Bromas crueles y tristezas ocultas. La imagen oscura del béisbol cubano en los Juegos de Lima 2019
Suerte que tiene el cubano. De un lado se amontonan las bromas crueles superando los malestares. Cuba fue eliminada de los Juegos Panamericanos al perder dos juegos seguidos, como un preludio de lo que sucederá con la complicada clasificación a Tokio 2020.
Para no llorar, el fanático cubano, al menos ese con acceso fluido a las redes sociales, se ha lanzado en un desenfreno de chistes que van de la fina ironía hasta las sandeces más evidentes para minimizar el impacto de la derrota, y a otra cosa preciosa que la vida continúa.
Unos se vuelcan sobre el manager Rey Vicente Anglada, que si demoró en un cambio, que si no preparó un relevo a tiempo; otros le van con todo a la yugular de Higinio Vélez, quien parece eterno en su cargo, a pesar de que su gestión no puede ser peor; y otros optan por culpar al comisionado Yovany Aragón, quien no será eterno en su puesto, por haber armado este desastre en puerto peruano.
Más allá de un movimiento puntual aquí o allá, Anglada es el menos culpable, el que apenas lleva penitencia. Resulta apenas el timonal designado -al menos no es un designado con poder real- de una nave en larga zozobra y que viene haciendo agua desde hace rato, tanto rato como tiempo lleva el incombustible Vélez en su puesto de presidente de la Federación de Béisbol.
Quizá no lo sabía, pero Anglada iba a inmolarse en Lima por una causa perdida. En un mundo ideal tres tercios de este equipo no merecía estar aquí. Son los restos de lo que quedó tras el paso de las sucesivas mareas de fugas y errores, del paso de un comisionado tras otro bajo la mirada omnipotente de Vélez y la mirada aún suprema de los que mandan por encima de todos los implicados.
La solución no es cambiar a Anglada, ni a Aragón, aunque sí sería menester cambiar a Vélez. Se irían tres y vendrían tres, pero todo continuaría igual. Esto va mucho más allá del más acá.
¿A quién le importa ya, cuando el problema de la pelota es mínimo ante los de la nación? Siempre he dicho que el deporte se debe privatizar y mucho más el caro béisbol, pero no con ese tonto apadrinamiento de empresas cubanas o foráneas, sino con un control auténtico, con contratos y estímulos, sin esas boberías de abanderamientos y discursos de escudos o sobre los escudos que suenan a solemnidad para la galería.
Eso es imposible, porque quién le dice a papá estado que mantenga sus garras fuera de lo que nunca debió ser suyo, como sucedía hace seis décadas -¿alguien se acuerda de aquella liga profesional?-, cuando Cuba era la adelantada entre todas en Grandes Ligas, ganaba torneos amateurs y Series del Caribe sin que se erogara un peso del tesoro estatal. ¿Que era esquilmado por los gobernantes y tiranos de turno? Esa es otra historia. Real, pero otra.
La visón tiene que cambiar, reposada y resignada. A Lima 2019 no iban a venir las estrellas cubanas en las Mayores, esas que solo aparecerían con permiso en los Clásicos del Caribe y punto. Tampoco los que buscan su puesto en las Menores. Aunque sí habrían asistido veteranos ya sin esperanza, otros que engalanan las ligas invernales con oficio, en fin, algo mejor que esto. La Serie Nacional no da para más.
Ninguno de los caballos en la gran carpa va a participar en el Premier 12, ni en preolímpicos ni otros torneillos de esos que pueblan insulsamente el calendario del béisbol internacional, ese que quiere y va a reducir los juegos a siete entradas. Dios nos agarre confesados.
No vale la pena hablar más de lo mismo. El derrumbe del béisbol es un poco el derrumbe de todo, una parte de la pérdida de las ilusiones, una pasión que se desvanece en las camisetas de Cristiano y Messi que inundan una isla que se prepara y acicala no para el inicio de la próxima y confusa Serie Nacional y luego la Selectiva, sino para la apertura de la Liga Española. Que solo nos falta el toro y la pandereta para sustituir la clave y las maracas...
Bueno, el toro viene faltando desde hace rato, a diferencia de esos chistes que desde la indagación sobre el choteo se inventan y propagan a diario para disfrazar la honda tristeza de lo que pudo haber sido y no fue, o en largo rato no será, como este béisbol diluido y escuálido que ya no provoca ni lágrimas.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de julio de 2019, 1:34 a. m..