El Heat es el espejo perfecto para los Marlins que buscan su cultura ganadora
Cuando varios jugadores de los Marlins llegaron al estadio con jerseys del Heat se trataba de algo más de una moda. De cierta manera, los jugadores estaban mostrando su respaldo a la otra franquicia profesional de la ciudad envuelta en una postemporada.
Casualmente, los peces se encontraban en una serie particular contra los Medias Rojas al mismo tiempo en que el Heat batallaba -todavía lo hace y con mucho éxito, luego de dos remontadas de dobles dígitos- frente a los Celtics por el pase a la gran final de la NBA.
Más allá de la solidaridad de organización a organización, era una especie de reconocimiento a una entidad deportiva que ha portado un estandarte de altísima calidad y ética de trabajo, eso que muchos dan en llamar la “Cultura del Heat’‘, implantada por Pat Riely.
“Durante mucho tiempo el Heat ha sido ejemplo de buen hacer’‘, comentó el manager de los Marlins, Don Mattingly, quien sin duda es un candidato al premio de mejor dirigente de la Liga Nacional. “Han creado una cultura que es muy respetado y los éxitos hablan de eso’‘.
Lo que sí no es casual es que desde la llegada de Derek Jeter, dentro de la franquicia de La Pequeña Habana también se habla de una “cultura ganadora’‘, de una mentalidad positiva que permita construir equipos sólidos de manera sostenida y no para competir una sola contienda sino por mucho tiempo.
Si los comienzos fueron convulsos con la partida de varias estrellas -entre ellos dos Jugadores Más Valiosos del viejo circuito-, Jeter ha mantenido el pulso firme sobre el accionar de la franquicia y en su tercer año al mando ya se ven los primeros logros de su plan.
“Los primeros dos años no fueron fáciles para muchos, especialmente los jugadores que quedaron de esos tiempos’‘, agregó Mattingly, quien fue uno de los primeros que ofreció su apoyo a Jeter. “Pero esto es diferente. Se trata de un béisbol más importante’‘.
Los tiempos, sin duda, han cambiado. Ser aficionado en Boston era una maravilla. A la vez competían y ganaban los Medias Rojas en las Mayores, los Bruins en la NHK, los Celtics en la NBA y qué decir de aquellos equipos de los Patriots con la excelsa dupla de Bill Belichik en el timón y el grande entre los grandes quarterbacks Tom Brady.
Uno podía afirmar sin error que alguno de ellos era campeón o estaba por serlo. La ciudad no se detenía entre desfiles triunfales y noches legendarias en sus estadios y arenas. Estaban acostumbrados al éxito, porque todas sus franquicias habían construido esas “culturas’‘ que no solo esperaban, sino exigían resultados.
Igualmente, Riley ha erigido algo similar en Biscayne Boulevard. El Heat trata a sus jugadores como reyes, pero les exige como obreros. La franquicia hace todo lo posible porque sus miembros se sientan queridos siempre y cuando cumplan los parámetros deportivos y morales que se les fijan.
El Heat puede tener un mal año, pero no un mal camino y este siempre encontrará el rumbo, como está sucediendo con esta versión del 2020 que se encuentra muy cerca de llegar a la Tierra Prometida de los playoffs.
Por su parte, los Marlins esperan que -de confirmarse- esta vuelta a la postemporada sea la confirmación de que su camino es el correcto, que la “cultura ganadora’‘ llegó para quedarse de manera permanente y que Jeter ha encontrado, salvando cualquier distancia, una imagen benévola en Riley.
Vestir los Jerseys del Heat no fue un acto de solidaridad sino que desea ser una suerte de espejo.