Con nueve temporadas de 30 rescates, el Misil Cubano genera argumentos para el Salón de la Fama
Aroldis Chapman sigue agrandando su leyenda en el béisbol de las Grandes Ligas.
El cerrador escribió otro capítulo dorado al sellar su novena temporada con al menos 30 juegos salvados, tras asegurar la victoria de su equipo frente a los Yankees de Nueva York, curiosamente la misma franquicia donde dejó huella durante años.
Con este registro, el holguinero de 37 años se convierte en apenas el sexto relevista en la historia de MLB que logra semejante consistencia.
El grupo al que se suma no necesita demasiada presentación: Mariano Rivera (15), Trevor Hoffman (14), Lee Smith (10), Joe Nathan (9) y Billy Wagner (9).
Ahora, junto a ellos, aparece el nombre de Chapman (9), el lanzallamas que debutó en 2010 y que aún hoy sigue tirando fuego.
La trascendencia de este logro no es menor. Hablar de 30 rescates en una temporada significa regularidad, dominio y confianza absoluta de los mánagers.
Lograrlo una, dos o tres veces ya es importante, pero hacerlo en nueve campañas diferentes lo coloca en un pedestal reservado para los más grandes de todos los tiempos.
El Misil Cubano, famoso por haber registrado los envíos más veloces de la historia del béisbol, no solo se ha sostenido con el poder de su brazo, sino también con una capacidad de reinventarse frente al paso de los años.
A los 37, cuando muchos relevistas ya han colgado los spikes, Chapman sigue siendo una garantía en la parte más difícil del juego: cerrar partidos.
Además, su trayectoria enriquece la historia del béisbol cubano en las Mayores.
Chapman, con más de 300 salvados en su carrera, ha sido un referente para una generación de peloteros antillanos y una figura que ha puesto en alto a su país en la liga más exigente del mundo.
La comparación con Rivera, Hoffman o Wagner ya no parece descabellada. Su nombre se repite junto al de los más grandes, y cada salvamento lo acerca un poco más a las discusiones de futuros elegidos al Salón de la Fama de Cooperstown.
Chapman ha tenido luces y sombras a lo largo de su carrera, con momentos de gloria y otros de cuestionamiento, pero lo que no se puede negar es la dimensión de su impacto.
Los números hablan por sí solos: nueve temporadas de 30+ salvados son la firma de un pitcher que ha hecho historia.
El tiempo dirá si los votantes lo reconocen en el Olimpo de los inmortales, pero lo que ya es seguro es que Chapman se ha ganado un lugar imborrable entre los grandes cerradores de las Grandes Ligas.