del pelotero dominicano con sus consejos sobre cómo mejorar el bateo.

Minutos más tarde, Leo Posada sintió fuerte el abrazo de Canó, quien le agradecía todo el conocimiento que le había transmitido mediante su sobrino Jorge Posada, cuando ambos jugaban juntos en los Yankees.

“Fue muy reconfortante saber que no se había olvidado de mí’‘, expresó Leo, quien a sus 84 años sigue enseñando en la caja de bateo al lado de su casa en Miami. “Me pidió el teléfono y me dijo que me iba a llamar bastante para continuar hablando de bateo’‘.

Pero si a Canó lo conoció este sábado, a José Salas lo viene entrenando desde hace mucho tiempo. El chico venezolano, primera elección de los peces en el mercado internacional del 2019, firmó de manera oficial su contrato y vistió el uniforme de los Marlins. Era la razón de su presencia en La Pequeña Habana.

Con un swing rápido y compacto no exento de poder, Salas demostró en una breve práctica de bateo por qué el club de su ídolo Derek Jeter -un torpedero como él- no tuvo reparos en ofrecerle $2.8 millones. Allí estaban los ejecutivos del club, su familia más cercana y, especialmente, Leo Posada.

“Leo es como un segundo padre para mí’‘, apreció el venezolano. “Me enseñó mucho del béisbol y de la vida, desde como agarrar mejor el bate hasta como comportarme como un profesional. El ha sido parte importante de que llegara este día especial para mí’‘.

Nacido en El Vedado y criado en La Víbora, Posada es un sobreviviente de una época dorada de la pelota cubana, aquella invernal que era el orgullo del Caribe y el mundo. Tuvo la suerte de jugar con el Habana y el Almendares, aunque antes de ser pelotero profesional integró varias escuadras nacionales de ciclismo a Juegos Centroamericanos y Panamericanos.

Cuando guardó la bicicleta, Posada firmó en 1956 un contrato con los Bravos de Milwaukee y luego pasó en 1957 en un Draft de Ligas Menores a los Atléticos de Kansas City, con los cuales debutaría en Grandes Ligas un 21 de septiembre de 1960.

Nueve años más tarde colgaba los spikes como pelotero y comenzaba su carrera de coach. Sin darse cuenta enseñaba a otros jugadores y lo que enseñaba daba resultado.

Desde su sobrino Jorge Posada, quien fuera el receptor insigne de una tremenda dinastía de los Yankees, hasta el más joven José “Candelita’’ Iglesias, se cuentan en decenas quienes han venido buscando el consejo del venerado maestro.

Uno de los últimos es Salas, de quien la publicación MLB Pipeline apunta que puede convertirse en un pelotero de 30 cuadrangulares y 30 bases robadas, además de poseer una sólida defensa.

Nacido en Caracas, el chico -actualmente con 16 años- creció admirando a Giancarlo Stanton dentro de los Marlins y a Jeter en el campocorto de los Yankees. Muchos scouts consideran que el conjunto se llevó una estrella en potencia.

“Este chico lo tiene todo para brillar en las Grandes Ligas’‘, agregó Leo Posada. “Todas las herramientas están en su cuerpo, pero su mente es fuerte. Viene de una buena familia. Mi pronóstico es que antes de que cumpla los 20 años lo veremos en este terreno para el bien de este club. Los Marlins bien en firmarlo y no se van a arrepentir’‘.

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