Fue un día pésimo para mí. Los Marlins se hunden entre boletos: 11 bases por bolas condenan a Miami
Hay derrotas que se explican solas, sin demasiada necesidad de buscar matices. Esta fue una de ellas. Los Marlins no cayeron el sábado 5-2 ante los Cerveceros por falta de talento, sino por un pecado capital en el béisbol: regalar bases. Y cuando se obsequian 11 boletos en un juego de Grandes Ligas, lo extraño no es perder… sino competir.
Desde el mismo inicio quedó claro que la zona de strike iba a ser un territorio esquivo para el pitcheo de Miami. La estadística final es demoledora: 173 lanzamientos, apenas 94 de ellos buenos. Demasiados conteos largos, demasiados bateadores en circulación sin necesidad de hacer swing. Así es casi imposible construir una victoria.
Y el foco, inevitablemente, apunta a Sandy Alcántara, el as del equipo, el hombre llamado a marcar la diferencia cada vez que sube al montículo. El derecho trabajó cinco entradas, permitió tres carreras y concedió seis bases por bolas, su cifra más alta desde mayo de 2019. Un dato que pesa, porque no se trata de cualquier lanzador, sino del pilar sobre el que gira la rotación.
“Fue un día pésimo para mi’’, expresó el dominicano. “Nadie quiere tener tantos boletos. Tuve un excelente bullpen, pero una vez comenzó el juego no tenía mi mejor comando sobre los envíos que generalmente controlo. Solo queda seguir trabajando para mejorar la próxima apertura’’.
Alcántara nunca encontró ritmo. Apenas colocó 54 strikes en 97 envíos, y aunque limitó el daño en ciertos momentos, terminó pagando caro en el quinto episodio, cuando Brice Turang conectó el cuadrangular que inclinó definitivamente el partido. Fue una salida donde el descontrol fue más determinante que los batazos.
“Esto no es característico de Sandy’’, indicó el manager Clayton McCullough. “Demasiados conteos largos, no poner la bola donde quiere en la zona de strike. El suele trabajar muy bien, pero todos tienen derecho a un día malo en esta pelota’’.
Pero el problema no terminó con el abridor. El relevo tampoco logró enderezar el rumbo. Anthony Bender aportó dos boletos más en apenas dos tercios de inning, y aunque Lake Bachar y John King evitaron que el marcador se ampliara aún más, la constante fue la misma: corredores gratis y presión innecesaria.
Lo más llamativo es que Milwaukee no necesitó ser brillante con el madero. Apenas conectaron seis hits, pero aprovecharon cada grieta que ofreció Miami desde la lomita. Y lo hicieron, además, sin dos de sus piezas más importantes en la alineación, como Christian Yelich y Jackson Chourio. Aun así, les bastó con paciencia en el plato para inclinar la balanza.
Del otro lado, la ofensiva de los Marlins volvió a quedarse corta. Con ocho imparables -dos más que los visitantes- en toda la tarde y dos carreras, una impulsada por Connor Norby y la otra con jugada de selección sobre batazo a tercera de Heriberto Hernández. Hubo escasas oportunidades y nunca se sintió una amenaza sostenida contra el pitcheo rival, encabezado por un sólido Brandon Woodruff.
Así, el juego se convirtió en una cuesta demasiado empinada. Porque cuando no se domina desde el montículo y tampoco se produce con el bate, el margen de error desaparece. Miami dejó a cinco hombres en base, pero nunca encontró el golpe que cambiara la narrativa.
La derrota no solo duele por el resultado inmediato, sino por lo que implica en la serie. Con este revés, los Marlins cedieron el enfrentamiento particular ante Milwaukee y ahora llegan al domingo con la obligación de evitar la barrida en casa.
La pelota, literalmente, quedará en manos de Eury Pérez. El joven derecho tendrá la responsabilidad de frenar la caída y, sobre todo, de devolverle al equipo algo que fue inexistente en esta noche: control, autoridad y la sensación de que el juego no se regala desde la lomita. Porque en Grandes Ligas, y quedó demostrado otra vez, caminar rivales es la forma más rápida de perder.