Béisbol

Un caballero en el diamante y un gran bateador Así es este cubano que escribe historia en Grandes Ligas

Sin alardes, con liderazgo, con consistencia ofensiva y con la sencillez que eleva la grandeza del ser humano, José Abreu está escribiendo historia en la pelota de Grandes Ligas para ubicarse en el grupo selecto de los mejores bateadores cubanos de todos los tiempos junto a Rafael Palmeiro, Tony Oliva, José Canseco, Tony Pérez y Orestes Miñoso.

Sí, que nadie lo dude, pues la diferencia entre Abreu y estos bateadores cubanos que sobresalieron en Grandes Ligas se encuentra en que los que hoy son históricos comenzaron bien jóvenes en este béisbol (excepto Miñoso) y tuvieron largas carreras (menos Oliva), con dos de ellos actuando en una época donde se usaban los esteroides que ayudaban el rendimiento ofensivo.

El pasado domingo 23 de agosto, Abreu ubicó su nombre al lado de otros cuatro peloteros cuando en la cuenta de dos bolas y un strike llevó la bola a 449 pies del plato en el Wrigley Field de Chicago ante un envío del japonés Yu Darvish para sumar su sexto jonrón en una serie de tres encuentros y convertirse en el quinto jugador en lograrlo para igualar con Barry Bonds (2001), Alex Rodríguez (2002), Shawn Green (2002) y Hee-Seop Choi (2005).

De estos seis jonrones en nueve turnos al bate, cuatro de ellos fueron consecutivos para ser la 43ra ocasión en que se logra dicha proeza.

Abreu, que el pasado año terminó líder en remolcadas con 123 y sumó 33 jonrones, en el 2020 encabeza la Liga Americana en ambos renglones con 28 y 11 respectivamente, así como en total de bases acumuladas con 79, mantiene promedio de .322, embasamiento de .365, slugging de .669 y OPS de 1.035 de embasamiento más slugging).

Desde su debut en Grandes Ligas este caballero del diamante nacido en la ciudad de Cienfuegos ha estado repartiendo batazos de todas las dimensiones y siempre se ha mantenido en el grupo de los mejores bateadores.

Sus números así lo demuestran. En cuatro de sus seis temporadas completas ha superado los 30 cuadrangulares, en cinco las 100 remolcadas y en cuatro con promedio por arriba de .290 con dos superando la marca de .300. Ganó el premio de Mejor Novato en 2014, con dos trofeos Bate de Plata y tres Juegos de Estrellas.

Hasta los partidos del lunes, Abreu acumula en su carrera un total de 190 jonrones, 639 impulsadas, embasamiento de .349, slugging de .518, un OPS de .868 y promedio de .294 con 1,076 imparables; con un average de jonrones por veces al bate de uno cada 19 y una remolcada cada 5.7 turnos.

Si el cienfueguero hubiera comenzado en Grandes Ligas a los 22 años y no a los 27 como lo hizo, en estos momentos cuando tiene 33 estaría muy cerca o por encima de los 300 cuadrangulares y las 1,000 remolcadas.

Aunque sea lamentable la llegada tarde de estos talentosos jugadores podemos decir que al menos esta nueva generación de cubanos ha podido actuar en Grandes Ligas, pues para nadie es un secreto que durante seis décadas por las llamadas Series Nacionales han pasado centenares de peloteros que hubieran brillado en el mejor torneo del mundo.

Entre los más bateadores más sobresalientes nos recordamos de Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Armando Capiró, Antonio Muñoz, Pedro José Rodríguez, Orestes Kindelán, Lázaro Junco, Frederich Cepeda, Fernando Sánchez, Miguel Cuevas y Antonio Pacheco. En el pitcheo luminarias como Braudilio Vinent, Jorge Luis Valdés, Manuel Alarcón, Pedro Luis Lazo, Rogelio García, Lázaro Valle, José Antonio Huelga, Santiago Mederos, Juan Pérez Pérez y Omar Carrero, por sólo mencionar a un grupo reducido de figuras que perdieron la oportunidad de jugar en Grandes Ligas.

Cuando Cuba, la otrora segunda potencia beisbolera del mundo, de manera absurda abolió la Liga Profesional Cubana en 1961 deteniendo la exportación de sus jugadores a la pelota de Estados Unidos, esta medida autoritaria se convirtió en la legítima razón por la que muchísimos peloteros estelares vieron rotos sus sueños de jugar en Grandes Ligas y algunos otros como Orlando “El Duque’’ Hernández y José Ariel Contreras con credenciales para sumar estadísticas superiores, no pudieron llegar a ellas por tener carreras de corta duración.

En el caso de Abreu debemos decirlo bien claro: la combinación de poder, promedio y bateo oportuno con hombres en bases que ha exhibido en seis temporadas y 29 juegos más en Grandes Ligas, lo convierte en uno de los bateadores cubanos más consistentes en cualquier etapa de la historia.

Nadie puede predecir con exactitud lo que ocurrirá en lo que resta de esta corta temporada, pero una cosa es cierta: El recio toletero de los Medias Blancas de Chicago reúne todos los atributos para desbordar más su ofensiva en busca de ayudar a su equipo para avanzar a la fase de postemporada y tener la oportunidad de ganar el codiciado trofeo de Jugador Más Valioso de la Liga Americana.

La tarea no será fácil, pero tampoco es imposible. Ojalá lo logre. José Abreu lo merece.

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