Béisbol

Los Marlins obligados a mirarse en el espejo de Minnesota para acortar la larga noche

Los Mellizos contemplan la Tierra Prometida de los playoffs. Si no ocurre una debacle en las últimas semanas de temporada, Minnesota irrumpirá en octubre como el campeón de la División Central en la Liga Americana. Para la franquicia, el futuro se ha hecho presente.

Llegaron a Miami, mostraron lo que son capaces de hacer y, sin que fuera su intención develaron el mapa que los ha conducido a este punto luminoso, un trazado que los de acá intentan asumir en lo posible, unos mandamientos para salir de las profundidades.

“Ellos han sumado todo el talento posible y creado una cultura de competir’‘, confesó el manager Don Mattingly. “Eso es lo que Derek [Jeter] está tratando de hacer aquí, aunque la gente no lo entienda a veces. Crear oleadas de talento y competencia interna. Que hay que ganarse el puesto y que los peloteros no solo quieran ser de los Marlins, sino mantenerse en los Marlins’‘.

Minnesota está experimentado ahora el renacimiento de Atlanta en el 2018, cuando los Bravos dieron la asonada y se metieron en los playoffs encima de los hombros de un Freddie Freeman y las promesas cumplidas de Ozzie Albies y Ronald Acuña Jr.

Con la misma paciencia, Minnesota se mantuvo apilando talento joven y creciendo en silencio -esto se veía venir- hasta esta contienda, cuando esos movimientos del pasado han estallado con fuerza para anuciarles a las Grandes Ligas que la larga noche de desesperanza -no llegan a postemporada desde el 2010- está punto de quedar atrás.

Figuras como Max Kepler, Jorge Polanco, Miguel Sanó, Luis Arraez, Byron Buxton y Eddie Rosario llevan adelante esta nueva versión de los Mellizos, donde la juventud se ha cruzado en el punto exacto con la madurez. Detrás de todos ellos, aparecen Nelson Cruz, Jonathan Scoop y Marwin González para aportar experiencia y respaldar el pitcheo de Michael Pineda, Jake Odorizzi y José Berríos, además de un súper veterano como Sergio Romo.

La alta gerencia de los Mellizos ha sabido jugar su baza y mover sus piezas. La recompensa está en cada jornada y ese record de 67 victorias en ruta a las 90 y a un béisbol de relevancia en octubre, cuando la mayoría de los clubes hace cálculos hacia la venidera temporada mientras con el rabillo del ojo contemplan la Serie Mundial.

Como Atlanta primero y como Minnesota ahora, Miami debe mirarse en esos espejos. No hay otra fórmula, especialmente cuando no se tiene el deseo de salir al mercado de agentes libres y encontrar hombres establecidos. Si el camino es mediante prospectos, este entonces es el único camino.

Pero no hay garantía. Los Marlins han dado señales de progreso en el área de pitcheo y casi nada más el resto de los departamentos. Eso es lo preocupante, porque ahora mismo no se vislumbra un Acuña Jr o un Sanó entre los flancos de las Menores.

Este es el segundo año de Derek Jeter y su grupo de propietarios al timón de la franquicia. Para el próximo este Proyecto Wolverine debe comenzar a ofrecer algo más que esperanza e ilusión para creer en un futuro mejor y no tan lejano. Un futuro que algún día pueda convertirse en la realidad que es hoy Minnesota.

Entonces, y solo entonces, los Marlins contemplarán también la Tierra Prometida.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de agosto de 2019, 9:35 a. m..

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