Pelotero cubano vive momento cumbre y ruge con toda potencia en el triunfo de los Tigres ante los Astros
Que día para Andy Ibáñez.
El béisbol ya puede estar listo para llamar Cenicienta a los Tigres. Nadie esperaba lo que sucedió en Houston.
Después de todo eran los Astros, los perennes invitados a octubre, los ganadores recientes de Series Mundiales, la nómina más profunda y talentosa entre ambos clubes.
Pero aquí los sorprendentes Tigres, sin una estrella de magnitud, desamparados por pronósticos y expertos, y ahora vencedores sobre los Astros para avanzar a la Serie de División de la Liga Americana tras imponerse 5-2 en el segundo juego en la Ronda de Comodines, con un batazo decisivo de Ibáñez en un instante crucial para su equipo.
Sin duda alguna, el infielder cubano vivió el gran momento de su carrera cuando en la octava entrada vino a batear como emergente y pegó un imparable que remolcó tres anotaciones y envió una onda expansiva que se sintió en todo el Estado de Texas, pues destrozaba las ilusiones de otra postemporada para los Astros.
El manager Joe Espada, presintiendo el peligro con las bases llenas en el octavo episodio, trajo a Josh Hader, un hombre probado en todo tipo de situaciones, pero Ibáñez entabló una verdadera batalla contra el zurdo antes de soltar un metrallazo a la banda izquierda.
Cuando llegó a segunda el cubano levantó ambos brazos en señal de triunfo, mientras sus compañeros de equipo celebraban en el dugout en espera de consumir una victoria que llegaría un poco más adelante y que enviaría cabizbajos de vuelta a casa a los fanáticos de Houston.
Detrot sabía que estaba obligado a jugar de manera casi perfecta porque en un partido de esos llamados “día de bullpen’’ la dinámica suele ser muy diferente al no contar con un abridor que fije el tono sino con un “opener’’ que da paso a un rosario de relevistas.
Los visitantes planearon con su cuerpo de segunda línea sacar de balance a la potente alineación de los Astros y desde el primer hombre en el box, Tyler Holton, hasta Beau Brieske, estuvieron a punto de conseguirlo, porque su rival se mostraba ansioso en ocasiones y en ningún momento montó una ofensiva de peligro
Hasta que llegó el séptimo y Jacson Jobe permitió que le llenaran las almohadillas sin outs, lo que presagiaba una tormenta que no fue todo lo destructora que se imaginaba, pero que sirvió para darle la delantera por primera vez al equipo de casa en esta serie particular.
En calidad de emergente, Jon Singleton conectó un roletazo que sirvió para anotar la primera carrera en los pies de Víctor Caratini, quien aprovechó un error en tiro para colarse en la goma, antes de que un elevado de sacrificio de José Altuve trajera la segunda de los locales.
La ventaja, sin embargo, duraría bien poco porque los Tigres saldrían en la octava con malas intenciones ante un relevista curtido y confiable como Ryan Pressly, a quien le pegaron un par de indiscutibles ante de que un lanzamiento desviado le permitiera anotar desde tercera a Kerry Carpenter.
Entonces todo quedaría listo para el gran momento de Ibáñez y la Cenicienta saldría de Houston con una historia más que contar.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2024, 5:55 p. m..