Béisbol

Primera semana sin deportes bajo el Coronavirus, el precio de la ausencia

El sentido de culpa va a lo que escribo. Así como la penitencia suele ir en el castigo. Pero este tiempo sin deportes resulta una tortura necesaria, sin escuchar el sonido de un bate golpeando una pelota, de un guante impactando el rostro de un boxeador, del roce de un balón a las redes mientras penetra el aro.

¿Cómo se puede escribir de deportes cuando el mundo está en vilo? ¿Cómo se puede ser tan inconsciente ante el desfile de entierros en Italia? ¿De qué vale hablar de deportes si la epidemia no ofrece signos de retroceso, sino todo lo contrario?

Y sin embargo, entre el miedo y la muerte, se extrañan los deportes. Un amigo me conversa de las últimas noticias del Coronavirus, me comparte las cifras del espanto y comenta acerca de las teorías del origen de la pandemia: “malditos chinos’‘, grita y se agita con su dedo acusador hacia el gigante oriental, aunque sin prueba alguna. Luego en voz baja confiesa, para que nadie más lo oiga: “compadre, como echo de menos la bola’‘.

La bola no es otra que las Grandes Ligas. Conozco a quienes les aterra tanto la enfermedad como que la temporada no vea la luz del sol. Primero decían que abril, luego que mayo, ahora hablan incluso del 4 de Julio. Si las fechas siguen su corrimiento la nada y el silencio en los estadios pueden suceder. Hablando de espacios de aislamiento social.

Otros reclaman sus sábados de boxeo. Aquellos que siempre proclamaron a los cuatro vientos sus agravios con este deporte “ladrón y dominado por las mafias’‘ comienzan a entender lo que siempre he dicho: disfruta la travesía de la pelea y soporta los errores de los veredictos’‘.

Resulta mil veces mejor escuchar un resultado dudoso que no es escuchar absolutamente nada. Un fin de semana sin boxeo es como un sábado sin sol y un domingo sin amor. La epidemia se ha llevado decenas de carteleras sin creer en nombres ni campeones.

No nos hagamos ilusiones. Muchos juegos de Grandes Ligas se perderán para siempre, muchas de estas peleas no podrán reprogramarse, la temporada de la NBA corre el riesgo real de verse truncada, sin playoffs, sin final, sin LeBron James. Muchos partidos de fútbol serán borrados del calendario, sobre todo en esa Europa que aún no ve la luz al final del túnel y se atrinchera en sus fronteras. ¿Cómo se puede jugar ahora mismo en Italia ante el espectáculo dantesco de los carros militares llevando los féretros?

Todos los que viven del deporte, de una forma u otra, vocean sus preocupaciones. Desde el gran promotor de la UFC hasta el mïnimo empresario que busca hacer boxeo de manera local y sin recursos, desde el pelotero mejor pagado hasta el de Liga Menor que contempla la posibilidad de que su equipo desaparezca. Lo peor, nos dicen, está por llegar.

Hablar de esto puede parecer trivial, casi inhumano. La NBA, las Mayores, el boxeo, la UFC, el Hockey, el fútbol, los Juegos Olímpicos, todo pasa a un segundo plano. Nada importa más que una vida, que aquellos recluidos en hospitales pendientes de como oscila un respirador artificial.

El mundo del músculo hace lo que puede, aunque sea poco. Ante un problema de tal magnitud el resto de lo que acompaña la existencia luce una nimiedad. Muchos han perdido sus trabajos, incluidos en estadios y arenas, y no tienen tiempo para pensar en quién será el próximo ganador del Cy Young o el Más Valioso de la NBA.

Con tiempos tan terribles el deporte no debiera importar...y, sin embargo.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2020, 8:46 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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