Béisbol

Barry Bonds y Roger Clemens merecen estar en Cooperstown

Roger Clemens y Barry Bonds se encuentran nominados por noveno año consecutivo para el Salón de la Fama del béisbol de Grandes Ligas, en Cooperstown. Ambos están ubicados entre los mejores peloteros de todos los tiempos que no han sido honrados por el uso o sospecha de los esteroides.

Creemos que Bonds y Clemens merecen ser exaltados al Nicho de los Inmortales. Y por favor, que nadie piense que estamos de acuerdo con el uso de sustancias para aumentar el rendimiento. Pero tenemos cuatro razones lógicas para apoyar a estas dos luminarias del deporte de las bolas y los strikes.

El Salón de la Fama se inauguró el 12 de junio de 1939 para honrar eternamente a las grandes figuras del béisbol, teniendo como lema: “Preservar la historia, honrar la excelencia y conectar generaciones’’. Los primeros exaltados fueron Ty Cobb, Babe Ruth, Honus Wagner, Christy Mathewson y Walter Johnson.

La primera razón que me lleva al apoyo de Bonds y Clemens es porque en Cooperstown se honran a los mejores y no es un “Recinto de Santos’’.

Es cierto que entre las reglas de admisión además de récord, habilidad atlética, carácter y contribución al equipo, también se menciona la palabra integridad. Y aquí está el segundo motivo que nos lleva a votar por ellos: “Bonds y Clemens no fueron ‘’angelitos’’, pero algunos jugadores que están en el Salón de la Fama también cometieron graves pecados humanos y fueron tramposos en este deporte.

En este Templo de Inmortales se encuentran hombres que golpearon con violencia a sus esposas estando borrachos o sin estarlo y otros que fueron racistas que escupían a los pies de peloteros rivales como lo hizo el fenomenal Ty Cobb, además de un dirigente que odiaba a las personas por ser negros o latino como fue el primer Comisionado de Béisbol, Kenesaw Mountain Landis.

Hasta ahora los encargados de votar que son los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA) al cual pertenezco, en su mayoría han negado el ingreso de Bonds y Clemens en ocho ocasiones.

En la última votación Clemens sumó 242 papeletas (61%) y Bonds 241 (60.7%). Si no son reconocidos en esta ocasión sólo tendrían una nueva oportunidad. Y de no lograrlo, sus nombres pasarían al Comité de Veteranos.

Digamos una tercera verdad imposible de refutar: “Con o sin esteroides, Bonds ha sido uno de los grandes peloteros de todos los tiempos y Clemens uno de los mejores lanzadores. De hecho, tanto uno como el otro fueron superestrellas antes de la etapa de las famosas sustancias’’.

Cuando hablamos de Bonds lo hacemos de uno de los mejores bateadores de la historia. Es el líder de jonrones con 762, el primero en pasaportes recibidos (2,558) e intencionales (688), poder con velocidad (613.9) y WAR Jugador (162.8), es segundo en extrabases (1,440) y tiempo en bases (5,599); es tercero en anotadas (2,227) y War Ofensivo (143.6), es cuarto en total de bases (5,976) y OPS (1.051), es quinto en slugging (.607), es sexto en embasamiento (.444) y remolcadas (1,996).

Bonds conquistó siete premios de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, dos títulos de bateo y dos de cuadrangulares pegando un promedio de uno cada 12.9 turnos al bate (#3), lideró once veces como WAR Jugador, diez en embasamiento, ocho en WAR Ofensivo, siete en slugging, seis en poder con velocidad, cuatro en OPS y uno en impulsadas.

El brillante jugador ganó 12 premios Bate de Plata, participó en 14 Juegos de Estrellas, terminó con promedio de .298, sumó 2,935 imparables, se estafó 514 bases y a la defensa sumó ocho Guantes de Oro como jardinero izquierdo.

¿Cómo dejar a un pelotero con estas impresionantes estadísticas fuera de Cooperstown cuando hay otros en ese recinto con números muy inferiores y que también fueron sospechosos de usar esteroides?

