Béisbol

El loanDepot park abre sus puertas de par en par, pero la lluvia y la lesión de Sánchez lo nublan todo

Llegaron los Dodges y con ellos la plena capacidad. Regresaron los Marlins a un estadio sin restricciones, casi en normalidad, de la antigua, de la conocida antes de que la pandemia hiciera estragos y obligara a echar cerrojos en los edificios deportivos.

El loanDepot park se ofreció como antes a los aficionados para presenciar los juegos de béisbol como es debido, o como dirían por ahí, como Dios manda, en ruido y efervescencia, sin separaciones ni mascarillas -opcional su uso, por supuesto- y con ese sentido de comunidad que hacía tiempo no se veía por estos lares donde existía hasta un cuartel de pruebas y vacunas contra el COVID-19.

Pero esa nueva situación se vio opacada por cosas: un torrencial aguacero, subproducto de una tormenta que azota Cuba y que pronto llegaría a la Florida y la noticia de que Sixto Sánchez se perderá el resto de la temporada.

El lanzador dominicano será sometido a una operación artróscopica para repararle un desgarro en una cápsula del hombro derecho, de modo que no estará disponible para lanzar hasta la primavera del 2022, cuando debe estar totalmente recuperado.

Por primera vez en largo rato, el manager Don Mattingly bajó al terreno a encontrarse con los periodistas, reemplazando a las reuniones virtuales de Zoom que sirvieron de mucho para dar a conocer la vida de los peces, pero que jamás suplantaron ese encuentro humano, cara a cara, donde se advierten tantos matices y sutilezas del juego.

Mattingly se mostró feliz de ver a los reporteros que cubren al club, aunque por estos días no haya muchas buenas noticias que reportar por el mal momento que vive su equipo, al borde de una oleada de movimientos si no ocurre un repunte dramático que, a fuer de ser honestos, no se espera.

La gente vino por los Marlins, pero mucho por los Dodgers. Los campeones defensores de la Serie Mundial son como los Yankees de la Liga Nacional, arrastran público, tienen fanáticos en todas partes. Son de los pocos equipos que poseen un imán donde quiera que se encuentren.

La gente vino porque el duelo de pitcheo se antojaba magnífico, entre dos de los mejores lanzadores jóvenes de las Mayores, un Walker Buehler consagrado y un Trevor Rogers todavía fresco y en “shock’’ por su elección al Juego de las Estrellas, uno de los pocos puntos luminosos de esta temporada.

Cuando se marchen los Dodgers y lleguen los Bravos, quizá la afición disminuya y cuando visiten otros clubes de menor calidad, tal vez volvamos a las asistencias anémicas de otros tiempos, sobre todo si los peces continúan en picada, pero ese no es el punto.

Lo destacable es que el parque de La Pequeña Habana abre sus puertas como antes, como siempre debió ser antes de que esta pandemia amenazara con llevárselo todo, hasta con el béisbol. Si vienen más o menos, eso dependerá mucho de cómo jueguen los Marlins. Lo importantes es que puedan venir, los que quieran venir.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de julio de 2021, 4:35 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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