A seis años de su muerte, un repaso por la increíble vida de esta leyenda cubana de Grandes Ligas
Este próximo primero de marzo se cumple el sexto aniversario de la muerte de Orestes Miñoso. Y hoy, queremos recordar la historia de un cubano que fue uno de los mejores peloteros de su generación.
Saturnino Orestes Arrieta Miñoso Armas llegó a Estados Unidos sin hablar inglés en una etapa donde prevalecía la discriminación racial. Fue víctima de insultos por fanáticos y rivales, se alojó en hoteles diferentes a los jugadores de su equipo y su cuerpo sintió dolores por muchos bolazos intencionales de lanzadores que odiaban a quienes tenían la piel más oscura.
Pero con derroche de calidad, valor y dignidad dentro y fuera del terreno, supo vencer todas las adversidades para ayudar a que las puertas se abrieran para los jugadores de su raza y ganarse el cariño de todos, ubicando su nombre en un lugar especial en la historia del pelotero latino en Grandes Ligas.
Miñoso nació en Perico, Matanzas, el 29 de noviembre de 1925 (según registros de la MLB), pero su verdadero nacimiento fue en 1922. Murió el 1 de marzo del 2015, en el Condado de Cook, Illinois, Chicago.
Su padre Carlos trabajaba en los campos de plantación de azúcar y su madre Cecilia tuvo otros cuatro hijos de un matrimonio previo. Miñoso creció jugando béisbol con dos de sus hermanos, mientras trabajaba cortando caña y marabú para el Central España. Sus primeros pasos los dio con el equipo de este central en el estadio España Park, fundado en 1927.
Al no poder actuar en la Liga Amateur (Unión Atlética) por el color de su piel jugó semiprofesional con los equipos Partagás, Ambrosía y el Cuban Mining de Santiago de Cuba. Luego se trasladó a La Habana a vivir con una de sus hermanas y en busca de abrirse paso en la pelota profesional.
Debutó en la Liga Invernal Cubana en el torneo 1945/46 con los Tigres de Marianao, siendo elegido Novato del Año. Luego ganó dos premios de Jugador Más Valioso (1952/53-1956/57).
En la isla lideró en varias ocasiones en triples, carreras anotadas, robos de bases y promedio de bateo, convirtiéndose por su excelente juego y su explosividad en el pelotero de mayor arraigo popular. En la historia de estos campeonatos terminó con promedio de .280, se estafó 88 bases, fue segundo en carreras anotadas (504), triples (51), jonrones (66), tercero en imparables (839), dobles (125) y carreras impulsadas (393).
El sentimiento del público cubano por este jugador fue tan grande que en la década del cincuenta se popularizó en la isla una canción con un estribillo que decía: “Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila el “Cha, Cha, Cha’’.
En 1953 durante un partido celebrado en el Estadio del Cerro, en La Habana, le conectó un cuadrangular por el bosque central a más de 475 pies del plato al lanzador de los Alacranes del Almendares, el estadounidense Glenn Elliot. Meses después se colocó un cartel por el lugar de la conexión del batazo con una leyenda que decía: “Por aquí pasó Miñoso’’.
Participó en dos Series del Caribe en 1957 y 1958, con Marianao. En ambas, los felinos se llevaron la victoria bajo la dirección de Napoleón Reyes. En 1957, bateó .392 y lideró en carreras impulsadas con siete (igualado con el estadounidense Hal Smith). En 1958, terminó con .318.
Miñoso brilló en la Liga Mexicana de Verano con los Charros de Jalisco donde se le apodo “El Charro Negro’’. También lo hizo con Hermosillo, Mazatlán, Algodoneros Unión Laguna y fue manager de varios equipos.
En una época difícil para que los negros jugaran en Grandes Ligas, al cubano le ofrecieron un jugoso contrato para quedarse en México, pero lo rechazó por su firme decisión de triunfar en Estados Unidos.
Aceptó jugar en las Ligas Negras con los New York Cubans, cuyo propietario era un hijo de cubano, Alex Pompez. En esta pelota finalizó con average de .309 en tres temporadas ayudando a que su equipo ganara en 1947 la Serie Mundial de este torneo al derrotar a los Cleveland Buckeyes. Participó como antesalista en los Juegos de Estrellas de las Ligas Negras en 1947 y 1948.
La barrera racial en Grandes Ligas se rompió en 1947 cuando Jackie Robinson vistió el uniforme de los Dodgers de Brooklyn. Este acontecimiento histórico ayudó a que Miñoso recibiera un contrato en 1948 con los Indios de Cleveland, debutando el 19 de abril de 1949.
Su primer imparable en Grandes Ligas se lo conectó a Alex Kellner en victoria sobre los Atléticos de Filadelfia. Al siguiente día le pegó un jonrón a Jack Kramer en el segundo acto en triunfo sobre los Medias Rojas de Boston. Pero el matancero sólo jugó nueve partidos con Cleveland, a pesar de ser ya un jugador listo para brillar en el mejor campeonato del mundo.
