Un octubre superior a más de mil 4 de julio. Washington bien vale una fiesta y una Serie Mundial
Los fuegos artificiales iluminaron la noche de Washington mejor que en una inauguración presidencial, como si fuera el más bello de los 4 de julio. Los Nacionales están en la Serie Mundial y todo parece posible en la capital de la Unión Americana.
Como si fuera una jauría humana, el equipo de casa le entró por las venas a los Cardenales para asestarles un golpe mortal y vencerlos el martes en la noche 7-4 con una primera entrada tan abrumadora que los visitantes ya no pudieron recuperarse más.
Washington descargó tanta fuerza, tanta intimidación que San Luis bajó sus defensas, relajó los fundamentos del béisbol y dejó que los ahora campeones de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional les pasaran por encima con una tranquilidad pasmosa.
Mientras Dakota Hudson apenas lograba sacar un out en medio de un bombardeo infernal y se iba con siete anotaciones a su cuenta, Patrick Corbin actuaba de manera magistral al punto de ponchar de manera consecutiva a los cuatro primeros hombres que enfrentó y a 10 en cuatro entradas.
Cuando San Luis vino a reaccionar en la quinta entrada, se trataba de una de esas situaciones donde aplica la frase “demasiado tarde y demasiado poco’’.
Sin estar en una gran noche, Corbin siguió la huella de Aníbal Sánchez, Max Scherzer y Stephen Strasburg que de manera combinada redujeron a su mínima expresión la ofensiva de un equipo que venía de superar a los favoritos Bravos de Atlanta gracias su buen juego y oportunidad.
Pero Washington había dejado en el camino un escollo superior en los súper Dodgers y, después de vencer a Clayton Kershaw y su gente, contemplaron a los Cardenales como un problema menor. Al menos eso fue lo que dejó entrever esta serie anticlimática y frustrante para San Luis
Se esperaba más de los Pájaros Rojos, de la banda del peleador Yadier Molina, pero el esplendoroso pitcheo de los Nacionales los redujo a nada, sus esperanzas quedaron enterradas bajo los escombros de su ofensiva.
Todo se decidió en una entrada y todo puso en marcha la fiesta enorme que aún emborracha a la capital que no veía una Serie Mundial desde que los Gigantes de Nueva York vencieron en 1933 a los Senadores, cuando el entonces presidente Franklin D. Roosevelt luchaba a brazo partido por sacar al país de una recesión oscura.
Ahora la realidad no puede ser más luminosa en la capital, al menos desde el punto de vista deportivo. Washington ya está de fiesta y la fiesta aún no ha comenzado. Vienen días inolvidables en los fines de octubre, pero para los fanáticos de los Nacionales esto es mejor que el mejor de los 4 de julio.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2019, 11:25 p. m..