Cristobal Torriente, uno de los más grandes peloteros cubanos de todos los tiempos
No tenía la elegancia en el terreno de juego que caracterizaba a Martín Dihigo. Pero el oriundo de Cienfuegos que fildeaba y tiraba a la zurda se convirtió en un pelotero de cinco herramientas: con la majagua conectaba con fuerza y promedio, corría veloz en las bases y a la defensa fue un coloso en el bosque central con un brazo poderoso.
Cristóbal Torriente, uno de los más grandes peloteros cubanos de todos los tiempos, fue elegido al Salón de la Fama en Cooperstown en 2006 junto a su compatriota el serpentinero José de la Caridad Méndez, el empresario de origen cubano nacido en Cayo Hueso, Alex Pompez, así como con otros 11 jugadores y ejecutivos de las Ligas Negras de Estados Unidos y de las Grandes Ligas.
En un mismo día, los tres cubanos se cubrieron de gloria por la historia excepcional que escribieron en las Ligas Negras, uniéndose en este Templo de los Inmortales a Martín Dihigo (1977). Años más tarde (2000), también fue exaltado el camagüeyano Tony Pérez.
Torriente nació el 16 de noviembre de 1893, en la calle Hernán Cortés número 17, en la llamada “Perla del Sur’’. Siendo niño jugaba en los placeres de su barrio con una pelota de trapo y un palo de escoba fino, herramientas rudimentarias que le sirvieron para adquirir tacto como bateador.
Con sólo 17 años de edad, el mánager del equipo juvenil Yara, Catalino Hidalgo, lo ubicó como jardinero y en ocasiones como lanzador, convirtiéndose con su bate en el verdugo de los lanzadores rivales para ayudar a ganar el título del torneo.
En 1912 integró el club de su ciudad natal y al siguiente año viajó a la capital cubana para jugar con el equipo Habana en la Liga Profesional, donde debutó el 5 de enero de 1913.
No era un hombre alto pues medía cinco pies y nueve pulgadas de estatura, pero tenía una fuerte constitución física adquirida por el oficio de herrero que ejerció antes de brillar en el béisbol.
Torriente actuó en la pelota profesional de Cuba entre 1913 y 1927 con los uniformes del Habana, el Almendares, Marianao, Cuba y Havana Reds.
En Cuba ganó tres coronas de bateo y lideró en otros renglones ofensivos, terminando su carrera con average de .352 (494 incogibles en 1,402 veces al bate). El talento especial que tenía como pelotero logró que combinara ofensiva poderosa con velocidad. Torriente estafó 112 bases.
Torriente, junto a Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Adolfo Luque, fueron los cuatro peloteros cubanos más destacados durante la primera mitad del siglo XX. Dihigo fue el jugador más versátil, Méndez el pitcher más sobresaliente, Luque el más destacado de Grandes Ligas; mientras que Torriente fue el bateador más poderoso y el mejor jardinero central defensivo.
El propio Dihigo dijo de Toriente lo siguiente: “En Cuba no se le ha dado el crédito que merece Cristóbal Torriente. Lo hacía todo bien en el terreno con una naturalidad asombrosa. Ha sido uno de los mejores peloteros que he visto tanto en Cuba como en Estados Unidos’’.
Su desempeño en las Ligas Negras y en la pelota invernal cubana le imposibilitó participar en los torneos de otros países latinoamericanos.
Fue elegido al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1939 en la primera exaltación junto a otros nueve jugadores: Rafael Almeida, Luis “Anguila’’ Bustamante, Antonio María “El Inglés’’ García, Gervasio “Strike’’ González, Valentín “Sirique’’ González, Adolfo Luján, Armando Marsans, José de la Caridad Méndez, Carlos Royer y Cristóbal Torriente.
LA VISITA DE BABE RUTH A CUBA
Los Gigantes de Nueva York dirigidos por John McGraw visitaron La Habana contratado por el empresario cubano Abel Linares para celebrar nueve partidos de exhibición frente a equipos cubanos, cumpliendo con la tradición conocida como las Series Americanas donde se medían equipos de la isla y de las Grandes Ligas.
McGraw llevó de refuerzo a Babe Ruth que ese mismo año había conectado 54 jonrones con los Yankees de Nueva York, siendo la máxima figura ofensiva de Grandes Ligas.
