Jesús Sánchez lidera un ataque profundo en Tampa y los Marlins respiran con ofensiva desatada
No hay nada más peligroso que un equipo que se cansa de perder. Y este sábado en Tampa, los Marlins decidieron que ya era suficiente. En un duelo que tuvo de todo —remontadas, sustos, batazos y drama—, Miami encontró aire puro en un momento que podía haber sido otro paso hacia el abismo.
Jesús Sánchez fue el corazón, el martillo y el rugido. El jardinero dominicano, que ha pasado por sus propios vaivenes esta temporada, conectó un jonrón de tres carreras en el tercer inning y luego sumó dos impulsadas más con un doble en una entrada que rompió todas las costuras: la quinta. En ese episodio, los Marlins anotaron seis veces y conectaron seis hits, igualando su mejor inning del año.
¿El resultado? Un triunfo 11-10 en 10 entradas ante los Rays de Tampa Bay, que no solo da cifras para la estadística, sino que deja un mensaje de vida en un equipo que había anotado apenas 14 carreras en sus últimos siete juegos. Sí, 14. Como si cada carrera hubiera sido sacada con cucharilla.
Pero esta vez no fue así. Esta vez hubo ruido, hubo velocidad, hubo hambre. Liam Hicks y Dane Myers aportaron con dobles que empujaron carreras, y Xavier Edwards fue puro impacto: par de imparables, dos remolques y una jugada defensiva que salvó el juego en el décimo inning con un tiro perfecto al plato. Luego, en ese mismo capítulo extra, el joven Heriberto Hernández —recién llegado a las Mayores— decidió con un sencillo que impulsó la del gane.
Sin embargo, la alegría vino empañada por un signo de interrogación grande: Ryan Weathers. El zurdo apenas duró tres entradas y salió por precaución tras mostrar una alarmante baja en la velocidad de su recta. Y como si eso no fuera suficiente, antes de lanzar su primer pitcheo del juego, recibió un pelotazo en la cabeza por parte de su propio receptor en el calentamiento. Se mantuvo en el juego brevemente, pero no lucía como él mismo.
Con la salida prematura de Weathers, el bullpen tuvo que arremangarse y resistir la ofensiva de Tampa, que no se quedó tranquila. Tres cuadrangulares en el sexto y séptimo innings pusieron las cosas igualadas a diez. Parecía la misma historia repetida. Pero no. Esta vez, los peces se aferraron con dientes y uñas al momento.
Y ganaron.
Una noche como esta no salva una temporada. Pero tal vez salve el ánimo de un equipo que necesitaba, más que nunca, una chispa que los haga creer de nuevo.