La Regadera vuelve a reinar en Miami y guía la paliza de Venezuela sobre Israel en el Clásico
Hay peloteros que simplemente encuentran una conexión especial con ciertas ciudades, y Luis Arráez parece tener un pacto silencioso con el diamante de Miami. Cada vez que regresa, su bate habla con una claridad que emociona a la grada.
La noche del sábado en el loanDepot park fue otra prueba de esa relación. Arráez firmó una actuación brillante de cuatro hits, dos jonrones y cinco carreras impulsadas, liderando la contundente victoria de Venezuela 11-3 sobre Israel en el Clásico Mundial de Béisbol ante miles de aficionados que disfrutaron de una ofensiva desatada.
Para muchos en el sur de la Florida, Arráez no es un visitante cualquiera. Durante su etapa con los Marlins conquistó el respeto de la afición con su arte para batear, y al regresar al estadio donde tantas veces dio cátedra volvió a mostrar por qué es considerado uno de los bateadores de contacto más extraordinarios del béisbol moderno.
Venezuela no tardó en marcar territorio. En el primer inning, Arráez disparó un doble que empujó la primera carrera del juego y luego anotó poco después gracias a un sencillo de Salvador Pérez. El golpe inicial se convirtió en vendaval cuando Eugenio Suárez sacudió un jonrón de dos carreras para colocar el marcador 4-0.
Pero la gran noche del venezolano apenas comenzaba.
En el quinto episodio, Arráez encontró un lanzamiento cómodo y lo envió por encima de la cerca del jardín derecho para ampliar la ventaja. Y un inning más tarde volvió a hacerlo, esta vez con un cuadrangular de tres carreras que prácticamente apagó cualquier intento de reacción israelí y desató la celebración en el dugout vinotinto.
Cuando terminó su jornada, el bateador zurdo había dejado una línea ofensiva de 5-4, cuatro anotadas y cinco impulsadas, una exhibición ofensiva que recordó a todos en Miami por qué su bate tiene fama de ser uno de los más finos y peligrosos del juego.
La ofensiva venezolana acumuló 14 imparables, mientras el abridor Eduardo De Jesús cumplía con autoridad desde el montículo al trabajar cinco entradas con ocho ponches y apenas una carrera permitida.
Israel logró descontar con cuadrangulares de Harrison Bader y Ryan Schreck, pero el daño ya estaba hecho ante un equipo venezolano que mostró músculo ofensivo y mejoró su récord a 2-0 en el torneo.
Y en medio de todo, Arráez volvió a sentirse en casa. Porque en Miami, donde su swing dejó tantos recuerdos recientes, el venezolano sigue bateando como si nunca se hubiera ido.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2026, 10:04 p. m..