Reconversión obligada: cubano va de jardinero frustrado a pitcher en debut inminente con los Mellizos
A veces el béisbol no sigue el guion esperado.
A veces lo reescribe. Y en esa categoría entra Kendry Rojas, un joven cubano que está a punto de cumplir un sueño que, en su caso, tomó un camino inesperado.
Este martes podría convertirse en el nuevo rostro de la persistencia cuando vista el uniforme de los Mellizos de Minnesota y dé el salto definitivo a las Grandes Ligas.
Porque Rojas no nació lanzador. Se hizo.
Con apenas 23 años, el zurdo avileño está a las puertas de su debut en Grandes Ligas, pero su historia comienza lejos del montículo.
Llegó a la República Dominicana como jardinero, con el sueño clásico del pelotero cubano: batear, correr, abrirse paso con el madero.
Sin embargo, el béisbol —caprichoso y selectivo— le cerró esa puerta. No logró firmar como jugador de posición.
Y ahí apareció la reinvención.
Convertido en lanzador casi por necesidad y consejos de otros, Rojas encontró una segunda vida dentro del juego.
En el 2019, con apenas 16 años, firmó por $200,000 con la organización de los Azulejos de Toronto. No era el contrato más mediático, pero sí el punto de partida de una transformación que hoy lo tiene a las puertas del Big Show.
Su progreso ha sido constante, silencioso, pero firme.
Este 2026 lo encontró escalando niveles con rapidez: una aparición en Clase A y dos en Triple A, donde no permitió carreras en 7.1 entradas, con siete ponches, cuatro boletos y un WHIP de 1.37.
Números modestos en volumen, pero lo suficientemente sólidos como para llamar la atención de una organización que no suele acelerar procesos.
Y eso le añade valor a su ascenso.
Desde el 2016, los Mellizos solo habían visto debutar a un cubano: el también avileño Yennier Cano.
Ahora, Rojas está listo para romper esa sequía y escribir su propio capítulo en una franquicia que históricamente no ha sido prolífica en talento de la isla.
Cuando suba al montículo —porque todo apunta a que será cuestión de horas— se convertirá en el cubano número 402 en jugar en las Grandes Ligas, y el 182 entre los lanzadores.
Más que una cifra, es un lugar en una historia que sigue creciendo, una lista que incluye leyendas, obreros del juego y ahora también historias de reinvención como la suya.
En 2026, además, sería el primer cubano en debutar en la temporada con Minnesota, el número 21 nacido en la isla en ver acción este año y el décimo entre los pitchers.
Datos que lo ubican en contexto, pero que no alcanzan a definir lo más importante: su camino.
Porque si algo distingue a Rojas es precisamente eso. No es el típico prospecto moldeado desde niño para lanzar. Es el resultado de adaptarse, de aceptar un giro inesperado y convertirlo en oportunidad.
El béisbol le quitó un guante de jardinero… y le puso una bola en la mano.
Y él supo qué hacer con ella.