El histórico desafío de los cuadrangulares ocurrió el 4 de noviembre de 1920 en el Almendares Park (II) de la capital cubana, un estadio inmenso que al igual que el primer Almendares Park tenía sus vallas por el bosque central alejadas a 600 pies del plato y a más de 400 por los otros dos laterales, haciendo que la mayoría de los jonrones que se conectaban eran dentro del terreno de juego (sin que la pelota traspasara las vallas).
El atractivo principal en el orden individual se concentraba en la figura de Babe Ruth. Los fanáticos querían ver sus jonrones. Pero Ruth falló en tres turnos al bate frente al lanzador cubano de origen catalán, Isidro Fabré.
El héroe de la tarde donde el Almendares superó 11-6 a los Gigantes fue Cristóbal Torriente al batear de 5-4, incluyendo tres jonrones y un doblete, dos de los batazos de cuatro esquinas ante el abridor Joe Kelly y el otro frente al propio Ruth que actuó como relevo (Ruth, antes de ser jardinero fue pitcher con los Medias Rojas de Boston).
De esta famosa serie surgió las declaraciones de Ruth sobre Torriente y Méndez, cuando dijo de ambos cubanos: “Si pudiera llevarme el pitcher José Méndez y al temible bateador Cristóbal Torriente para mi equipo, ganaríamos el campeonato a principios del mes de septiembre y después nos iríamos a pescar en espera de la Serie Mundial’’.
Ruth ganó 2,000 pesos pagados por el empresario Abel Linares, mientras que Torriente sólo pudo recolectar 246 pesos recogidos entre el público por sus compañeros de equipo.
Luego de ser perseguido por los periodistas que buscaban sus declaraciones por la hazaña lograda, Torriente declaró con una humildad que elevaba su grandeza: ‘’Por qué a mí, busquen a Ruth que él lo hace a menudo. Lo mío fue hoy’’.
Sin embargo, en la realidad del terreno, Torriente también conectaba con frecuencia fuertes y largos batazos tanto en las Ligas Negras como en la pelota profesional cubana.
De acuerdo a lo ocurrido aquella tarde del 4 de noviembre de 1920, los periodistas comenzaron a llamarle a Torriente, ‘’El Bambino Cubano’’.
El propio juez Kenesaw Mountain Landis, que en ese momento era el Comisionado del Béisbol de Grandes Ligas y un fuerte defensor del racismo que imperaba en dicha época, se vio obligado a mencionar las cualidades sobresalientes de Torriente cuando lo vio jugar en partidos con los All Cubans.
LAS LIGAS NEGRAS
Teniendo iguales o superiores atributos que muchas estrellas de Grandes Ligas, Torriente tuvo que desarrollar su carrera en las Ligas Negras de Estados Unidos por el pecado racial que existía en aquellos tiempos. Militó con los equipos Cuban Stars, All Nations, Chicago American Giants, Kansas City Monarch y Detroit Stars.
Durante su carrera en su etapa de esplendor entre 1913 y 1928 en ese torneo donde sólo la pelota era blanca, Torriente terminó con promedio de .354 (531 imparables en 1,502 turnos y 427 partidos), ganando dos coronas de bateo y ubicado entre los primeros en diferentes renglones a la ofensiva.
Torriente y Oscar Charleston están considerados los dos mejores jugadores defensivos del bosque central en la historia de las Ligas Negras.
A pesar de no haber jugador en Grandes Ligas, muchos buscadores de talento y managers de esta pelota tuvieron la oportunidad de ver jugar al cubano y admirar sus excelsas cualidades. En una ocasión, el scout C.I. Taylor, famoso por firmar buenos jugadores dijo lo siguiente de Torriente: “Fue un pelotero extraordinario, tan bueno como los mejores de Grandes Ligas. Cualquier persona que lo viera caminar por una calle sin conocer que era un jugador, podía adivinar y decir: por esa acera va un equipo de pelota’’.
MUERTE
La bebida, la mala alimentación y el poco descanso afectaron el organismo de Torriente, que murió de una tuberculosis el 11 de abril de 1938, en Ibor City, Nueva York, Tenía sólo 43 años de edad.
Por su propia decisión, a los pocos meses sus restos fueron enviados a su patria envueltos en una bandera cubana y fue enterrado en el Cementerio de Colón, en La Habana. En 2018, el Consejo Nacional “Béisbol de Siempre’’ integrado por valiosos periodistas e historiadores de la isla, aseguró de manera oficial el lugar donde se encontraban los restos del formidable pelotero.
Cristóbal Torriente, un orgullo de Cienfuegos y leyenda del deporte de las bolas y los strikes, está ubicado por derecho propio entre los mejores peloteros cubanos de la historia.