Yamamoto desafía la historia: camina toda la ruta y empata la Serie Mundial para los Dodgers
Cuando Yoshinobu Yamamoto caminó hacia el montículo del Rogers Centre, el ruido era ensordecedor.
La multitud canadiense, todavía eufórica por la paliza del primer juego, esperaba una nueva fiesta azul. Pero el japonés tenía otros planes. Lo que vino después no fue solo una joya de pitcheo: fue una lección de temple, dominio y grandeza en el escenario más exigente del béisbol mundial.
Durante nueve entradas impecables, Yamamoto silenció una ofensiva que 24 horas antes había parecido indomable. Cuatro hits, ninguna base por bolas y ocho ponches fueron su tarjeta de presentación en una victoria sabatina 5-1 que le dio vida a los Dodger y empató la Serie Mundial 2025 a un triunfo por bando.
“Lo que hizo hoy es algo que no se ve más en este tiempo’’, dijo Mookie Betts con una mezcla de asombro y respeto.
“He jugado muchos años y nunca había visto algo así.”
El as japonés ya había deslumbrado en la Serie de Campeonato ante Milwaukee y repitió la hazaña: dos juegos completos consecutivos en postemporada, algo que ningún lanzador lograba desde Curt Schilling en 2001. Desde 1988, cuando Orel Hershiser llevó a los Dodgers al título, ningún abridor del equipo había impuesto tanto respeto.
Una joya forjada a fuego lento
Lo curioso es que la noche no comenzó perfecta. Yamamoto necesitó 23 lanzamientos para escapar del primer inning y ya acumulaba 46 al cierre del tercero. Su control parecía tambalear, su splitter se quedaba alto y la ofensiva local olfateaba sangre. Pero entonces, como si un interruptor se encendiera en su interior, el japonés entró en trance.
A partir del cuarto episodio, fue una sinfonía. Cambios, curvas, cutters, rectas que cortaban el aire y una lectura milimétrica del swing rival. En total, retiró a los últimos 20 bateadores en fila, como si cada uno de ellos estuviera destinado a caer bajo el hechizo de su arsenal.
“Cuando ves eso desde primera base, sabes que estás presenciando algo especial”, confesó Freddie Freeman, quien también aportó con el madero. “Puede lanzar cinco o seis tipos de pitcheos y los coloca donde quiere. Es una locura.”
Del tropiezo al renacimiento
Hace un año, Yamamoto era visto con dudas tras una lesión en el hombro y un inicio turbulento en su primera postemporada. Los Dodgers apostaron fuerte por él, con el contrato más alto en la historia para un abridor, y la recompensa llegó justo cuando más la necesitaban.
En 2025, el nipón ha sido el ancla de una rotación golpeada por las lesiones, acumulando un récord de 12-8 con 2.49 de efectividad y terminando la temporada regular con una racha de dominio absoluto. Su madurez y su serenidad se han convertido en el motor silencioso del clubhouse angelino.
“Antes de la serie me dijo: ‘Perder no es una opción’”, reveló el mánager Dave Roberts. “Y cuando lo vi esta noche, supe que lo decía en serio.”
Un nombre para la eternidad
Desde el montículo, Yamamoto no celebró. No levantó los brazos ni gritó al cielo. Solo bajó la cabeza y respiró hondo, como si entendiera que había tocado la historia, pero que todavía quedaba trabajo por hacer.
En los registros de octubre, su nombre ya se une a los de Sandy Koufax (1965), Orel Hershiser (1988) y Sherry Smith (1920), los únicos en lanzar juegos completos consecutivos de una sola carrera o menos en una misma postemporada.
“Para ser honesto, no sabía nada de esos récords”, confesó después, a través de su intérprete. “Solo sé que di lo mejor de mí, y que hoy nos vamos con una victoria.”
En un béisbol moderno dominado por conteos de lanzamientos y relevistas especializados, Yamamoto recordó al mundo que todavía hay espacio para los artistas del montículo, esos que pueden tomar la pelota y no soltarla hasta que el último out cae en el guante.
Y esa noche, en Toronto, el béisbol volvió a ser poesía.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de octubre de 2025, 1:38 a. m..