Béisbol

El pelotero cubano Tony Oliva por sus méritos debería tener un lugar en el Salón de la Fama

Tony Oliva posa con el uniforme de los Mellizos.
Tony Oliva posa con el uniforme de los Mellizos.

Fue uno de los mejores bateadores de su época en el béisbol de Grandes Ligas y está considerado entre los grandes peloteros de Cuba y Latinoamérica. Por sus méritos, su nombre debe estar en el Salón de la Fama, en Cooperstown.

Antonio Oliva López Hernández, conocido como “Tony-O, nació el 20 de julio de 1938 en Pinar del Río, Cuba. Desde niño jugaba béisbol con sus hermanos y fue su padre quien le dio las primeras enseñanzas del deporte de las bolas y los strikes.

En 1960 fue firmado por el buscador de talento Joe Cambria y aunque Tony no quería abandonar a su familia, su padre le aconsejó dar el paso en busca de fama y gloria en la pelota de Estados Unidos. Y el hijo lo escuchó, uniéndose a un grupo de 21 jugadores jóvenes que se trasladaron a México donde tuvieron que esperar casi once meses por las visas para viajar a Norteamérica.

Antes de brillar en Grandes Ligas actuó en Ligas Menores. Debutó con Minnesota el 9 de septiembre de 1962, pero sólo lo hizo en nueve partidos terminando con promedio de .444. En 1963 regresó a los Mellizos y en siete desafíos tuvo average de .428.

Ya listo para empeños mayores su ascenso hacia el estrellato en la Gran Carpa ocurrió en 1964 teniendo 25 años, ganando el título de bateo con .323 y conquistando de forma unánime el premio de Mejor Novato de la Liga Americana; además de ser líder en imparables (217), dobles (43), carreras anotadas (109) y total de bases (374), sumando 32 jonrones y 94 impulsadas.

Oliva repitió la corona de bateo en 1965 con promedio de .321 para convertirse en el primer jugador en lograrlo en sus dos primeras temporadas, sumando su tercer trofeo en 1971 con .337 para ser hasta ese momento el decimocuarto jugador en ganarlo tres veces y el sexto en la Americana.

La jornada más perfecta de Oliva en su historial de Grandes Ligas ocurrió el 29 de junio de 1969 en un doble desafío dominical frente a Kansas City. Ese día conectó ocho imparables seguidos, incluyendo dos jonrones y par de dobletes.

Luego de ser durante ocho años consecutivos uno de los cinco bateadores más completos de ambos circuitos, el 29 de junio de 1971 tratando de capturar un batazo conectado por Joe Rudi el pinareño sufrió una lesión en su rodilla derecha, pero siguió jugando lo que restaba de temporada para asegurar su tercer título de bateo.

En 1972 cuando marchaba con nueve imparables en 28 turnos tuvo que abandonar su equipo para someterse a una complicada cirugía en su rodilla, perdiendo dicha temporada y afectando su rendimiento en sus últimas cuatro.

Oliva terminó su carrera con promedio de .304, con 220 cuadrangulares, 947 impulsadas, .353 de embasamiento, 86 bases robadas, 329 dobles y 1,917 imparables en 6,301 turnos. A la defensa estuvo entre los primeros en promedio de fildeo, outs realizados y asistencias, cifras que le sirvieron para recibir en 1966 el premio Guante de Oro.

Participó en tres series de postemporada con Minnesota terminando con promedio de .314, tres jonrones, cinco impulsadas, 16 incogibles, embasamiento de .340, slugging de .588 y .928 de OPS en 51 turnos al plato. Su equipo perdió la Serie Mundial de 1965 frente a los Dodgers de Brooklyn que fueron guiados por el sensacional lanzador zurdo Sandy Koufax.

Además de sus dos premios de Mejor Novato y sus tres coronas de bateo, Oliva finalizó en dos ocasiones como segundo en la votación para el Jugador Más Valioso y en otras seis se ubicó entre los 10 primeros. Participó en ocho Juegos de Estrellas consecutivas entre 1964 y 1971.

El pinareño también fue líder en cinco ocasiones en imparables (tres consecutivos), cuatro veces en dobletes, uno en slugging y superó la marca de .300 en nueve de sus 15 temporadas.

El número seis que utilizó en su uniforme fue retirado de los Mellizos el 14 de julio de 1991, siendo elegido al Salón de la Fama del equipo de Minnesota.

En 1981, los historiadores de béisbol Lawrence Ritter y Donald Honig incluyeron al cubano Tony Oliva en el libro ‘’los 100 mejores peloteros de todos los tiempos en Grandes Ligas’’.

Cuando hablamos de Oliva estamos obligados a decir que sus estadísticas se quedaron cortas con relación a otros bateadores inferiores que tuvieron la suerte de la perdurabilidad y tienen sus nombres en Cooperstown, pues de sus 15 temporadas dos de ellas fueron con sólo nueve y siete turnos al bate (1962-63), y las últimas cuatro lo hizo jugando con la rodilla lastimada.

De no haber ocurrido dicha lesión, los números del cubano fueran muy superiores y su entrada al Salón de la Fama no sería tan discutida, al ser considerado por la mayoría de los expertos como uno de los mejores bateadores de su generación.

En el caso de Oliva la prensa especializada debió analizar su ascenso a Cooperstown teniendo como base la etapa entre 1964 y 1973 (10 temporadas), pero de manera equivocada la mayoría de los encargados de votar no hicieron lo correcto y sólo vieron sus números totales.

Hasta 1973, Oliva mantuvo un promedio de .317 con un embasamiento superior a .370, pero sus estadísticas bajaron hasta .304 al batear sólo .246 entre 1974 y 1976 al agravarse el problema de su rodilla.

Muchos analistas consideran que ya es hora de que el Comité de Veteranos de manera especial haga justicia con Oliva que en la última votación sólo le faltó un voto para ser elegido, tal como se ha hecho con peloteros que tuvieron lesiones que anticiparon sus retiros o mermaron sus carreras, pero por merecerlo fueron seleccionados para Cooperstown como son los casos de Sandy Koufax (165-87) y Kirby Puckett (207 jonrones y 1,085 remolques), por sólo mencionar a dos de ellos.

Cuando comparamos a Puckett con Oliva en algunos números ofensivos de importancia, vemos que se aproximan. El cubano superó por 13 jonrones al estadounidense (220-207), con Kirby remolcando 138 más (1,085-947) pero con 943 turnos al bate por arriba; con similares estadísticas en embasamiento (.353-.360), slugging (.476-.477), OPS (.830-.837) y promedio (.304-.318).

Luego de su retiro, Oliva se desempeñó por varios años como instructor de bateo de los Mellizos, especialista en relaciones públicas y ocasionalmente como comentarista de radio en idioma español del equipo de Minnesota.

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