Al mencionar a Clemens lo hacemos del pitcher que más premios Cy Young ganó con siete, uno de ellos sumando el de Jugador Más Valioso (MVP). Terminó con 354 victorias, 184 derrotas y 3.12 de efectividad con 4,672 ponches (promedio de 224 por temporada) que lo ubicaron como tercero de la historia sólo superado por Nolan Ryan y Randy Johnson, así como en WAR Lanzador con 138.7 (por debajo de Cy Young y Walter Johnson).

Clemens logró seis temporadas con más de 20 triunfos liderando la Liga Americana cuatro veces, superó los 200 ponches en 12 ocasiones y en siete guió las carreras limpias, propinando 46 blanqueadas (#26) y actuando en 11 Juegos de Estrellas.

¿Cómo dejar afuera de Cooperstown a quien ha sido uno de los más grandes serpentineros de la historia, cuando hay otros en ese Museo con números inferiores y siendo sospechosos de esteroides?

Nuestra cuarta razón para votar por Bonds y Clemens es que ellos jugaron en parte de una época donde la gran mayoría de los peloteros usaban esteroides, algunos que fueron agarrados con la masa en la mano y otros que no cayeron por diferentes razones, y todos ellos amparados por los que dirigían los destinos de este deporte.

Los culpables del uso de estas sustancias no sólo fueron los jugadores. Responsables también fueron quienes la suministraban y quienes callaron como los managers de equipos, coaches, entrenadores, dirigentes, propietarios y hasta el propio comisionado de Grandes Ligas, en ese entonces Bud Selig.

¿Y dónde está el nombre de Bud Selig? ¡En Cooperstown!. Nadie niega que este dirigente tuvo méritos por su contribución al béisbol, y por ello alcanzó dicho honor. Pero al ser la figura que tenía en sus manos la responsabilidad de que la pelota marchara limpia, por haber admitido que sucediera lo de los esteroides también fue responsable de aquel escándalo que sacudió al mundo deportivo.

¿Por qué todos callaban lo mal hecho?. La respuesta es muy sencilla: ¡Por dinero!.

Debemos entender que el béisbol profesional y aún más el de Grandes Ligas, no solamente es un deporte, también es un negocio. Y en ese momento era de interés para la mayoría callar lo que ocurría.

Un entrenador de ofensiva estaba de acuerdo con lo que pasaba debido a que su mayor o menor contrato de salario dependía de la cantidad de jonrones que daban los bateadores.

¿Cómo iban a decir lo que ocurría los dirigentes, los managers y los propietarios cuando los estadios se llenaban y con ello se incrementaban las ganancias para todos los que rodeaban el espectáculo?

Batear jonrones siempre ha estremecido de emoción a las multitudes en los estadios y ha representado publicidad extra para la televisión. ¿Y qué mejor momento para crecer la fortuna cuando millones de personas estaban atentos desde sus hogares mirando la batalla de bambinazos entre Sammy Sosa y Mark McGwire?.

Y no sólo entre Sosa y McGwire, también entre aquellos que en ambas ligas en temporadas anteriores no llegaban ni a 25 cuadrangulares y con lo que sucedía superaban los 35 y los 40.

¡Negocio redondo para todo el mundo!. ¿Quién lo duda?

Barry Bonds y Roger Clemens merecen estar en el Salón de la Fama de la misma forma que los jugadores que actuaron en la misma época que sin estar ciento por ciento limpios en sospechas de usar esteroides tienen sus nombres en dicho recinto.

Además, lo merecen porque Cooperstown, repetimos, no es un “Templo de Santos’’, y ahí están figuras que cometieron pecados, entre ellos el racismo que representa una afrenta a la dignidad humana.

Por favor, cólegas de la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos, eligiendo a Barry Bonds y a Roger Clemens honramos la excelencia, pues ambos están ubicados entre los más grandes peloteros de todos los tiempos.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2020, 9:05 p. m..

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