Su ascenso a nivel estelar comenzó en 1951 cuando fue cambiado a los Medias Blancas de Chicago para convertirse en el primer jugador negro de este equipo, pegándole en su primer turno al bate un jonrón a 415 pies en el Comiskey Park al serpentinero de los Yankees de Nueva York, Vic Raschi.
Pero el camino rumbo a la grandeza no le resultó fácil. Algunos peloteros rivales le gritaron insultos y hasta ocurrió que en una ocasión en partido de entrenamiento celebrado en Nueva Orleans le dijeron que por ser negro no podía actuar; y entonces el dirigente Paul Richards salió a su defensa y dijo: “Si Miñoso no juega, el equipo tampoco’’. Y entonces, pudo jugar.
El antillano finalizó su primera campaña con promedio de .326, sumando 10 jonrones, 76 carreras impulsadas, 112 anotadas (segundo), 14 triples (#1) y 31 bases robadas (#1). Terminó segundo en la votación de Mejor Novato detrás de Gil McDougald, de los Yankees, decisión que llevó a una protesta de los Medias Blancas por tener Miñoso mejores estadísticas que el estadounidense.
Su actuación impactó tanto que al cubano se le comenzó a llamar “Mr. White Sox’’. Jugó 12 de sus 17 temporadas en Chicago, bateando con esta novena para .304, con 135 jonrones y 808 remolcadas.
A lo largo de su carrera tuvo promedio de .298, con 186 cuadrangulares, 1,023 remolques, 205 estafas y embasamiento de .389.
Encabezó la Liga Americana en triples y robos de bases en tres ocasiones, dos veces en elevados de sacrificio (1960-61), en 10 en pelotazos recibidos, imparables (1960), dobles (1957), tiempo en bases (1954), total de bases (1954), WAR Jugador (1954) y se ubicó en varias temporadas entre los 10 primeros en otras categorías a la ofensiva.
Miñoso sumó 14 temporadas con más de 149 imparables, liderando en 1960 con 184. En ocho ocasiones finalizó por encima de la marca de los .300, fue golpeado 192 veces por lanzamientos, terminó entre los cuatro primeros por el galardón de Más Valioso (1951-53-54-60), remolcó en cuatro campañas más de 100 carreras, a la defensa ganó tres premios Guantes de Oro como jardinero izquierdo y su WAR Jugador de 50.2 se ubica entre los jugadores del Salón de la Fama.
Actuando en una etapa dominada por unos poderosos Yankees encabezados por Mickey Mantle, Yogi Berra, Phil Rizzuto, Gil McDougald, Joe Collins, Billy Martin, Whitey Ford y Allie Reynold, entre otros; el equipo de Miñoso nunca participó en una Serie Mundial.
Fue seleccionado para nueve Juegos de Estrellas, siendo el primer negro cubano y latinoamericano en hacerlo (1951). Junto a Miñoso participaron en este partido de estelares el torpedero venezolano Alfonso Carrasquel (Medias Blancas) y el lanzador antillano Conrado Marrero (Washington).
El 5 de octubre de 1980 pasó a ser, junto al pitcher Nick Altrock, los únicos en Grandes Ligas en jugar durante cinco décadas diferentes. Actuando como emergente frente al zurdo Frank Tanana en el noveno inning falló en elevado al receptor, y en el siguiente juego dio roletazo a tercera.
El 30 de julio de 1993 teniendo 71 años jugó para el Saint Paul, en las Ligas Menores, siendo retirado en roletazo al lanzador Seo Yoghi, del Thunder Bay.
Por último, el 16 de julio del 2003, con 80 años y con el mismo equipo Saint Paul, se convirtió en el primer jugador en participar durante siete décadas en la pelota organizada y el de mayor edad, recibiendo boleto como designado frente al zurdo Tim Byrdak, de los Railcats.
A Miñoso se le apodó “Minnie, El Cometa Cubano y Mr. White Sox (Señor Medias Blancas)’’. Fue elegido al Salón de la Fama de los Medias Blancas en 1994 y el número nueve que utilizó fue retirado del equipo.
Recibió el premio Jerome Holtzman del Museo del Béisbol de Chicago en 2011, fue electo al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1983 y al Salón de la Fama del Deporte Cubano, en 2003. También pertenece al Salón de la Fama de la Serie del Caribe y de México.
En noviembre del 2014 fue seleccionado al refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano (en la isla) junto a Camilo Pascual, el árbitro Amado Maestri, Conrado Marrero, Esteban Bellán, Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Braudilio Vinent y Antonio Muñoz.
El único galardón soñado que al matancero le faltó en vida fue su elección al Salón de la Fama, en Cooperstown. Injusticia cometida primero por los miembros de la Asociación de Cronistas del Béisbol de Estados Unidos y luego por el Comité de Veteranos.
Aunque aún no haya sido elegido a Cooperstown, su legado seguirá como un símbolo para las presentes y futuras generaciones de negros y latinos en Estados Unidos, pues su hermosa historia representa mucho más que tener una placa en un Museo.
Esperamos que algún día, quizás no tan lejano, el Comité de Veteranos en sección especial haga justicia con este grandioso pelotero cubano para que su nombre esté ubicado en el sitio que merece: el Nicho de los Inmortales del Béibol de Grandes Ligas.