No era el que más entrenaba, pero sabía qué hacer para ganar 10 juegos y tirar 200 entradas cada año
Esa misma paciencia que convirtió a Liván Hernández en un maestro del montículo le está sirviendo por estos días para erigirse en un profesor del béisbol. No son pocos los que alaban la ética de trabajo de quien fuera campeón de la Serie Mundial de 1997 y dejara recuerdos mágicos en los terrenos que pisara.
A sus 45 años, el medio hermano del Duque Hernández teje nuevos sueños de lo que quiere lograr con sus equipos de niños y jóvenes, sin dejar de mirar a ese pasado en las Mayores, donde permanecen en el tiempo sus 178 victorias, casi 2.000 ponches y una cadena de temporadas con 200 o más innings.
Quizá no fuera el que más entrenaba, pero nunca dejó de asistir a su cita con el box cada cinco días. Por eso se mantuvo casi dos décadas en el mejor béisbol del mundo. ¿Quién puede hacer eso ahora?
¿Cómo vives esta nueva etapa de maestro del béisbol?
“Decidí hacerlo porque sentado en la casa no estaba haciendo nada productivo. Lo tomé en serio y tenemos cuatro equipos y una academia de pitcheo, que es lo mío y lo que mejor sé hacer. Aunque uno haya bateado bien en la Liga Nacional, el pitcheo es mi especialidad. Me encanta enseñar y ver cómo progresan los muchachos’‘.
¿No te sorprendes a ti mismo, para ser maestro se necesita paciencia?
“Si me viste lanzando, no me ponía bravo con nada. La paciencia es una cosa con la cual se nace. A veces, dirigiendo, me pongo un poco más intenso, porque los muchachos cometen errores que no deben hacer, pero cualquiera hace un error y no puedes culpar a la gente’‘.
Varios padres hablan muy bien de tus métodos...
“Me da alegría ver que los muchachos progresan y que los padres lo reconozcan me satisface. Ahora tenemos varios de los mejores prospectos del país entre 15 y 15 años. Y venimos de ganar un torneo donde quedó evidenciado la calidad del pitcheo de estos chicos’‘.
¿A dónde quieres llegar en este nuevo capítulo de tu vida?
“Este año sueño con tener algo más privado para mí, al aire libre. Sé que a la gente le gusta entrenar bajo techo, pero a mí me gusta afuera. Para hacer algo bajo techo debo estar cerca de un terreno para que los muchachos tiren largo. Adentro tiras bullpen y haces ejercicio. No hay un buen pelotero que se haya criado jugando pelota bajo techo’‘.
Ahora con el tiempo, tus números en las Mayores son mejor apreciados.
“No suelo hablar de mí, pero los fanáticos saben. Los números no engañan. Muchos jóvenes no saben lo que uno logró. Solo les explico que el béisbol de Grandes Ligas es muy duro. Jugar 10 años es duro. Dios me dio el chance de jugar 17. Ganar 178 victorias no creo que sea algo fácil ahora mismo’‘.
¿Qué es lo que más importante de tu magisterio?
“El intentar que sean siempre profesionales. Cuando llegas a un nivel de béisbol organizado, debes tomarlo en serio, llegar temprano, escuchar a los coaches, vestirte bien, salir al terreno a darlo todo. En Grandes Ligas debes defender los colores y los fanáticos de una ciudad. Eres un trabajador que recibe un salario’‘.
La fama te llegó bien pronto, ¿fue difícil lidiar con eso?
“Después de todo me comporté bien. A los 22 años estaba manejando un Ferrari, un Lamborghini, un Rolls Royce convertible. Vine a este país a ser libre, para ayudar a mi familia, vivir la vida que no tenía en Cuba, que no me dejaban tener. Eso me llevaba a prepararme bien año tras año. No era el que más entrenaba, pero sabía lo que debía hacer para ganar más de 10 victorias cada temporada y tirar 200 entradas’‘.
Entonces, ¿eres feliz?
“Me siento realizado. Tengo una niña que cumplió 18 años que es una belleza. No puedo pedir más. Si volviera a nacer, pediría lo mismo. No haber firmado con los Yankees para que mi hermano firmara, ganar la Serie Mundial. Muchos me preguntan por qué no firme con los Yankees. Digo que firmé con los perfectos porque en mi primer año gané la Serie Mundial’‘.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de febrero de 2021, 8:07 a. m..